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Ciclotimia

Los porteños viven pendientes del pronóstico y el clima siempre es tema de conversación.

Nos levantamos a la mañana y miramos el pronóstico para el día. A mitad de semana, miramos el pronóstico para el finde. Nos vamos de vacaciones y, claro, miramos el pronóstico. Cuando nos cruzamos con alguien, en el 90 % de los casos, el primer comentario tiene que ver con el clima: “¡qué calor!”, “¡qué frío!”, “en cualquier momento se larga, eh”, “dicen que mañana llueve”, “¡qué hermoso día!”, y todas sus variantes.

Los porteños viven pendientes del pronóstico y el clima siempre es tema de conversación. Esto se debe a que están acostumbrados a la ciclotimia del tiempo, a vestirse como cebollas y volver a casa con pilas de ropa en la mano, o a salir livianitos por la mañana y regresar congelados por la noche. Vestirse como el día anterior nunca es garantía de llevar el atuendo adecuado.

Aunque sabemos que nunca tienen la última palabra, confiamos en las predicciones como si fueran matemáticas. Somos, incluso, capaces de mirar con varias semanas de anticipación cómo estará el clima cuando tenemos un evento importante. Y nos indignamos cuando falla: no decía que hoy iba a llover.

Al fin y al cabo, el clima es un poco como el habitante de Buenos Aires: fluctuante, impredecible y complejo; casi tanto que podría decirse que tenemos el clima que nos merecemos.

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