¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Sábado 17 De Octubre
Si leíste alguna nota mía sabés que me enferma que el país esté en la situación incomprensible en la que está hoy de hambre, miseria, desnutrición, casi analfabetismo y todos los males que todos sabemos. Que no puedo entender cómo pasamos de ser millonarios a pobres. De la cantidad de años que nos llevó y de que no hicimos nada para evitarlo; más bien creo que lo fomentamos o al menos nos quedamos de brazos cruzados mirando cómo nos roban.
Claramente la culpa es de los políticos. Por ladrones o por ineptos.
Pero también nuestra por no ir a votar, por votar “al menos malo” o por hacerlo como si fuera un equipo de fútbol al cual le debemos fidelidad a ultranza. También por no exigir, protestar, demandar y hacer lo necesario para torcer la voluntad usurpadora de “aquellos a quienes les pretamos el poder por un rato”, como dice nuestro Socio Fundador.
Nuestra desidia es un tema que me intriga desde hace rato. Y justo hoy, día en que me puse a buscar seriamente una causa, La Nación publica una nota consultando a los candidatos en estas PASO sobre el momento de quiebre del país.
Lo primero que resulta gracioso es que la gran mayoría son candidatos “de oficio”. Del Caño, Bregman y esa caterva que trabajan de candidatos todo el año y viven de lo que el Estado les paga a los partidos en distintos conceptos. Un curro más que obvio de los políticos unidos; otro más de los tantos que pagamos relegando cosas nuestras y de nuestras familias.
Lo segundo que me causó mucha gracia, por no romper en llanto desconsoladamente, es que salvo dos o tres ninguno sabe nada pero nada de historia argentina. Son tan impunes que ni vergüenza les da. Lejos de importarles. Porque si les importara algo, estudiarían historia. Porque en el pasado está el futuro.
Entre los demás destacan los de dos partidos que no necesito decir cuáles son que explican los males argentinos haciendo política: es decir, echándole la culpa a cualquier cosa foránea menos a quien la tiene realmente. Así aparecen el FMI o “el blindaje de la Rúa” como si nos hubieran dado los préstamos a punta de pistola. En este punto es bueno recordar que estamos atados a préstamos del exterior desde el siglo diecinueve (19 ó XIX). Hacen política y de forma burda, no pensando en responder y sumar sino pensando en ellos y en el voto que pudieran torcer con una respuesta. Son ellos, ellos y después ellos. Entonces hoy vemos políticos millonarios que llegaron a la función pública casi pobres. No como antes, que llegaban ricos. Ni hablar de los sindicalistas cómplices también millonarios.
Los argentinos no éramos sumisos como los esclavos con casa propia que somos ahora. Le hicimos una revolución a un Virrey. Apoyamos varios golpes de estado, tanto militares como los civiles a Alfonsín y De La Rua. Fuimos el caldo de cultivo de los subversivos que pretendieron tomarle el país por la fuerza a un gobierno elegido por voto popular. Ahora somos carneros recién destetados. Arrastrados sin respuesta.
Hasta los ’70 acá se vivía muy bien. Es obvio que no todos; en ningún país todos son ricos y en muy pero muy pocos casi no hay pobres (deberíamos ser uno de ellos). Hasta principios de los ’80 la gente salía de vacaciones en invierno y verano. Y me refiero a la clase media que se rompía el ojete trabajando como ahora. Pero se podía. Inclusive después de “El Rodrigazo” del gobierno de “Isabelita”. El último gobierno militar dejó algo de quilomobo en la economía; ni por asomo lo que vivimos con la hiperinflación de Alfonsín.
Pero fue en los ’90 y con Menem en que la frase “En este país no labura el que no quiere” se fue a la lona. El primer gobierno de “Cálo” fue bueno en un montón de aspectos pero fue el principio del desempleo irrecuperable. En el segundo gobierno del emperador todo se magnificaría. Los hombres sostén de familia perdían sus trabajos y no los recuperaban. Sus hijos los veían todo el día en el sillón del living, desesperados, muertos en vida. Ahí la mujer salió a trabajar en la Argentina. De lo que había. Dos generaciones de enfermos de depresión sin saberlo. Y sin remediarlo. El “no hay futuro” proclamado por la música punk que se corría de los escenarios, vivido en carne propia. Es la generación que hoy tiene unos cuarenta años que aprendió que era lo mismo vivir con esperanza y posibilidad de progreso a que no tenerlas. Hoy tienen hijos que no deben pensar muy distinto. Y no lo es, porque todo empeoró. Ahora los pobres son más pobres y viven rodeados de drogadictos y narcotraficantes. Esto pasa en todo el país; no creas que es solo en Buenos Aires. Por algo el mayor centro de drogas está en el interior.
El primer paso del largo camino de la recomposición es aceptarlo, entenderlo, abrazarlo y reconocerlo. Hasta que no lo reconozcamos nada vaen a cambiar. Sabemos que así no se puede seguir y debemos reconocer que el camino será largo en lo moral e institucional. Somos un país lleno de recursos que pueden poner nuestra economía a florecer en el corto plazo. Pero mientras sigamos aceptando que las facturas de luz sean bajas porque nos conviene individualmente, no vamos a ver que sin electricidad no hay progreso ni inversión. Y sin inversión no hay empleo. Y sin empleo los trabajadores son los que están más jodidos que nadie. Más que los sindicalistas que dicen defender sus derechos y que los políticos que dicen trabajar para ellos. Es solo un ejemplo.
Hagámonos cargo de que votamos mal. Las pruebas están a la vista. Lo ves cada vez que vas al supermercado. Entendamos que tenemos que involucrarnos si queremos cambiar. O vamos a estar peores y nuestros hijos van a vivir en algo similar a Cuba y Venezuela. Después de todo los argentinos nunca le sacamos el cuerpo al sacrificio y siempre le pusimos el pecho a las balas. Es tiempo de volver a eso que nos hizo únicos en el mundo. Lo demás viene solo.
Imagen: Freepik
Fecha de Publicación: 17/08/2023
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