¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
La pasión que siente el argentino por sus colores nació en varios potreros y esquinas donde los criollos e inmigrantes fundaron clubes, y alrededor de ellos, los barrios fueron pintando su identidad asociada a los colores. Azul y amarillo, blanco y rojo, azul y rojo o blanco se transformaron en los colores maternales, y los estadios y sedes sociales en los hogares de millones. Amores, muertes, nacimientos y trabajos se forjaron mientras afuera se escuchaba una pelota rebotar en alambres. Por eso en 1989 un terremoto emocional sacudió a los hinchas de Temperley, quien es de los más viejos del país, fundado en 1912, y posee el Estadio Alfredo Berenger, con más de cien años. Blasones deportivos y sociales forjados de uno de los grandes clubes del Conurbano que se quebraban bajo la orden de cierre a fines de agosto en ese país arrasado por la crisis hiperinflacionaria. Un juez bajó la bandera de remate, miles de hinchas del Gasolero la levantaron dando lo que no tenían, y un brillante 24 de julio de 1993 la redonda volvió a correr en Turdera. Día del Hincha de Temperley desde ese hecho histórico del deporte nacional que desde estas columnas proponemos Día del Hincha Argentino, aquel que no importa que gane o pierda, te sigue a todos lados.
"El primer recuerdo es el último partido donde perdemos el clásico con Los Andes y la voz del estadio informa de la reunión en el gimnasio de básquet donde informaron sobre la situación del club que íbamos a la quiebra. No había más de 50 personas. Entre 1989 y 1991 ver el cartel de remate fue terrible", aseguraba Marcelo Alcobre, actual integrante de la Comisión Directiva de Temperley, en diálogo con el diario La Unión. La decisión del juez José María Durañona, a cargo de la convocatoria de acreedores de Temperley desde 1987 y que decretó la quiebra del club por una deuda con Futbolistas Agremiados de 400 mil dólares, dispuso el inmediato remate de todos los bienes inmuebles y activos económicos. Incluso un poderoso empresario cervecero del momento quiso convertir a Temperley en el Bieckert Temperley, lo que sería el primer intento de privatización de clubes del neoliberalismo por venir.
Enseguida las familias cercanas a la institución, que vieron crecer a sus hijos y nietos, empezaron a resguardar lo que pudieron, organizar rifas y bailes, llamar a marchas por el centro lomense, involucrar a artistas como Los Auténticos Decadentes, y convocar torneos solidarios con los clubes de la zona -hubo un cuadrangular que jugó a beneficio la reserva de Vélez, con la base campeona mundial del Carlos Bianchi-. Pero no alcanzaba y se la jugaron. E hipotecaron sus propias viviendas.
"No sólo yo puse la casa en garantía sino que también cuatro personas más -familias Ahuali, Colas, Romano y Allende-. Yo estaba segura que la gente no nos iba a abandonar. Tuvimos el club cerrado desde julio hasta noviembre del 91, sin fútbol, estuvimos seis meses luchando para detener el remate, fueron cruciales esos momentos. Teníamos sobre nosotros la espada de Damocles que nos remataban o no. Incluso ya habían puesto publicidad con nuestros bienes que iban a ser objeto de remate. Estábamos obsesionados con lo que correspondía que era el levantamiento de la quiebra", describió la abogada Edith Pecorelli, quien luego fue presidenta de Temperley en 1995, e inició una gestión con impronta comunitaria que continúa el actual presidente, el realizador cinematográfico y director teatral Alberto Lecchi.
El calvario futbolero del Gasolero en los escritorios de los juzgados, incluyendo la desafiliación de la Asociación del Fútbol Argentino y la pérdida de la categoría, se terminaría en 833 días. Y vendría la resurrección de Temperley, su día de pascuas, el 24 de julio de 1993, partido que derrotó a Tristán Suárez 1 a 0, gol de Walter Céspedes, en la Primera C. Antes vino la apertura de las instalaciones y la vuelta a funcionamiento del club, "Lo logramos recién al segundo año, quedaban solamente las garantías. Debe ser la primera vez que cinco familias pusimos nuestra casa en garantía. Garantizábamos que el fútbol no iba a dar pérdida, no teníamos la menor duda. En julio del 93 volvimos a jugar y yo no miraba el partido, solo miraba a la gente y cada sonrisa era un pago que recibía por el esfuerzo. Es un tema agridulce, pasamos muchas buenas y muchas malas. Tuvimos muchas satisfacciones como líderes de este grupo de trabajo", recordaba Pecorelli. Recién una década después, en los tribunales de Lomas de Zamora, se celebraría el levantamiento definitivo de la quiebra.
Los 15 mil hinchas de la Celeste en el Beranger hicieron historia viendo al equipo de Eduardo Lendoiro ese 24 de julio de 1993, de ahora en más Día del Hincha de Temperley. Ellos cantaron y pusieron de la suya para que vuelva el club a renacer. Al igual que cada familia que lleva a sus hijos a los clubes de barrio y renacen comunitarios en su identidad verdadera.
Imagen: Club Atlético Temperley
Fecha de Publicación: 05/09/2026
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