clima-header

Buenos Aires - - Sábado 08 De Mayo

Home Gente Arte y Literatura Victoria Ocampo: el norte de la cultura argentina

Victoria Ocampo: el norte de la cultura argentina

A 131 años del nacimiento de la fundadora de la revista Sur, promotora cultural, escritora, polemista y feminista que tendió puentes entre generaciones y países.

Arte y Literatura
Victoria Ocampo

Una intelectual incómoda, Victoria Ocampo. Editó a Sartre o Faulkner antes de que fueran reconocidos en sus propias patrias, e impulsó la carrera de su hermana Silvina Ocampo, o adelantó el cine soviético de Eisenstein, pero desconsideró a la mayoría de los escritores compatriotas que no pasaran por el círculo de su revista Sur. “Extranjerizante” y “snob” era los ataques amables de izquierdas, y derechas, por igual. Firme pionera del feminismo, en un mundo de hombres en el cual se hizo espacio contra viento y marea, se opuso cuando finalmente se otorgó el sufragio a las mujeres por considerar que “no estaban en condiciones de votar responsablemente” durante el gobierno peronista. Victoria Ocampo fue un torbellino de contradicciones fogoneada en su liberalismo extremo, la hija mimada de la “llamada por el odio” oligarquía que quiso construir lazos duraderos entre la Argentina y el mundo. Y su legado en este aniversario redondo queda aún por redescubrir entre las olas verdes, sin mandatos que tanto repudiaba en sus escritos y en la redacción de Sur: “El mismo Mao Tse-Tung (tan de moda…) ha dicho escribía una furibunda anticomunista en 1970, año de los especiales de Sur dedicados a las mujeres, los primeros exclusivos en el Continente, y que arrojaban encuestas a favor del divorcio y el aborto  'Es una actitud medieval atribuir importancia al hombre y menospreciar a la mujer'. El proletariado de la mujer, que se extiende a todas las clases, es el que me interesa. Los hombres no se mancos para apoderarse de lo que codician. Que se las arreglen”. Victoria Ocampo, la cosmopolita más guapa criolla.

“Para mí los libros han sido siempre seres vivientes. Me traían un alimento que mi organismo reclamaba y me urgían a explicarme a mí misma el significado profundo de esa obra, grito de un alma en pena”, escribiría muchos años después sus recuerdos en los volúmenes de “Testimonios”, editados desde 1935 a 1977, suerte de autobiografía, ensayos, ficciones y reflexiones que pueden conjugar el vuelo de una mariposa en San Isidro con una meditación shakespeareana, o una polémica con Indira Gandhi o Eva Perón. Victoria nació el 7 de abril de 1890 en un caserón de la calle Viamonte al 400, en Buenos Aires, y fue la primera hija, hermana mayor de seis mujeres, del matrimonio de Manuel Ocampo y Ramona Aguirre, quienes hundían sus raíces en conquistadores españoles, guaranís y patriotas, entre los Pueyrredón y los Hernández. “Las familias de origen colonial, las que lucharon y se enardecieron por la emancipación de la Argentina –aparecía en “Archipiélago” (1979), la primera parte de sus memorias tenían la sartén por el mango, justificadamente. Yo pertenecía a una de ellas… la cosa había ocurrido en casa, o en la casa de al lado, o en la casa de enfrente”.

Una vez terminada la construcción de la Villa Ocampo, hoy centro cultural en Beccar, emprende un viaje por Europa y queda encandilada por la cultura francesa, tanto que hasta 1930 escribiría sólo en francés –y sólo aprendería mejor español para relacionarse con el filósofo Ortega y Gasset–. Por las artes, primero la actuación, que su padre rechazó vehementemente, y luego la literatura, Victoria tamizaba sus experiencias e impresiones, algo que sería una pulsión vital, “su parecido con el cuadro de Napoleón en Arcole y con la estatua de Juana de Arco en Frémiet fue decisivo. Decisivo para Napoleón y para Juana de Arco, que hasta entonces me habían interesado moderadamente y que pasaron de golpe al primer plano de mis pasiones”, contaba una cincuentenaria Victoria de su versión enamoradiza de adolescente. En ese momento Ocampo comprende que, para realizarse, debe romper el mandato de su clase, y transformarse en una escritora que explore una sensibilidad desafiante, aunque su curiosidad intelectual y su espíritu emancipado, la llevarían por otros caminos próximos.

Una de los primeros avisos de rectificación de rumbo, y mutación de sus anhelos de novelista, ocurriría en 1915. Había logrado colocar un artículo en el diario La Nación sobre el Dante, y llevó al director de la Biblioteca Nacional, Paul Groussac, un ensayo completo referido a los personajes de Francesca y Paolo. Esperaba ansiosa una opinión del destacado intelectual francés. Y fue lapidario Groussac,  recomendándole que se dedicara a un tema menos “dantesco”, que sea redactado en español (mientras él seguía mandando los artículos en francés a los diarios, y vivía entre nosotros largos 40 años) y, por su género, orientara sus esfuerzos al género epistolar. Lejos de desanimarla más Ocampo confraternizó con escritores del mundo entero y conoció las vanguardias literarias de primera mano. Sus preocupados padres insistieron en un casamiento con Luis Bernardo de Estrada en 1912, y que terminaría abruptamente cuando Victoria descubre una carta de Estrada donde argumentaba que “un embarazo haría que olvide sus ilusiones de escritora” –además de su escandaloso romance con Julián Martínez, según la prensa de la época, y que se inició en la misma luna de miel con Estrada–. Una vez separada legalmente en 1922 intentaría una frustrada convivencia con Martínez, de pocos meses, en Villa Victoria de Mar del Plata, también hoy centro cultural.

La eterna novela de formación de Victoria Ocampo tiene un capítulo intenso en los veinte, donde prosigue el diálogo con los intelectuales del mundo, entre ellos se destacan el autodenominado filósofo alemán Keyserling y el novelista norteamericano Waldo Frank. Su lujosa casa de San Isidro se convierte en faro de la cultura mundial, con célebres visitas con los años de la talla Roger Callois, Graham Greene y Albert Camus. Y aledaños también fueron colonizados por la voracidad cultural de Ocampo como la quinta Miralrío, propiedad de un pariente, que hospedó en 1924 al premio Nobel Tagore –y que para su  alquiler tuvo que malvender Victoria una media luna de brillantes, que había sido la envidia de las cortes europeas–. Pese a heredar tres fortunas, Ocampo vivió por momentos graves problemas financieros por sus emprendimientos culturales y grandes actos de generosidad, agravados durante el peronismo con una ley de alquileres que perjudicaba a los grandes rentistas como ella. Al final de sus días no tenía dinero para pagar los servicios.

Para aquel tiempo la Ocampo ya era una figura de la movida cultural porteña, que trascendía las puertas de su casa modernista de Rufino de Elizalde, Palermo Chico, hoy sede del Fondo Nacional de las Artes. Y también un recurrente personaje de papel, como tantos de sus admirados héroes de molde, y aparecía tempranamente en “Xamaica” (1917) de Ricardo Güiraldes, cuyo liberal personaje protagónico, Clara Ordóñez, está tomado de la propia Ocampo. Más tarde sería también alguno de sus rasgos inspiración de la novela de su hermana, Silvina, en tándem con Adolfo Bioy Casares, “Los que aman, odian” (1946), y que tuvo su película en 2017 con Guillermo Francella y Luisana Lopilato, filmada en la misma Villa Victoria.

 

Sur, la última revista de la Generación del Ochenta

Esta es una definición taxativa y peyorativa de Ricardo Piglia sobre el gran proyecto cultural de Ocampo –y uno de los mayores nacionales. Las observaciones negativas partieron desde el mismo número uno de 1931, un inesperado éxito de ventas por la inusual calidad de colaboradores de Europa, y abarcaron diversos círculos ideológicos, incluso fue repudiada por los propios sectores conservadores a los cuales pertenecía Ocampo. Persona non grata para la Curia en 1933, y a partir del lento declive de la revista en los cincuenta, vilipendiada por el campo intelectual epígono de la renovadora revista de los hermanos Viñas, Contorno. El mote que pasaría de lego a lego sería de un medio “antinacional”, y su fundadora y editora, Ocampo, “antiargentina” “Necesariamente Sur es como yo. Y si Sur es como yo, está irremediablemente más interesada en la calidad que en la nacionalidad de algo. Esa es mi manera de ser argentina y es la que necesito. De lo contrario, me sofocaría”, respondía a un desencantado Frank, que había sugerido el proyecto a Ocampo en 1929 pero con un sesgo americanista -la revista Sur prácticamente fue indiferente al boom de la literatura latinoamericana de los sesenta salvo algunos cuentos del primer Julio Cortázar. La decisión editorial, más allá de soberbios editores de la valía de José Bianco, Enrique Pezzoni, Ernesto Sábato o el mismísimo Borges, quedaba encerrada en una concepción “romántica” de Victoria, en palabras de Osvaldo Aguirre, “en el arte no bastan la verdad, la sinceridad, la voluntad, la perseverancia, la honestidad intelectual: hace falta talento…la exigencia de calidad a la que yo me refiero se resiste cada vez más el mundo moderno. Es impopular, y con eso queda todo dicho”, remataba la editora que ignoró a gigantes contemporáneos, entre otros, Roberto Arlt, Leopoldo Marechal -aunque estuvo en la génesis de Sur, alejado por el peronismo posterior del autor del “Adán Buenosayres”- y Witold Gombrowicz.

Sur también podría entenderse como una de las industrias culturales más relevantes de la Argentina debido a que la revista sumó una importante editorial, responsable de editar la mejor literatura europea y norteamericana del momento,  y una serie de actividades culturales que acercaron a las grandes mentes de entreguerras y posguerra. Aldous Huxley, Virginia Woolf, Carl Jung,  D.H. Lawrence, Oliverio Girondo, Eduardo Mallea, Dylan Thomas, Igor Stravinsky -para quien había recitado en un espectáculo musical versos de André Gidé-, entre tantos autores de gran calibre, integran los primeros años de la Editorial Sur, que como dice Beatriz Sarlo, es una operación de Ocampo que llenaría los vacíos editoriales locales y latinoamericanos. Esta tarea señera continuó hasta 1992 con la revista, aunque el periodo más productivo fue entre 1935 y 1970, primero mensual, con una tirada inicial de 5 mil ejemplares, y luego de 1952, bimestral, con niveles de tiraje similares “Sur es casi siempre leído como producto de los antecedentes de clase de Victoria, no como texto variado que intenta reconciliar tendencias divergentes”, afirma el investigador John King con certeza. Una revista que supo contener a Alejandra Pizarnik con Ezequiel Martínez Estrada, Rodolfo Wilcock con Edgardo Cozarinsky, que conjugó una parte sustancial de lo mejor de la cultura nacional, e hizo madurar el talento a sus colaboradores bajo la protección de Ocampo. Borges es un buen ejemplo. Mucho de lo mejor del escritor de “Ficciones” aparece en Sur, por citar “Pierre Menard, autor del Quijote”, en el número 56. Un reconocimiento que no suele aparecer para Ocampo, tal vez alentado por el mismo Borges que era repetidamente humillado por Victoria públicamente, aunque en privado le conseguía conferencias cuando fue despedido de la biblioteca Miguel Cané de Boedo, por haber adherido a una declaración contraria al gobierno de Perón, y costeaba hasta sus gastos de vacaciones. Sin contar la ocasión que publicó el famoso número con el “Desagravio a Borges”, cuando se le negó un  premio nacional en 1942 por un supuesta “prosa antiargentina” -aunque también este artículo posibilitaba la toma de posición de Ocampo contraria a cualquier nacionalismo, defendida por el mismo Borges en el no menos célebre ensayo “El escritor argentino y la tradición” en Sur. Volviendo al dúo Borges-Ocampo, según la biógrafa de Victoria, María Esther Vázquez, la relación fue acentuando el odio antes  que el amor, “Usted, che, con lo empacado que es, nunca va a llegar a nada" dijo Victoria a Jorge Luis en ¡1964!, y terminó en una directa negación del autor de los relatos en “El jardín de los senderos que se bifurcan” de toda influencia de Ocampo.

No nos interesa la cosa política sino cuando está vinculada a lo espiritual”, aparece en 1937, un año después que Ocampo funda y preside la Unión Argentina de Mujeres, en principio que lucha contra retrocesos jurídicos del presidente Justo que pretenden asimilar a las mujeres con los “débiles mentales”, “cuando los principios cristianos, los fundamentos mismos del espíritu aparecen amenazados por una política, entonces levantamos nuestra voz. Esta revista no tiene un color político, como no sea el color que impone a una inteligencia la defensa honrada de estos principios” firmaría una editorial la directora. Sin embargo el “apolicitismo” de la revista aparece entre comillas, en los treinta ligada al republicanismo español y la lucha antifascista –aunque Victoria visite a Mussolini y mantenga contactos con el intelectual nazi Drieu la Rochelle-, y desde 1945,  fervientemente antiperonista. En 1952 sería encarcelada durante un mes en el “Buen Pastor” de San Telmo, supuestamente por “conocimiento de una bomba contra Perón”, “en la cárcel, uno tenía al menos la satisfacción de sentir que al fin tocaba fondo, vivía la realidad”, recordaba Ocampo que a sus 60 años compartía celda con prostitutas y ladrones de arrabales, “la cosa se había materializado. Esa fue mi primera reacción. Ya estoy fuera de la zona de falsa libertad, ya estoy al menos en una de verdad. Te agradezco, Señor, que me hayas concedido esta gracia”, remataba a quien el golpismo de la autodenominada Revolución Libertadora convocó en 1958 en la constitución del Fondo Nacional de las Artes. Bianco, Martínez Estrada, Sábato, Cortázar, y muchos intelectuales afines a la revista que empiezan a conmoverse con los cambios tras la Revolución Cubana y los movimientos tercermundistas, entrarían en la lista negra de Victoria.    

 

Los Monroes de las Letras

“He sido más afortunada que Manuel Aguirre, mi bisabuelo”, recoge la frase de la editora Osvaldo Aguirre, en la revista “Todo es Historia” de mayo de 2001, “El reconocimiento de nuestra Independencia que a él no le concedió Monroe en 1817, cuando llegó a Washington en misión confidencial, enviado por San Martín, Pueyrredón y O´Higgins, no me lo han negado, finalmente, los Monroes de las Letras” aseguraba Ocampo en los sesenta, donde se paseaba por el mundo como una especie de embajadora cultural de la Argentina. Sus inconfundibles anteojos Lugone de los cuarenta recorrieron salones y cortes, despachos presidenciales y teatros. Y hicieron que el mundo dimensionara a esa mujer detrás de los lentes, una gestora cultural que había invertido el rumbo, el Sur había descubierto al Norte, editando y financiado autores imprescindibles antes que Londres o Roma, y, ahora, presentaba a un Manuel Mujica Láinez o un Borges. Ocampo era una conquistadora cultural a la criolla. Y se acumulan las altas distinciones de los gobiernos e instituciones, Comendadora del Imperio Británica y doctora honoris causa de Harvard. Simultáneamente son los tiempos que apoya con fondos congresos y publicaciones feministas, que a veces se cortan abruptamente cuando detecta tendencias “marxistas” A fines de la década le detectan un cáncer bucal y sufrirá los siguientes diez años con constantes dolores.

Con el retorno del peronismo en 1973 decide con sus hermanas entregar Villa Ocampo y Villa Victoria a la UNESCO, a fin de preservar la cuantiosa biblioteca de 20 mil ejemplares, arquitectura, mobiliario y la incunable documentación –y salvar una situación económica desesperante con tres fortunas agotadas “por el bien del país” Con la llegada de los militares en 1976, Ocampo tiene una postura ambigua. Apoya sin renuencias a los golpistas con una encomiosa carta al presidente de facto Videla pero al poco tiempo redacta una columna para La Nación condenando el Terrorismo de Estado, y pide por la aparición con vida del escritor mendocino Antonio Di Benedetto. Es nombrada en la Academia Argentina de Letras, la primera mujer en 1977, aunque casi no asiste a las reuniones debido a su delicada salud. Fallece Victoria Ocampo en Buenos Aires el 28 de enero de 1979.  

Se podría criticar el elitismo de Ocampo. O la poca comprensión de la complejidad de los problemas argentinos que excedían los jardines de San Isidro, Mar del Plata o París. Sin embargo, Ocampo es insoslayablemente criolla en tanto numen, la voluntad, de un proyecto nacional con ansías de modernización, y cosmopolitismo, tan argentino “¿Es un imperio / esa luz que se apaga / o una luciérnaga?” recitaba Borges, y, pensamos, que la trayectoria vital de Ocampo parpadea sin certezas paralizantes,  e ilumina con palabras y hechos en la movilidad de la vida y la instantaneidad de las cosas, nunca encasillada en un pensamiento único, siempre incómoda, siempre arrolladora, siempre Victoria.

 

Fuentes: Pezzoni, E. El texto y sus voces. Buenos Aires: Sudamericana. 1986; AAVV Primera antología de ensayos. Revista Sur. Julio-Diciembre. Buenos Aires. 1971; de Diego, J.L. Editores y políticas editoriales en Argentina (1880-2010). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. 2014; Vázquez, M.E. Victoria Ocampo. El mundo como destino. Buenos Aires: Seix-Barral. 2002; Doris, M. Victoria Ocampo contra viento y marea. Buenos Aires: Sudamericana. 1981

Fecha de Publicación: 07/04/2021

Compartir
Califica este artículo
4.50/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

¿Por qué las primeras damas del G20 se reunieron en Villa Ocampo?
Borges Jorge Luis Borges: 6 poemas de amor

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Historia
Eva Perón Eva antes de Evita

Eva Duarte a principios de los cuarenta parecía al fin tocar el cielo. Allí estaba cuando el coronel...

Espectáculos
Macarena Achaga Macarena Achaga: la “hija” argentina de Luis Miguel

La actriz argentina participa de “Luis Miguel, la serie”, donde interpreta a Michelle Salas, la hija...

Argentinos por el mundo
Marcia Blanco De Alto Verde al Universo

Desde Alto Verde, barrio emblema de la pobreza trabajadora, una santafesina alcanzó el sueño de ser...

Tradiciones
Tres fiestas nacionales en La Pampa 3 fiestas nacionales en La Pampa

Ingeniero Luiggi, Eduardo Castex y Victorica reciben tres fiestas nacionales.

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades