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Agustín, un ejemplo de honestidad

Que los valores se enseñan en casa, al final, es cierto.

Que los valores se enseñan en casa, al final, es cierto. Si no, conozcamos la historia de Agustín Bautista, un chico de 9 años de la localidad cordobesa de La Carlota, que proviene de una familia humilde pero tiene las ideas muy claras.

Agustín encontró una billetera con 25 mil pesos en la calle y no lo dudó: “Esto no es nuestro y hay que devolverlo”, les dijo a sus papás al llegar a su casa con el dinero en la mochila del colegio. Entonces comenzaron a buscar al dueño, un vecino de la zona al que reconocieron por el DNI que estaba dentro de la billetera. Ese era el sueldo completo con el que el hombre contaba para llegar a fin de mes. “Agustín me salvó la vida”, aseguró el vecino en una entrevista que se televisó a través de un programa cordobés, días después.

Gracias a este hermoso gesto, Agus tuvo una recompensa merecida: fue reconocido por la Policía de la Provincia de Córdoba por su honradez. Se realizó un acto en su escuela, en el que le entregaron varios presentes. Una bicicleta, útiles escolares, ropa, pelotas de fútbol, zapatillas y 15 mil pesos en efectivo fueron a parar a las manos del niño, quien confirmó que hacer las cosas bien en la vida siempre lo llevará a buen puerto.

Pequeños gigantes

¿Cuántes veces subestimamosa a los niños y adolescentes? Creemos que al ser tan pequeños, no tienen la capacidad para escuchar o accionar como se debe ante determinadas circunstancias, a no ser que se los ordene un adulto. Nos abrazamos al prejuicio tecnológico que cree que los jóvenes se ven sumergidos e interesados solo en lo que tiene que ver con la virtualidad, totalmente alejados de la "vida real". Y, peor aún, muchas veces caemos en preconceptos sobre el origen de las familias de esos chicos y cómo se supone que eso influye en los valores que persiguen.  

 Pero historias como la de Agustín demuestran lo contrario.  Y él no es el único que actúa bondadosamente en todas partes del país. Basta con alzar la vista y correr de lado las suposiciones para poder acercarnos a ellos.

La ola juvenil no sólo quiere jugar y divertirse. También disfruta de aprender, hacer el bien  y superarse. Quieren enorgullecer a sus padres y amigos con sus gestos y convicciones y devolverles un poco del esfuerzo que hicieron para criarlos. Son curiosos, intrépidos y muy inquietos cuando se trata de obtener lo que quieren. Nacieron con otro tipo de cabeza en donde la discriminación no tiene lugar y la aceptación e inclusión florece entre ellos.

Si hay un  niño con educación, tanto en la casa como en la escuela, hay un niño con valores. Y bajo ningún punto de vista podemos responsabilizarlos por la falta de este derecho  a aprender que jamás debería ser un privilegio. No importa si es del sur, de una pequeña localidad de Córdoba, del norte o de Ciudad de Buenos Aires: un joven educado con amor y responsabilidad siempre tendrá las herramientas necesarias para hacer el bien, sin importar las circunstancias. Porque la inocencia infantil es una virtud valiosa que nos enseña a los adultos a dar sin esperar nada a cambio.

Agustín no devolvió la billetera buscando recibir todos esos (merecidos) regalos que le hicieron llegar. Su único objetivo fue siempre encontrar a ese señor que necesitaba sus pertenencias. Es gracias a esa maravillosa inocencia y humildad que el pequeño cordobés se convirtió en un héroe y en un símbolo más de lucha contra todos esos prejuicios que abundan constantemente alrededor de la juventud. 

Respetemos y escuchemos a los niños, cualquiera sea su procedencia. Evidentemente, tienen mucho para enseñarnos. 



 

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