Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El Mate

El mate se puede tomar amargo, dulce, caliente, tibio y hasta frío (se llama tereré, pero es mate, no me jodan).

El mate se puede tomar amargo, dulce, caliente, tibio y hasta frío (se llama tereré pero es mate, no me jodan). Se le puede agregar cáscara de naranja o de limón, manzanilla, cedrón o cualquier yuyo horrible que encontremos por ahí. Para endulzarlo se le puede poner azúcar, miel y algunos hasta tienen la espantosa idea de ponerle edulcorante (directamente en el agua o sobre la yerba, no importa, siempre una herejía). Y lo loco es que, hagamos lo que hagamos, es feo.

El sabor del mate es feo. No me apedreen en la plaza pública, lo voy a repetir, sin ningún eufemismo: el mate es feo. Tanto o más feo, quizás, que una cerveza bien amarga (que es similar a chupar un chavo helado). O como el fernet que parece un jarabe para la tos de los años 80'. Sin embargo, estas últimas bebidas que también son una maldad para el paladar y el estómago, no son "incuestionables". Vos podés decir que no tomás birra o fernet y ningún argentino te va a mirar raro o te va a empezar a hacer preguntas sobre tus traumas de la infancia. No vas a tener que presentar tu DNI para despejar dudas porque  no van a cuestionar tu argentinidad. ¡Ay! Pero no vayas a decir que sos argentino y no tomás mate porque, repito, es feo pero todos quienes aseguren ser de esta tierra lo consumen. 

La pregunta es por qué

Porque nos encanta hacer algo que no hace nadie más. Sólo a los rioplatenses (y quizás a algún paraguayo) se nos puede haber ocurrido agarrar una planta, cortarla en pedacitos, meterlos adentro de un cuenco (ni mencionemos a los que toman mate en una pezuña de vaca), tirarle a ese menjunje agua caliente y chupar el contenido por un tubito de metal. Solo a nosotros se nos puede ocurrir la pésima idea, contraria a todo lo bromatológicamente recomendable, de compartir esa bombilla como si fuera algo super normal, como si agarraramos el vaso de agua y nos lo pasaramos de una a otro en una reunión. 

Pero, ¿saben qué? Me encanta esta infusión horrible. No me imagino desayunando otra cosa que no sea mate y cuando viene un amigo de visita no se me ocurre ofrecerle otra cosa. Y casi nadie me dice que no (salvo, claro, esos marcianos a los que les tengo que pedir el documento). Porque el mate se comparte. Es de todos y no es de nadie. No es una bebida solitaria: el café es para uno, el té ni hablar. El mate genera rondas, de charla y de amistad. Es de las pocas cosas que todavía nos unen, lo cual es cada vez más necesario. Los dejo, voy a poner la pava. Sin edulcorante, claro. 

¿Cómo curar el mate?

Rating: 5.00/5.