Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El que no corre... vuela

Se dice que los argentinos manejamos mal, existen ciertas conductas que nos son muy propias.

Se dice que los argentinos manejamos mal, que el que no corre... vuela; y puede que sea cierto. Pero, si bien esta es una característica que compartimos con ciudadanos de muchos otros países, sí existen ciertas conductas que nos son muy propias y que, posiblemente, no se repitan en todos lados.

Peaje. En Argentina, las barreras se levantan a bocinazos. Por normativa, el tiempo máximo de espera en un peaje es de tres minutos. Excedido ese lapso, el usuario puede reclamar que lo dejen pasar sin pagar. Sin embargo, eso no sucede en la mayoría de los casos. Y en su lugar, tenemos un festival de bocinas que exigen –sin éxito– el libre tránsito por una autopista o ruta mal administrada. Es decir: no solo esperamos y pagamos, sino que lo hacemos con una banda de sonido para nada agradable.

Ambulancia. Como en todos lados, cuando una ambulancia enciende la sirena siempre tiene prioridad. Ahí sí, no corre... vuela. Y, claro está, los demás vehículos se abren para darle el paso. Pero, una vez que esta halló un hueco por donde acelerar su rumbo, descubrimos que no está sola: detrás de ella van los avivados de siempre. Motos y autos aprovechan que la ambulancia abre paso a una velocidad mayor a la permitida y se adosan a su trayectoria. Bravo, genios.

Una cuestión de tamaño. Al igual que en la selva, en la calle prevalece la supervivencia del más apto: quien tenga el auto más grande tendrá –por algún extraño motivo– mayor relevancia a la hora de realizar ciertas maniobras, rebasar al de adelante o hacerle luces como si la calle fuera suya. Se respeta más al auto grande, como si eso definiera algo. Misma regla aplica también al vehículo más caro.

Como estas hay muchas más: pequeñas desgracias de nuestro manejar cotidiano.

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