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Amábamos tanto al parripollo

Apogeo y debacle de grandes negocios argentinos. Un tobogán de recuerdos y fracasos con Bob Ventura.

Así somos
parripollo

Hay cosas que solo pueden explicarse a través de nuestra desmedida pasión. La pasión es la victoria del deseo por sobre cualquier razón. Y en eso de no pensar los argentinos hacemos podio mundial. Imagino que compartido con los italianos, lo que no es casualidad si más de un cuarenta por ciento de nosotros es descendiente tano. Y con los griegos, que dicen que son tan carnales como los que más. Ojo que no denosto a la pasión. Me parece un motor excelente para todo lo positivo de la vida. Pero yo creo que es el iniciador y que el raciocinio es el que nos lleva a buen puerto. Motor y volante de un auto, diría.

No encuentro mayor justificación que la falta de raciocinio y la ceguera que produce la pasión para la aparición de algunos negocios en nuestro país.

Los Sea Monkeys

Ese es el primero que recuerdo. Un furor que ni te la explico. Te vendían un sobrecito como esos en que venden juguitos hoy. Adentro venía un polvo igual, pero mucho menos. Lo ponías en una dosis de agua y al sol en un recipiente transparente y cerrado y a los quince días tenías vida. Algunos alucinaban que eran como unos monitos ultradiminutos. Había que mirarlos al microscopio para verlos. Obvio que nada sucedía en el noventa por ciento de los casos. Las intrucciones no eran científicamente dadas sino más bien sospechosamente vagas. Los pocos que de verdad lograron crear vida en sus recipientes se encontraron con simples bacterias tipo hongos que reaccionaban a la luz. Microbios. Los que no tuvimos esa suerte debimos desistir de seguir probando porque el experimento era carísimo. Una pseudo estafa millonaria en la que caímos como giles (mientras nazcan argentinos nacerán boludos decía el sabio de Facundo Cabral). Alguien se hizo millonario a costa de ellos. Fulminante y efímero. Muy argento.

El Paddle

Alguien trajo a la Argentina el Paddle allá por los ochentas. Yo había abandonado el tennis por primera vez y alguien me invitó a jugar. Y remarco la palabra "jugar" porque siempre dije que el tennis es un deporte y el paddle un juego. Es mil veces más divertido que el tenis y eso que el tenis es uno de mis deportes preferidos para jugar y ver.

Enseguida el Paddle local estalló. Y era lógico. Es más fácil para arrancar o divertirte si no sos tan bueno al tenis. No es tan técnico para ese mismo jugador no tan técnico. Claro: jugarlo bien no es tan fácil. Las paredes salvan cuando el nivel no es muy bueno pero complican cuando lo es.

Así la Argentina dio grandes jugadores como Robby Gatikker y Alejandro Lasaigues que fueron campeones mundiales dos veces. Marcelo Cubas, número tres del mundo. Gustavo Maquirriain y Javier Maquirriain, dos monstruos también multicampeones. A Javier tuve el honor de conocerlo personalmente. Es el padre de una compañera y un compañero de colegio de mis hijos, además de otros tres chicos más. Gente maravillosa en todo sentido. Javier se fue de este mundo en 2018 y es de esas pocas personas que aunque lejos de ser amigos sentí mucho su partida. Se queda cada hijo de puta y se va esta clase de tipos geniales...

El deporte parecía no tener techo y creo que eso fue lo que lo mató. Aparecieron canchas por todos lados. Miles. Y no daba para tanto, al menos todavía. Encima, como es divertido y cualquiera lo puede practicar empezaron a aparecer las lesiones. Las de rodilla por el piso duro de cemento fueron las más comunes entre la gente mayor, que fue la primera en desistir. Alguno se pegó contra una pared y se abrió un poco. O se ligó un paletazo del compañero espástico y poco experimentado... Enseguida se corrió la bola y fue la gota que rebasó el vaso para que el negocio muriera también fulminantemente. Lo más loco es que ahora hay un tenue resurgimiento. ¡Cuidado inversor alocado!

El parripollo

El misterio del parripollo... Si lo mirás racionalmente, lo analizás mejor dicho, ¿qué puede fallar? Argentina, parrilla, pollo. Dos más dos, cuatro. Bueno: éste dio menos diez. Quizá porque por cada cancha de paddle muerta nació un parripollo. Nunca lo sabré.

El pollo es económico. A la parrilla le gusta a casi todo el mundo. Si es de campo y no está anabolizado en un criadero hasta es más sano que la carne de vaca. Te lo vendían con papas fritas; nada raro. Una combinación normal y aceptada. Te lo mandaban a tu casa porque el delivery ya existía. Algo falló camino al Cielo y no se qué fue. Pero quedan el diez por ciento de los que había y les tuvieron que meter asado y ensaladas.

Seguramente hubo más negocios que parecían fantásticos y quizá lo fueron por un lapso breve. Creo que estos son los más emblemáticos. 

Mezcla del típico emprendedurismo argentino devenido de nuestros abuelos con el típico apasionamiento irracional que tenemos. Una mezcla muy peligrosa, como habrás observado. Que más bien parecería que hay que evitar.

Fecha de Publicación: 26/11/2023

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