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Alegría en cucurucho

Elegir los sabores y recibir un cucurucho de helado que se elevaba hasta el cielo era simplemente mágico.
Así somos
| 19 abril, 2018 |

Una nochecita de calor, bajo una lluvia que empezaba a caer tímidamente, nos metimos corriendo en una heladería de Bilbao, en el País Vasco. Ya estaban por cerrar, pero nos reconocieron argentinos y nos abrieron. Al ver la carta de sabores, para nuestra sorpresa, tenían dulce de leche. Ante nuestra consulta, el heladero nos comentó que habían tenido que incorporar ese gusto debido a los insistentes pedidos de los argentinos (residentes y turistas) que lo reclamaban diariamente.

Por herencia italiana, para nosotros el helado es parte de nuestra cultura. En verano sobre todo, pero no solamente. Todos tenemos nuestra heladería favorita, la que seguimos visitando a lo largo de los años. Probamos nuevos gustos, pero siempre volvemos a los tradicionales, con el dulce de leche a la cabeza, claro.

Nuestra tradición heladera, por supuesto, no pasa desapercibida: una heladería porteña fue recientemente incluida en el Top 10 de las mejores casas de helados del mundo. Se trata de Cadore, un clásico local de la avenida Corrientes, que lleva el nombre del pueblo originario de su fundador: como no podía ser de otra manera, un inmigrante italiano.

Pocos momentos de nuestra niñez eran tan felices como cuando nos llevaban a tomar un helado en alguna tarde de verano. Elegir los sabores y recibir un cucurucho que se elevaba hasta el cielo era simplemente mágico. Y ese sentimiento de felicidad plena se traslada a nuestra vida adulta cada vez que transitamos por esa misma escena. Un pequeño recreo, un heladito al paso, y tu día cambia por completo.

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