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D10s, entre el cielo y el infierno

A pocos días de la muerte de Maradona, nos preguntamos a dónde va Dios cuando todavía no lo llaman...

Así somos
murió Diego Maradona

Entre el amor y el odio se construyó esta figura magnífica que nos representa y nos regaló las mejores alegrías. Entre el amor y el odio, lo despedimos sin entender bien de qué se trata este sentimiento. ¿Nostalgia, pasión, locura? Dolor. 

A pocos días de su muerte, esta herida sangra fuerte. Se fue un humano de accionares cuestionables, un jugador de características inigualables, un héroe mítico que está entre el cielo y el infierno por haber representado a todo un pueblo. Por haber mostrado todas las virtudes y todos los defectos, de la manera más auténtica. 

La contradicción de creer en Dios

Maradona es pueblo, es bandera, es lucha y contradicción. Representa nuestra argentinidad al palo, con lo bueno y lo malo. Es la mano de Dios, es el grito desgarrador de un gol que nos regaló más de un suspiro de alegría y emoción. Diego es canción, poesía, estrategia, carisma y pasión. Y digo “es”, en presente, porque su potencia seguirá latente. Porque los dones divinos que le atribuimos le entregaron el poder de la eternidad. Porque seguirá vivo en cada mural de barrio, en las pieles de sus fieles seguidores, en los jugadores que lo tienen como guía, en la esperanza de salir adelante de cada niño de la villa. 

Más allá de la muerte

A Diego lo mataron muchas veces, y lo revivieron también. Él, indiferente a lo que dijera la gente, siguió haciendo de las suyas. Este hecho, su despedida, nos pone a todos a revisar idolatrías. A cuestionar lo establecido, a señalar con el dedo qué es y qué no fue este ícono argentino.  En pleno duelo nacional, también hubo quienes repudiaron las lágrimas de todo un pueblo. Por no ser suficientes, por llorar a quien no lo merece, por idolatrar a un genio con miles de defectos. Es que fue tan idealizado, tan cerca de la perfección por el regalo de su juego y su ambición por la pelota, que bajarlo a tierra nos costó. 

Hoy el pueblo argentino llora a un ser que nos acercó a lo divino. A través de este jugador, Dios nos eligió, se calzó la celeste y blanca y vengó los vestigios de una guerra insensata. Nos devolvió la fe. Entre la idolatría y la defenestración se fue este campeón, goleador, campeador, mediático y polémico hombre que le enseñó al mundo qué es Ser Argentino. 

La figura del Diego se erige en el marco de un sistema en el que el fútbol importa mucho más que el hambre de cualquier persona. En un mundo donde un gol se grita más que una ley que nos acerque a la dignidad. Pero… ¿qué culpa tiene Dios? Maradona se ganó el puesto de mejor jugador del mundo, título que le queda chico, y con este tuvo la impunidad que cualquier hijo de político tiene. Lo bueno es que lo usó para enfrentar poderes económicos y políticos reales. Lo malo es que, con su fuerza, también violentó a muchas mujeres. 

Durante su vida, nos regaló este habitar la contradicción. Este personaje y su muerte hacen que surja, reviva y se haga latente el viejo dilema de separar o no la obra del artista. Desde muchas ramas del feminismo, las lecturas sobre la muerte de Diego y su repercusión son negativas. Porque este jugador no solo fue Dios, también fue padre ausente,  golpeador,  abusador y vivió su vida entre el cielo y el infierno. Como feminista, su muerte me duele, no por ser maltratador, sino por ser villero. Por hacerse camino entre los poderosos y despertar admiración entre los más codiciosos. Por inspirar a artistas y llegar más allá de la mismísima cima.

Diego dual Maradona

“Diego Armando Maradona es Fiorito y es Dubai” es la representación de toda lucha popular y un desafío al paradigma feminista. Es la humildad de haber nacido en la villa y la soberbia de ganarse el mundo con su gambeta. Es el pibe de barrio que cuida a sus hermanos, el hijo que hace los mandados y el hombre adulto que ejerce una paternidad ausente. 

Es la contrariedad de ser un ser humano de piel y hueso con los atributos de un dios griego. Es, a la vez, el orgullo y el dolor de todo un pueblo. Diego, en su muerte, nos regaló otra contradicción. Se fue un 25 de noviembre, el Día de la lucha en contra de la Violencia de Género. 

En el cielo, o en el infierno, en el corazón de cada argento. Hasta siempre, Diego.

Fecha de Publicación: 30/11/2020

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