Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Calcomanías en lunetas y paragolpes de autos

El tipo va y le pega al 0 km la calcomanía de River, la del museo de Mar del Plata y la de la manzanita mordida.

Cómo nos gusta arruinar cosas que son perfectas… ¡Si así estaba bien! Hay una cantidad enorme de ingenieros automotrices y artistas del color que trabajan durante años para que tanto el acabado de la pintura como la forma de la pieza sean inmejorables, pero el tipo igual va y le pega al cero kilómetro la calcomanía de River, la del museo de Mar del Plata y, ya que está, la de la manzanita mordida (la mayoría de las veces, trucha: sólo compró la calcomanía, ni el teléfono ni la computadora). Por último, agrega una silueta por cada integrante de la familia, incluido el perro, el canario y los 4 pececitos, aunque a la semana ya hayan muerto dos (con los peces no conviene encariñarse, mucho menos pegar calcomanías en el auto).

Pero a la larga, lo que me parece, y acá creo que estoy pensando más en el porteño que en el argentino, es que nos encanta dejar nuestra marca, porque estamos convencidos de que las cosas que no son nuestras sí lo son, y con las que efectivamente nos pertenecen no nos alcanza que lo sean así, normales, comunes, iguales a las del vecino. Por eso escribimos nuestro nombre en las piedras, el de nuestra novia en el cemento fresco y tallamos el de ambos en la corteza de los árboles. Quizás sepamos, tengamos más claro de lo que parece, o por lo menos más claro que los que no ensucian y arruinan todo lo que se cruzan, que nos vamos a morir. Y por eso queremos dejar algo que nos sobreviva. Aunque sea feo. Porque es nuestro. ¿Y quién nos quita lo arruinado?

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