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El perro que se muerde la cola

Tema de la semana: los argentinos y la violencia. Segunda parte

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Seguimos con el tema de esta semana: los argentinos y la violencia (para los que se hayan perdido la primera nota y quieran leerla, pueden hacerlo acá). En esta segunda entrega, la pregunta que nos hacemos es: ¿cuán violento es el Estado argentino? Y escribo Estado y no Gobierno porque creo, y eso lo vamos a analizar ahora, que la violencia es el denominador común de la mayoría de los Gobiernos que tuvimos.

Irse hasta el siglo XIX es un poco peligroso, porque si bien en gran parte del siglo ya existía lo que podríamos llamar una “Nación argentina”, todavía, hasta bien avanzado el 1800, había una especie de guerra civil, donde la violencia, de alguna forma, se “justifica” (ningún proceso independentista es pacífico). A principios del siglo XX, la cosa se complica porque ya no es una facción de argentinos con una idea de país contra otra facción de argentinos con otra idea de país, sino que ya es el Estado copado por la oligarquía (a veces nacional y a veces ni siquiera) contra las clases populares. Podemos empezar por la Semana trágica y ya no paramos hasta 1976: cada máximo 10 años, y por el mismo motivo, alguna masacre hubo. Cuando no bombardeaban la Plaza de Mayo, asesinaban obreros en la Patagonia o los fusilaban en basurales del gran Buenos Aires (“Hay un fusilado que vive” es una frase que no se borra del cerebro una vez leída, si alguien todavía no lo hizo, corra a leer Operación masacre de Walsh, es uno de esos libros de los que se sale con un universo mental más amplio del que se había entrado).

¿Y cómo podría ser de otra manera? El Gobierno (que es la gente que tiene las riendas del Estado) son ciudadanos argentinos. Es decir, nacieron y se educaron con las costumbres y las normas argentinas. Es un perro que se muerde la cola: ¿el Estado es violento y por eso hace violenta a la población? ¿O la población es violenta y cuando llega al poder no puede sino trasladar su violencia a las instituciones? Voy a hacer una comparación un tanto polémica, pero creo que se da un fenómeno muy parecido al de los abusos de menores o la violencia doméstica. La mayoría de las veces, los abusadores y los violentos sufrieron en carne propia abusos y violencia para luego reproducir el ciclo. Romper ese círculo vicioso es muy difícil, pero no imposible. Yo no sé si mi generación va a lograr una Argentina más justa y menos violenta. Pero tengo esperanzas en las que siguen. Claro que la tengo.

Fecha de Publicación: 06/02/2019

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