Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El Chupacabras

“El chupacabras” un ser mitológico. Chupa cabras o come organos de vacas?

“El chupacabras” es el mejor nombre que escuché en mi vida para un ser mitológico. Tiene por un lado, como comienzo de la nominalización, el verbo que distingue su accionar distintivo (chupar) y luego el objeto directo (para los que decían que la materia Lengua del secundario no sirve para nada: ahí tienen, en una columna pueden decir que saben lo que es un objeto directo), en este caso el animal que “chupa”: cabras. ¿Por qué cabras si cada vez que aparece en los medios sus víctimas son vacas, menos una sola vez, en la que vi un chancho? De hecho, ¿dónde hay cabras en Argentina? En algún punto de la cordillera, pero sospecho que no deben ser muchas. ¿A quién se le ocurrió decirle “chupacabras”? Igual, dios bendiga a ese hombre, no podría haber inventado un nombre mejor. Parece un chiste, ¿no? Me hace acordar a “espantasuegras”, otro apelativo directamente genial.

Por otro lado, y esto hasta quizás sea una característica aún más argentina que la anterior, me maravilla que no se ponga en duda su existencia. Y en este aspecto me parece que estamos un paso más adelante que el resto de la humanidad: así como del Yeti o del monstruo del lago Ness casi no hay fotos (y las que hay están tomadas de lejos, no se puede distinguir nada más allá de alguna silueta poco clara), y precisamente en este punto radica la fuerza de su imagen, en que nadie pudo, nunca, documentar su existencia, que se expande con el halo siniestro del rumor, del chupacabras tenemos mil fotos, eso sí, todas mostrando bichos distintos, la mayoría espantosos pero con pinta bastante inofensiva (como especies de ratas grandotas, de comadrejas venidas a menos, de zarigüeyas en proceso de jubilación). Y en eso, insisto, los argentinos nos distinguimos: si vamos a tenerle miedo a algo, temámosle por fiero, por horrible, y no por malo. La verdad, no sé si el chupacabras se comerá los órganos de los animales, pero que no me mire fijo. Porque entre el asco y la risa que me va a dar, creo que me agarra un patatús.

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