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El premio de cada viernes

Para darle el mejor cierre a la semana, tira de asado, chorizos o morcillas; una parrilla improvisada con fierros y ladrillos; y la pericia de un asador experto.

La vida del obrero no es fácil. Por la propia naturaleza de su trabajo, debe pasar largas horas a merced de los caprichos del clima, lo que hace que cada día vuelva a su casa cansado, dolorido y quemado por el sol. Sin embargo, al final de la semana hay una recompensa para esa labor sacrificada: el asado de obra.

Para darle el mejor cierre a la semana, no se necesita mucho: vacío, tira de asado o falda, unos chorizos o morcillas; una parrilla improvisada con fierros y ladrillos; y la pericia del asador experto, capaz de sacar el asado en su punto justo y en el tiempo exacto.

No existe nada más tentador que pasar por una obra en construcción un viernes, un poco antes del mediodía, y sentir el irresistible aroma del almuerzo al que no estamos invitados, aunque nos encantaría. Nadie es ajeno a este ritual tan especial. Por eso, desde el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, decidieron organizar un certamen para elegir el mejor “Asado de obra”.

El concurso, que tuvo lugar a mediados de diciembre, fue organizado por el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte, y tuvo como ganador al equipo de la obra Viaducto San Martín. Pero no solo ellos se llevaron el premio: un jurado integrado por cinco vecinos elegidos por sorteo fue el encargado de degustar los platos y dar su veredicto.

De esta forma, los obreros-parrilleros recibieron su merecido reconocimiento, y los vecinos cumplieron el sueño de participar de uno de los banquetes más deseados por todos los que caminamos por la ciudad.

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