Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El peligro del fanatismo

No vale decir que no lo vimos venir.

Circula un video por las redes (me encanta el sintagma “las redes” como algo casi abstracto, que prescinde de la gente que de hecho las constituye) en el que se ve una reunión (¿se dirá misa?) de la gente que asiste al templo evangélico de la avenida Corrientes, en la ciudad de Buenos Aires. Si bien es uno de los más conocidos, el movimiento está presente en todo el país desde hace muchos años. Estos pastores en particular tienen origen brasileño, pero no dudo de que debe haber de todas las latitudes y, claro, muchísimos de ellos argentinos. Pero me quiero detener en el detalle de que estos son brasileños, ya van a ver por qué. Decía, circula un video en las redes en el que en el medio de la misa aparece un ejército (es la palabra que usan ellos) autodenominado “Gladiadores del altar”. Este ejército tiene un uniforme (remera verde militar incluida) y entran marchando haciendo ruido con sus tacos, como cualquier desfile que se precie de tal. Por el momento no tienen armas, pero teniendo en cuenta las últimas declaraciones de la ministra de seguridad de la Nación, no sé cuánto tiempo seguirán desarmados. Según la misma organización, el objetivo del ejército religioso es “servir a dios en el altar”, “poner toda tu juventud y tu vida, tu presente y tu futuro a disposición de dios”. La locutora del video motivacional afirma que “ellos renunciarán a muchas cosas para ser preparados por Dios” y cierra con la frase, un tanto apocalíptica, “ellos harán que el infierno tiemble”. ¿Por qué decía lo de la importancia de que esta organización en particular sea brasileña? Porque hace poco, los hermanos latinoamericanos eligieron a un candidato que, de mínima, es un tanto excéntrico, y, sacándome el filtro, es un fascista demente. Y llegó al poder por una combinación que personalmente me aterra: medios de comunicación más fuerzas armadas (él mismo es un integrante en retiro efectivo) y, acá está el detalle, un apoyo importantísimo de los movimientos religiosos. Creo que hay que tener cuidado cuando los fanáticos se multiplican, porque cuando consiguen un número importante son muy difíciles de frenar. Después no vale decir que no lo vimos venir.
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