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El día que Los Beatles vinieron a la Argentina

¿Pasó de verdad? Casi. En 1964, Los Beetles vinieron a la Argentina. No eran los originales británicos, pero el furor que causaron hizo ver una necesidad latente en la juventud de la época.

Así somos

Corría el año 1964. La beatlemanía comenzaba a hacer temblar los cimientos de la música (y, por qué no, los de la sociedad) alrededor del mundo, y en Argentina no nos queríamos quedar afuera. Cuenta la leyenda que fue entonces cuando Los Beetles llegaron a nuestro país. No, no leyeron mal: los que tocaron en el Canal 9 de Romay no fueron Los Beatles de Liverpool, fueron Los American Beetles. Pero, como cuando hay hambre no hay pan duro, la visita fue todo un suceso a pesar de que no se tratara de los originales. Hoy queremos contarles esta historia, que en otras latitudes podría resultar disparatada, pero que –tratándose de la Argentina– no parece tan irreal.

Antes que nada, situémonos en tiempo y espacio. Los años 60 fueron tiempos de destapes, de revoluciones, de alteración del status quo en distintos lugares del mundo. En ese contexto, aparecieron Los Beatles (los posta), cuatro chicos ingleses que no solo se destacaban por su música, sino también por su actitud irreverente y sus melenas largas, inconcebibles en un hombre hasta ese entonces. Esa vibra se proyectó desde ellos hacia sus fans, y lo políticamente correcto comenzó a ser dejado de lado lentamente. Chicas aullando desesperadas, multitudes amontonándose para verlos donde sea que fueran. La locura era general y no tardó en cruzar el charco hacia América. Desde arriba hacia abajo, el efecto comenzó a avanzar a lo largo de todo el continente. Ya no había vuelta atrás: los Beatles estaban cambiando el mundo.

En febrero de 1964, Los Beatles (los originales) se presentaron en el Show de Ed Sullivan, en Estados Unidos. En lo que respectaba a la Argentina (y al resto de Sudamérica, para ser justos), la presencia en nuestras tierras de figuras internacionales de esa talla era casi una utopía. Los costos para traer a las grandes estrellas de rock eran muy altos y hubo que esperar un par de décadas más para que las grandes bandas extranjeras comenzaran a llegar: Queen, Amnesty, Sting, The Cure fueron las primeras que aterrizaron en nuestro suelo, pero ya transitando los años 80. Tiempo después, con el bendito 1 a 1, las visitas comenzaron a ser más habituales.

Pero, en los tiempos en los que transcurre nuestra historia, que Los Beatles llegaran a nuestro país era prácticamente imposible. Ahora, si hablamos de Los Beetles, la cosa cambia.

El premio consuelo

Cuando alguien es exitoso, siempre hay otro que quiere sacar provecho de la situación. En este caso, ese otro fue Bob Yorey, el dueño de un club nocturno en la ciudad de Miami, en el que solía presentarse una banda local formada por –justo– cuatro jóvenes. Se llamaban The Ardells, pero Yorey tuvo una idea mejor: a partir del furor generado por la banda británica, les propuso cambiar su nombre. Serían The American Beetles y –como no podía ser de otra manera– su nuevo repertorio estaría compuesto por canciones de Los Beatles. Por supuesto, también imitarían su look y sus melenas largas.

Así los comenzó a anunciar, y los carteles en la puerta de su local atrajeron a un segundo personaje, que también vio la oportunidad de hacer un gran negocio a partir de esa banda tributo. Rodolfo Ducló era un productor de espectáculos que, ni lerdo ni perezoso, creyó que, a falta de Los Beatles, bien recibidos serían Los Beetles en Latinoamérica. Y no se equivocó. Se puso de acuerdo con Yorey y el trato se cerró: la versión americana de la banda inglesa estaba a punto de comenzar su primera gira.

Ducló comenzó a mover sus contactos y a promocionar a la banda en todos los países posibles. ¿Fue un engaño? Depende cómo lo veamos. Quizás el productor nunca aclaró que no se trataba de la banda original (o, tal vez, fue eso lo que prometía), pero los papeles eran claros: los interesados estaban contratando a Los Beetles (así, con dos “e”), no a Los Beatles. De cualquier manera, para cuando la banda estaba por llegar al país, la cuestión estaba blanqueada: ya todos sabían que los americanos no eran los ingleses, pero eso no detuvo el fenómeno que se produciría después.

 

Guardaespaldas de lujo

En la Argentina, el encargado de traer a la banda al país fue ni más ni menos que Alejandro Romay, el dueño de Canal 9. El arribo estaba anunciado para mayo de 1964, pero la gira se retrasó y el empresario, fastidiado, intentó rescindir el contrato por incumplimiento. Entonces, Duclós consiguió otro interesado en presentar a Los Beetles: Goar Mestre, un empresario cubano que, en ese momento, era el propietario de Canal 13. El grupo, entonces, sería artista exclusivo de esa señal. A pesar de lo que más de uno podría haber imaginado, la expectativa por recibir a los músicos, aunque fueran tan solo una banda tributo, fue mucho mayor a la esperada.

Romay entendió que tal vez había tomado la decisión equivocada y reclamó la invalidez del contrato de Mestre, porque él poseía uno firmado previamente. La justicia comenzó a actuar, pero el Zar de la Televisión no tenía tiempo para esperar un dictamen. Fue así como entran en escena los Titanes en el Ring.

Sí. Los Titanes en el Ring. ¿Cuál iba a ser su función en esta historia? Secuestrar a Los Beetles. Romay le pidió un gran favor a Martín Karadagian: que juntara a algunos de sus luchadores y se acercara al aeropuerto a recibir a la banda. Fue así como, entre fans y gritos, los grandotes oficiaron de guardaespaldas y escoltaron a los americanos hacia otro avión, donde Romay los esperaba con champagne. Desde allí, llegaron a un hotel donde permanecerían escondidos hasta el momento de su show en la TV.

Twist and Shout

Y el día llegó finalmente: el 8 de julio de 1964, The American Beetles se presentaron en la pantalla de Canal 9, en el programa El Festival de la Risa. A partir de entonces, lo inexplicable. Los músicos no podían creer lo que estaban viviendo. Muchachas y muchachos gritaban, cantaban y enloquecían con estos cuatro personajes ignotos, que poco se parecían a los originales, pero que representaban lo más cerca que las personas en Argentina podrían estar de conocerlos.

Dicen que la emisión rozó los 50 puntos de rating. Los días siguientes, los músicos vivieron la vida de verdaderos rockstars. Los diarios hablaban de ellos, las chicas se colaban en el hotel Alvear (donde fueron alojados posteriormente) para meterse en sus habitaciones. Tuvieron varias presentaciones más e, incluso, grabaron un disco con cuatro temas que fue un éxito inmediato de ventas.

La actitud del público puede parecer inocente si la miramos desde hoy, pero hubo detrás de ese suceso insólito algo más profundo: las ansias de ser parte. Parte de la revolución, de la rebeldía, de la ruptura, de los cabellos largos, de los gritos.

Los Beatles pueden no haber venido nunca a la Argentina, pero no hay ninguna duda de que el rock llegó. Después de ese momento, comienza una nueva historia.

 

Fecha de Publicación: 23/07/2021

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