Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Tito Cossa: la escena argentina sin cuarta pared

En el mismo Día del Teatro Nacional, el aniversario de un dramaturgo que supo como pocos representar y reflexionar junto a los argentinos sobre los largos años difíciles de la actualidad.

Roberto "Tito" Cossa (Buenos Aires, 1934) es uno de los dramaturgos más relevantes de la historia del teatro argentino, creador de figuras clásicas como “La nona” o “Yepeto” El escalpelo hasta la médula de Cossa decodificó el imaginario de los argentinos, en particular la clase media, desarmando estereotipos y mitos, allí sus críticas al consumismo, el peronismo y los valores burgueses. Ideólogo del realismo reflexivo de los sesenta junto a Ricardo Halac y Griselda Gambaro, aún persistente en la escena nacional, el debate político, y la dimensión histórica social,  son el capital simbólico de Tito que se fueron volviendo metafóricos en sus útimas obras, una estrenada en 2020 en coautoría con su hijo Mariano, “Sólo queda rezar”

Cossa viene de una familia de Villa del Parque ligada a la actividad teatral, con parientes cercanos que lo llevaban a los estrenos de Luis Sandrini o Armando Discépolo. El impacto del teatro de los cuarenta, un momento de declive en la calidad de los espectáculos comerciales, pero de surgimiento del renovador teatro independiente,  será decisivo en muchas de las decisiones estéticas del futuro dramaturgo, fuerte conocedor de las tradiciones de las artes escénicas vernáculas. Iniciado en el periodismo, una actividad por más de 20 años que en sus propias palabras le otorgó “un sentido de la síntesis y de la información que el teatro debe tener”, intenta la actuación una sola vez, “los autores somos actores tímidos”, repetiría Cossa, y en el Teatro Independiente de San Isidro estrena “Una mano para Pepito”, su primera pieza como autor. En 1959 comienza a trabajar en “Nuestro fin de semana” que recién puede apreciar montada en 1964; y que antecede a su primer éxito, “Los días de Julián Bisbal”, una furibunda crítica a la estrecha mentalidad clasemedista.  Hacia fines de la década, en coincidencia de la radicalización política, conforma el Grupo de Autores junto a Ricardo Talesnik, Germán Rozenmacher y Carlos Somigliana. En 1970 estrenan  “El avión negro”, ahora una diatriba rotunda a la romantización del peronismo. Ya en esos años concibe adaptaciones teatrales y guiones, y pensando  en Pepe Soriano escribe el guión televisivo de “La nona”, en una versión ligera que oscurece en los años de plomo argentinos. Estrenada en 1977 con un enorme Soriano, una de las piezas más famosas de la dramaturgia argentina, representada en varios idiomas, llevada al cine en 1979, sigue siendo una potente metáfora de la decadencia de la clase media argentina y sus costumbres, corporizados en la nona, que lo engullen todo. La opción en la pieza era elegir entre la partida y la muerte, tal cual el destino de varios argentinos de la época.

En ese clima persecutorio y violento, Cossa decide junto a Carlos Gorostiza, Osvaldo Dragún y Somigliana en 1980 tender un verdadero puente cultural entre los ideales de los sesenta y los escombros de los setenta. Nace Teatro Abierto, un brote de la libertad y la democracia “Un fenómeno antifascista” declaraba Cossa que estrenaría “Gris de ausencia”, pieza imaginada para Luis Brandoni, y un clásico de los clásicos de las tablas nacionales, “Tute Cabrero”, una versión de un guión irrealizado, “pretendemos ejercitar una forma adulta y responsable de nuestro derecho a la libertad de expresión…porque amamos dolorosamente a nuestro país y éste es el único homenaje que sabemos hacerle”, rubricada Tito en la declaración fundacional del colectivo de artistas. Una semanas después del debut con “Decir que sí” de Gambaro, un grupo comando volaba el Teatro Picadero. Inmediatamente los empresarios teatrales ofrecieron sus salas gratuitamente, en una señal inédita de resistencia al regimen militar, y se realizaron funciones a salas llenas en el Tabarís, que se repetirían en el Odeón y Margarita Xirgú. Una partecita de esta democracia también se la debemos a Tito.

“Los compadritos” (1985), “Yepeto” (1986) y “El Sur y después” (1986) son una trilogía fundamental de los ochenta que diseccionan el regreso de la democracia y las taras populares. Cossa incursiona en más adaptaciones televisivas, una versión de Kafka con Alfredo Alcón, dirigido por Oscar Barney Finn para canal 7, y teatrales, un aclamado “Tartufo” en el Teatro San Martín. El dramaturgo se transforma en un faro intelectual para toda la nueva generación de Mauricio Kartun y Eduardo Rovner, que replantean los géneros argentinos a partir de las críticas y reversiones de Cossa.

Pocos autores se le equiparan en versatilidad y amplitud intelectual, y  prosigue activo en los dos mil. Reconocido por sus pares y los críticos, Cossa aspira a que el “teatro deje un sedimento para la reflexión”, uno que entronca con las escenas independentistas de Luis de Ambrosio Morante en el siglo XIX, los Juan Moreira de los Podestá y los Mateos de Discépolo. Un teatro firme y crítico junto al pueblo.

 

 

Dice Roberto Cossa

“Es inevitable: el teatro no muere. Por mucho que avance la ciencia o la técnica, no hay manera de suplantar al actor vivo delante del espectador. Superó al cine. Superó a la televisión. Siempre fue minoritario, incluso por los precios de las entradas, por su característica centro-burgués. Pero,  espero que siga. Y que este gobierno, cuando pueda, le de más apoyo al teatro independiente porque, como decía Arthur Miller, es “un testigo de su tiempo” en http://www.hamartia.com.ar/2020/05/08/tito-cossa-dramaturgo/

 

Dicen de Roberto Cossa

“Es lo que viene a insinuarnos Cossa: si el drama de su protagonista es el de todos nosotros, o el de país entero, la enfermedad de los argentinos es una repetición tranquilizadora y mediocre y la indecisión para promover el cambio. Nuestro infierno, en suma, consiste en que somos incapaces de arrancarnos de la rutina para elegir la historia”, crítica de David Viñas a “Los días de Julián Bisbal” (1967).  

Rating: 5.00/5.