Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El que no toma mate

No tomar mate en Argentina es algo raro. Y, ante esa afirmación, viene la pregunta incrédula: “¿No tomás mate?”.

Un día cualquiera, en cualquier rincón de la Argentina, un grupo de gente está reunido por algún motivo y, claro, tomando mate, cuando sucede lo que nadie espera. En el medio de la ronda, le llega el turno a esa persona –que parece muy normal, casi uno más– que, ante el mate que se le ofrece, responde: “Gracias, no tomo mate”.

No tomo mate: tres palabras que el desprevenido pronuncia como quien dice: “no tomo café” o “no me gusta el brócoli”, pero no significan lo mismo. No tomar mate en Argentina es tener algo raro. Y, ante esa afirmación, viene la pregunta incrédula: “¿No tomás mate?”.

El que no toma mate siempre se siente un poquito afuera, como si le faltara algo para pertenecer del todo. Prueba, hace el intento, pero no le gusta. Más de una vez toma mates de compromiso, trata de entender la magia, de descubrir eso que se está perdiendo. Pero nada. No hay caso.

También está el que no toma mate y lo reivindica, como queriendo ser parte de otro club, del de la minoría: los que no toman mate. Ese al que no le molesta no formar parte de la ronda; se prepara un té y se sienta a hablar. Y punto. Los demás lo miran de reojo, pero lo aceptan: después de todo, el que se lo pierde es él.

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