Ser Argentino. Todo sobre Argentina

El Chino, El Negro y El Tano

Apodos relacionados con la nacionalidad, por un lado, y con características físicas, por el otro.

El chino, el negro, el tano, el gordo, el ruso, el gallego, el turco, el pelado. Seguro que todos conocemos a alguien –o a varias personas– con algunos de esos apodos. Apodos relacionados con la nacionalidad, por un lado, y con características físicas, por el otro. Pero, en la mayoría de los casos, el chino no es de China, el tano no es italiano y el gordo, tal vez, ni siquiera sea tan gordo.

A partir de la ocurrencia de algún amigo o colega, se asocia una característica de la persona con el sobrenombre, y el bautismo queda marcado a fuego. La creatividad popular da lugar a un sinfín de apodos que tienen más que ver con la anécdota que con la realidad.

¿Pero a qué se debe esa particularidad tan argentina? Como todo, el fenómeno se remonta a las épocas de la inmigración, cuando los tanos, los gallegos y los rusos realmente lo eran. En ese entonces, el apodo era más un modo de señalarlos, de mostrarlos distintos, que una demostración de camaradería.

Sin embargo, hoy ni el gordo, ni el ruso, ni el turco se sienten discriminados por los motes que les fueron asignados. Lo que en otro país podría considerarse un acto de xenofobia o racismo, en Argentina, se convierte en un sobrenombre cariñoso.

De esta manera, con el tiempo, esos términos que en un comienzo fueron despectivos se reinventaron, y el país se fue poblando de falsos chinos, tanos y rusos. Una mezcla de mofa, ingenio y reivindicación de quienes, en algún momento, tuvieron que adaptarse a esta tierra lejana.

Un detalle no menor...

Otro aspecto que podemos reflexionar sobre los apodos basados en nacionalidades y aspecto físico es que, sobre todo estos últimos, se aplican más que nada a hombres y no tanto a mujeres. 

En general, un hombre puede apodarse "pelado" o "gordo" y que, como decíamos antes, a nadie le resulta insultante. Pero, ¿a cuántas mujeres conocés que se le diga gorda o pelada de forma cariñosa?. Me atrevo a decir que a ninguna. Y, lejos de pretender dar una respuesta cerrada (porque no existen para estos temas), me inclino a pensar que la respuesta está en el plano cultural. Un hombre pelado o gordo, si bien puede sentirse discriminado en algunos ámbitos porque la presión sobre los cuerpos está en todas partes, no sentir un tedio cotidiano por sus características. No hay una sociedad entera señalándolo con el dedo indicándole que debería ser de otra manera.

No es igual con las mujeres. La exigencia por tener determinadas características físicas es mucho más marcada para las mujeres que para los hombres en nuestra sociedad. ¿Cómo se la va a llamar cariñosamente "la gorda" a una mujer si es, a grandes rasgos, lo peor que pueden decirles?. ¿Cómo vamos a decir "chau, me voy a lo de la pelada", si tener el pelo largo (y, si se puede, lacio) es una de las características que debemos perseguir?.  Hoy en día, no les aplicamos estos apodos a las mujeres porque aún no estamos listos para comprender la opresión que se mantiene sobre sus cuerpos y hacer algo al respecto. Esa opresión se ve en todos lados: hogares, grupos de amigos, entrevistas de trabajo, evetos familiares, marcas de ropa, publicidad, medios masivos de comunicación, y la lista continúa infinitamente. La injusticia está ante nuestros ojos por más que querramos mirar para otro lado. 

Ojalá, al igual que pasó con los inmigrantes en otros tiempos, en el futuro nos permitamos nombrarnos con estos apodos tanto a hombres como a mujeres porque significaría que la sociedad entendió que ser gorda, pelada o bajita no es algo negativo. 

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