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El santuario de la parrilla.

Si tu sueño es tener tu propio quincho con tu parrilla, tenés aseguradas horas y horas de buenos recuerdos.
Así somos
14 noviembre, 2019

Si hablamos de aspiraciones inmobiliarias, el argentino promedio tiene un anhelo máximo que está por sobre todos los demás: la parrilla. Luego vendrán el jardín, la pileta y la sala de juegos, pero el sueño primario de todos es poder hacer nuestros propios asados en nuestra propia casa. Y, si va a haber una parrilla, vamos a necesitar un entorno que la acompañe. Así, nace la mística del quincho.

El que no lo tiene lo añora y el que lo tiene lo presume. No es necesario que sea una construcción sofisticada ni que esté equipado como una segunda vivienda; con que tenga las comodidades básicas para el asador y una buena mesa donde sentarse a comer alcanza y sobra.

Ni siquiera importa si está un poco desordenado: al contrario, la rusticidad le da un aire más auténtico. Bolsas de carbón, sillas que no se usan, bicicletas y una caja con los cuadernos de la primaria pueden convivir sin problemas con el vacío y la sal parrillera.

Pero el quincho no es solamente un espacio físico; es el marco de las reuniones más recordadas, de los momentos más entrañables. El quincho es sinónimo de familia, de encuentros, de sobremesas interminables, de reuniones de amigos que se extienden hasta la madrugada. Por eso, si tu sueño es tener tu propio quincho, tenés aseguradas horas y horas de buenos recuerdos.

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