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Sexos en disputa, versión 1833

Uno de los momentos más creativos del periodismo nacional se dieron durante el ascenso del rosismo. Fragmentos de La Gaucha, una payada que es un tango antes que el Tango.

Las historias del periodismo nacional suelen arrancar en cronologías circunspectas a los grandes diarios, nacidos alrededor de 1870. Error. Durante la Independencia, el rosismo y la Confederación la actividad periodística fue notable, con plumas talentosas y visionarias como Moreno, Dorrego, el Padre Castañeda, Ascasubi y Alberdi, entre periódicos y sueltos. La mayoría desplegaba efímera vida ante la escasez de suscriptores y el analfabetismo. O la férula de la censura que ejercieron por igual gobiernos criollos de distinto signo, directatoriales, caudillescos, unitarios, federales. Con el campéon en la represión a la prensa de la época, Juan Manuel de Rosas. Sin embargo el Restaurador de las Leyes fue un involuntario impulsor, permitiendo y persiguiendo, en la multiplicación de proto periodistas. Entre los leales, aunque crítico, varias veces preso por decir lo que pensaba, resalta Luis Pérez. Y cuando no hablaba contra los salvajes unitarios, publicaba décimas de las costumbres, en particular las relaciones entre sexos, en diálogos picantes aptos de payar con los personajes Ticucha, Don Cunino, Chanonga y Juancho Barriales. Y en el suelto “La Gaucha”, al igual que el Padre Castañeda y su Congreso de Matronas, otea la liberación de la mujer, empondera la voz femenina, en ¡1833!

“En todas las naciones del mundo que se ha tolerado la licencia desenfrenada de la prensa, jamás ha podido haber sosiego y el resultado al fin ha sido sangre y sangre, horrores, desolación y espanto”, escribía Rosas en 1836 a Estanislao López, el mismo que apenas asumió la gobernación en 1829 limitó severamente la libertad de expresión e imprenta. Eran los prologómenos de la PAX FEDERAL y el terror mazorquero, que afectaría seriamente la expansiva y ardorosa producción periodística, con decenas de engrillados, desterrados o escapados en el Interior, Uruguay y Brasil. De los más de cuarenta periódicos y sueltos en circulación al comienzo de la segunda gobernación de Rosas, al poco tiempo sobrevivirán la decena solamente adicta al punzó. Entre los primeros se encontraba publicando el periodista e editor Luis Pérez, de quien poco se sabe. Editó varios impresos periodísticos, el más importante el diario federal ultra “El Gaucho”. Nosotros rescatamos a su prima, “La Gaucha”, un suelto que a un real y medio apareció entre el 18 de octubre y el 31 de  diciembre de 1831, y en segunda etapa a tres reales, entre el 25 de abril y 20 de junio de 1833, de acuerdo a Enrique Peña. Escuchemos al compás de la baguala a la combativa Ticucha de Pérez el 6 de junio de 1833, que en números previos había titulado sus décimas “Ticucha le declara la guerra a los hombres”, “Guerra a los hombres. A sangre y fuego” y “El 25 de Mayo. Jaleo a los hombres”:

Es lástima, Don Cunino

Que un hombre tan baladrón,

Haya sus armas rendio

Sin dar siquiera una aiccion.

¿Para que pues se metio

en guerra con las mugeres

Si habia usté de disparar

Sin sostener los deberes?

……

Vaya que habia sio usted

Una hombre muy despreciable;

Pero hombre por fin, y basta,

Perjuro, falso y mudable.

 

“Lo que á usté pertenecia”

Y pasa a describir a las “ilustres guerreras” de la campaña, en particular una conchabada con Juan de Ajuera, que era maltratada y abusada esta que “le pegó la patada” Apartado del habitual tono político y militante suyo, Pérez se adentra en la vertiente popular y satírica de la “querella entre los sexos”, la llamada literatura de cordel del siglo XVIII y XIX en España -y que aún resuena en el cancionero y la literatura folklórica. Además aparecía en sueltos, que era una manera de eludir la censura por la azaroso de la distribución, y eran los favoritos de la campaña bonaerense, por el costo accesible. Estas piezas, fáciles de payar por los gauchos iletrados, contenían noticias extraordinarias, en aquel tiempo la marcha de la Expedición al Desierto de Rosas, o panegéricos a federales asesinados por los “asquerosos unitarios” como Dorrego o Quiroga. Pero en su mayoría se imprimían picaresca, que no es más que una reflexión de las costumbres,  listos a entonar en cielitos.

Una moza que ahí vivía,

Hoy se acaba de mudar,

Y según me ha dicho,

Se vá a otra ciudad

Aquí me dejò un atao

¿Irá por las luces de la ciudad nuestra conchaba cansada de vivir “plancha en mano”? ¿Será la planchadorcita que dio el mal paso? Mediando las conjeturas, Pérez presenta un hecho disruptivo en la moralista sociedad, no sólo el abandono del hombre por la mujer, sino que en el atao, una carta, una voz que no era escuchada.

Este periodista, aparentemente tucumano, sabía bien de qué hablaba cuando representaba a los marginados. Según el mismo Pérez cuenta en “El Gaucho Restaurador” (1833) había participado en la defensa de Buenos Aires, y en la plaza, de los sucesos del 25 de Mayo de 1810, del lado del “pueblo” De acuerdo con Antonio Zinny, Pérez adscribió tempranamente al predicamento de Rosas, más que al rosismo, y, acota el historiador,  “la casa de Pérez fue en 1833 el punto de reunión donde se preparó la revolución de los Restauradores, el 11 de octubre. Tenía pagados cuatro correos que circulaban por la campaña sus periódicos, los que contribuyeron no poco en los progresos de la causa, especialmente en San Nicolás de los Arroyos, por medio del coronel don Agustín Rabelo y teniente coronel don Facundo Borda” De allí se entiende que varias veces, cuando ocurrían los “extravíos” inevitables de la prensa, en palabras del Restaurador de las Leyes, y el periodista caía en la cárcel por cuestionar a funcionarios como Martín García o Pedro de Ángelis, recuperara la libertad a los meses.  Parece que al final de sus días se había establecido de imprentero, sin olvidar de frecuentar las orillas, principal público de sus producciones. Su legado será por siempre el domador “metido a escribinista” en el diario “El Torito de los Muchachos”, Juancho Barriales, personaje en el derrotero de Aniceto el Gallo de Hilario Ascasubi, escritor cumbre de la gauchesca.

Abrió la carta y la leyó,

Y se encontró que dicía,

En esa atao hallará

lo que á usté pertenecia

Si siente porque me voy,

Consuelese, vida mía,

Que anque sea en el otro mundo

Nos veremos algún día

 

Porque hade saber usté

Que en los noches de junción,

Un oficial muy guen mozo

Me regaló un peinetón.

Y agora voy á pasiar

-con-

Un oficial en tal caso,

Como valiente guerrero,

Deber es el preferido

Y en mi cariño el primero.

Pues el que sirve á mi PATRIA

Es acreedor á mi mano

Primero que otro juramento

“A los mozos de las orillas”

Le señala una independiente Ticucha de la libre elección de la pareja, en un mensaje que también hace foco al reclutamiento forzado en la guerra contra el indio, emprendida por Rosas en 1833. Para Ángel Rama era la denominada “poesía de partido”, oficiando Pérez como un propagandista sui generis del aparato estatal. Para ello el periodista operaba como un mediador letrado entre Rosas y las clases populares, utilizando los valores, prácticas y lenguajes que podían indentificar a los gauchos y gauchas. Esto implicaba sostener posturas de la campaña que podían ciertamente contrariar a los sectores hegemónicos, por este caso, la voz de una mujer liberada. Entre loas  y santos a Rosas, Pérez, que sería detenido brevemente por fuertes críticas a algunos federales en “El Gaucho Restaurador” en 1834, retirándose así de la vida pública, filtraba comentarios sobre las desigualdades entre el campo y la ciudad, la discriminación de gauchos y negros, las levas compulsivas y los bajos salarios. “A los mozos de las orillas/no importa que me critiquen/los sabios y los cajetillas”, se dirigía Pérez a su lectorado soñado, de facón y boleadoras.    

Estos versos de 1833 en pleno periodo de la prensa gauchiopolítica y partidaria, de la pelea sin cuartel entre unitarios y federales, entre lomos negros -federales moderados- y fanáticos rosistas, prefiguran varias tendencias posteriores en la cultura nacional. En especial una, la del Tango, con la Gaucha Ticucha, futura percanta, que deja al paisano, futuro arrabalero, por los brillos. Aquí, las charreteras militares. 

Para el jueves, si Dios quiere,

Se puede usted aprontar;

Pero espéreme á caballo

En ancas de un oficial.

Hasta entonces me despido,

Diciéndole en conclusión

Adiosito, Don Cunino,

Cogollito de cedrón

Remataba el gauchipolítico Pérez en 1833, quizá cantado en las pulperías, a lo que Pascual Contursi y Samuel Castriota, en la voz de Carlos Gardel, en 1917, llenarían los puntos supensivos, en el bing bang del Tango-Canción, el Tango inmortal. Ambas versiones con guitarras.

Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida

Dejándome el alma herida y espina en el corazón

Sabiendo que te quería, que vos eras mi alegría

Y mi sueño abrasador

Para mí ya no hay consuelo y por eso me encurdelo

Pa' olvidarme de tu amor

 

Fuentes: Rivera, J. B. La gaucha, contestación de Ticucha a Don Cunino en revista Crisis 22. Febrero 1975. Buenos Aires; Muñiz, E. La prensa argentina en tiempos de guerra 1827-1852. Buenos Aires: Academia Nacional de Periodismo. 2009; Zinny, A. Estudios biográficos. Buenos Aires: Hachette. 1958

Imágenes: Universidad Nacional de La Pampa

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