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El Calafate tiene ese qué sé yo

Los calafatenses tienen siempre la camiseta puesta. Y es que El Calafate tiene ese qué sé yo, que te invita a quedarte o volver pronto.

Así somos
Calafate

Un rasgo característico de los calafatenses es que se sienten orgullosos de su ciudad. Originalmente muchos fueron de visita y por alguna razón decidieron quedarse. El Calafate es una bella y pujante ciudad turística, ubicada a 316 km de Río Gallegos. Su nombre proviene de un pequeño arbusto típico del sur de la Patagonia. Este místico fruto es una baya muy apetecible en la preparación de dulces. Según la tradición, quien come calafate alguna vez regresará por más. Naturalmente, nadie puede tomar en serio una leyenda hoy día. Sin embargo, ¿por qué los calafatenses están tan enamorados de su ciudad? ¿Es el paisaje o la economía? ¿Habrán probado el fruto? ¿Qué hace que las personas que visitan El Calafate quieran volver una vez más? 

Una leyenda Tehuelche

Se dice que, cierta vez, Koonex, la anciana curandera de una tribu de tehuelches, no podía caminar más. Sus viejas y cansadas piernas estaban agotadas, pero la marcha no se podía detener. Entonces, Koonex comprendió la ley natural de cumplir con el destino. Las mujeres de la tribu confeccionaron un toldo con pieles de guanaco y se despidieron de la anciana con el canto de la familia. Koonex quedaba sola para morir. Pasaron muchos soles y muchas lunas, hasta la llegada de la primavera. Entonces nacieron los brotes, arribaron las golondrinas, los chorlos, los alegres chingolos, las charlatanas cotorras. Volvía la vida.

Sobre los cueros del toldo de Koonex, se posó una bandada de avecillas cantando alegremente. La anciana las reprendió por haberla dejado sola durante el largo y riguroso invierno. Pero las aves respondieron que la habían abandonado debido a la falta de alimento y abrigo durante el invierno. Koonex comprendió y dijo: “A partir de hoy tendrán alimento y buen abrigo en invierno, ya nunca me quedaré sola”. La anciana se convirtió en un hermoso arbusto espinoso, con frutos de color azul morado de exquisito sabor. Desde aquel día, algunas aves no emigraron más. Los tehuelches también lo probaron, y lo adoptaron para siempre. Desparramaron las semillas y, a partir de entonces, se dice que “el que come calafate, siempre vuelve.”

Orgullosos de su ciudad

Lamentablemente no existen estudios que determinen la cantidad de calafatenses que probaron el famoso fruto. Tampoco se sabe cuál es el porcentaje de ellos que lo consumieron y se quedaron en el lugar. De lo que si hay estudios es sobre la calidad de vida en la ciudad. Un estudio del CONICET, que investigó las regiones del país con mejor calidad de vida, dio un resultado revelador. El Calafate se encuentra dentro de las zonas del país con mejor calidad de vida. Entonces... ¿es eso? ¿Los calafatenses son orgullosos de su buena vida? Tal vez es un poco de cada cosa. Hay algo en el aire de El Calafate que invita a volver, a quedarse. Es el aire, sus bellísimos paisajes, la gente y la calidad de vida. O tal vez es esa anciana tehuelche que no quería quedarse sola.

Fecha de Publicación: 07/12/2021

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