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Cómo pedir una pizza en Argentina

Levantar el teléfono para pedir una pizza puede parecer una de las cosas más simples. Pero, en Argentina, esa conversación tiene muchos más componentes de los que se podría esperar. ¿Sabés cómo se pide una pizza en nuestro país?

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Tardó 30 segundos como mucho. Entre que lo atendieron, hizo el pedido y cortó. Como no entiendo croata, supuse que le habían dicho que el local estaba cerrado o que por algún otro motivo no podrían traernos la pizza esa noche. Pero no: 30 segundos fue lo que tardó en pedir dos tipos de pizza diferentes. Con dirección y todo. Yo no lo podía creer y él no entendía qué me parecía tan raro. Si le había dicho lo que necesitaba y le había dado la dirección, ¿qué más tenía que hablar? Entonces le expliqué cómo se pide una pizza en Argentina.

Lo primero –y lo más difícil– es que te atiendan. Puede que sean necesarios varios intentos antes de escuchar la voz del otro lado de la línea, respondiendo abrumada. A veces la voz aparece luego de unos pocos tonos de llamada, pero solo escuchamos un “pizzaríasarasaunminutoporfavor”, dicho así, de corrido y rapidito. A eso le siguen algunos minutos en los que el teléfono queda descolgado en el mostrador de la pizzería y nosotros, escuchando el sonido ambiente del local, siempre agitado, en el que se adivinan maestros pizzeros, ayudantes, motoqueros y clientes que prefieren retirar el pedido en persona.

Cuando por fin logramos la atención de la persona encargada de tomar nuestro pedido (y de que nuestra cena empiece a tomar forma), generalmente tenemos del otro lado a alguien que quiere terminar ese trámite pronto, pero sin saltarse ningún dato importante. Es decir, pronto para Argentina. Para Croacia sería una eternidad, por lo que acabo de descubrir.

Después de un “decime”, detrás del que se vislumbra una birome atenta para tomar nota, comenzamos con el recitado. No importa si es solo una grande de muzza o tres docenas de empanadas de los gustos más variados; el pedido se repite a medida que se va diciendo. Sin ese eco del otro lado de la línea, pronunciando nuevamente lo que acabamos de decir, pensaríamos que la llamada se cortó o que no nos están prestando atención (porque es también bastante habitual que nuestro interlocutor comience una conversación paralela con alguien a quien tiene cerca, mientras nosotros estamos en lo más importante de nuestro pedido).

 

—Seis de carne —decimos.

—Seis de carne —nos repiten.

—Seis de jamón y queso.

—Seis de jamón y queso.

—Tres de capresse.

—Tres de capresse.

—Dos de queso y cebolla.

—Dos de queso y cebolla.

—Y una de humita.

—Y una de humita. ¿Algo más?

—Una grande de morrones.

—¿Con jamón o sin jamón?

—Sin jamón.

—Una grande de morrones sin jamón. ¿Algo más?

—No, nada más.

 

Ese es solo el inicio de una conversación que se hace desear, pero se disfruta cuando llega. Cuando el pedido de la comida está completo, sin embargo, todavía falta cerrar algunos detalles. Uno muy importante: la dirección. Y el eco regresa:

 

—Rodríguez Peña —empezamos a dictar.

—Rodríguez Peña —nos repite el eco, mientras anota.

—Dos tres cero.

—Dos tres cero. ¿Casa o departamento?

—Casa.

 

¿Eso es todo? ¿Necesita algún dato más? Claro que necesita algún dato más, y nosotros también. Una vez que nos pusimos de acuerdo en la comida y la dirección, faltan dos factores fundamentales para completar el pedido: el tiempo y el dinero. “¿En cuánto está?”, es una pregunta que todos hacemos. La respuesta, en general, termina siendo una mentira. Los 30 minutos se convierten en 50 y los 50, en hora y media. Pero igual elegimos creer, siempre. A la mentira piadosa le sigue un intercambio que, aparentemente, no sucede en todo el mundo.

“Son 875, ¿con cuánto vas a pagar?”. Con cuánto vas a pagar, nos preguntan. Y nosotros –que a veces no tenemos tan presente el recuento del cambio que quedó en la billetera– necesitamos salir corriendo a mirar el tamaño de nuestros billetes, para dar una respuesta certera y que el delivery pueda llegar –30, 50 o 90 minutos después– con el cambio exacto y, por fin, con nuestra cena.

 

Imagen: Freejpg

Fecha de Publicación: 18/09/2021

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