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Dar de comer a las palomas

Pese a cierta mala prensa que tienen estos animalitos, todo santafesino fue a la plaza de las palomas en su infancia o a llevar niños de hoy.

El palomar de la plaza Colón es más conocido, en Santa Fe, como la plaza de las palomas. Fue inaugurado en los cuarenta, con 50 aves. Llegaron a pasar las mil. Hoy son varios centenares.

 

Las palomas tienen mala prensa. Hay que decirlo. Pero, más que a cuestiones sanitarias, el malestar que muchas personas tienen con estos bichitos responde a su desmedida proliferación, lo que ocasiona deterioro en edificios públicos y en carrocerías de autos. El estado municipal tomó cartas en el asunto hace tiempo y ciertos controles de natalidad están dando resultados que, lógicamente, tienen plazos largos.

 

Sean pocas o muchas, arruinen edificios o no, el santafesino nunca dejó de visitar las palomas de la Plaza Colón. Es una verdadera costumbre local llevar a los niños a darles de comer, lo que genera esas fotos que quedan en el recuerdo. Los fines de semana la concurrencia de gente es muy alta. Muchos llegan en colectivo, aprovechando que el Palomar está ubicado a dos cuadras de peatonal San Martín y sus esquinas son parada de muchas líneas. Para quienes salen a caminar, resulta un paseo totalmente integrado a las rutinas pedestres.

 

Las palomas son totalmente tranquilas y están habituadas al contacto con la gente. Sobre todo, claro está, si quien las visita piensa regalarles el alpiste que allí mismo se vende.

 

En otros tiempos, la plaza tenía otra atracción: un inmenso piletón de ladrillos vistos con una pintura gigante del mapa de nuestra provincia, con su división política, o sea, sus 19 departamentos. En sus aguas, nadaban coloridos peces que despertaban la curiosidad de los más pequeños. ¡El piletón sigue estando! Lo que no hay más son pececitos.

 

A veces deteriorada, a veces embellecida, según la voluntad política de turno, la plaza de las palomas es tradición en Santa Fe.

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