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Sara Gallardo. Escribir es un oficio absurdo y heroico

A noventa años del nacimiento de la escritora y periodista, alabada en los sesenta, olvidada por la historia oficial, y justamente rescatada en los dos mil, una advertencia vigente en su descomunal “Eisejuaz”: “Te digo: Es difícil cumplir en este mundo de sombras”

Arte y Literatura
Sara Gallardo

Ese bicho. Era el epígrafe de una foto a Sara Gallardo en la tapa de la revista Confirmado, ella columnista estrella de la revista a fines de los sesenta. De Vietnam y la dictadura argentina del onganiato a los zapatos con plataforma y los anticonceptivos, nada quedaba fuera de la escritora y periodista. “No me interesa la actualidad. Además, creo que no existe. Y si existe, es vulgar. Léanme tal como soy, y agradezcan al destino esa suerte. Felicidades”, Gallardo, enero de 1968.  Con una navaja alegre pero afilada así fue diseccionando mitos nacionales en su proyecto narrativo, desde la femineidad en una sociedad patriarcal a los fantasmas de La Pampa y los pueblos originarios; en las barricadas de la prensa o los best seller, en la etapa mediática del boom de “Los galgos, los galgos” Mujer independiente, fue una megáfono de las mujeres en la eclosión de los sesenta, sin manifiestos feministas. “Un animal solitario termina devorándose a sí mismo”, una línea de “Eisejuaz”, de las diez mejores novelas argentinas del siglo XX, marca la impronta de Gallardo que estuvo en boca de todos hasta el silencio en La Cumbre, refugiada en la casa de un compañero de letras, Manuel Mujica Láinez. Más solapada por un estilo supuestamente superficial o inclasificable, cada novela, cuento o artículo parecen escritos por diferentes manos, que por una cuestión de género, ausente del canon hasta fin entrado este milenio, Sara Gallardo sigue recordándonos que “escribir es un oficio absurdo y heroico”  Y la tarea de un cazador solitario.

Sara Gallardo nació el 23 de diciembre de 1931 en un cuna ilustre y patricia, plagada de laureles e incontables bibliotecas universales. Que ella se encargaría de incomodar siendo una asalariada periodista, corresponsal en las mejores  oportunidades para Editorial Atlántida o el diario La Nación; otras, crítica de modas sin firma.  Era hija del historiador Guillermo Gallardo, nieta del científico y ministro Ángel Gallardo, bisnieta del también escritor Miguel Cané y tataranieta del político, militar, historiador, escritor y periodista, Bartolomé Mitre –fundador de La Nación-. Desde muy joven lleva una vida nómade y recala en 1949 en Europa, y en los cincuenta viajaría por América Latina entera. Entrada joven en el mundo del periodismo, Gallardo debuta literariamente en 1958 con la novela “Enero”, que cuenta la historia de Nefer, una adolescente que vive en el campo, aquel espacio mítico que se destaca en la obra de la autora “Hablan de la cosecha y no saben que para entonces ya no habrá remedio” se lee en una potente novela de iniciación, que además de los conflictos de clase e identidad, habla de una violación y, de las primeras veces en la literatura argentina, de la posibilidad de un aborto desde la perspectiva de la víctima –aunque el tema aquí es la maternidad no deseada-.

En 1963 llegaría la novela “Pantalones azules”, tercer premio municipal,  y luego, el trabajo consagratorio, “Los galgos, los galgos”, donde el campo nuevamente es protagonista, primer premio municipal 1969, y Premio Ciudad de Necochea por decisión de Leopoldo Marechal. En aquella historia de Julián, un melancólico incurable que hereda 500 hectáreas, y la caída de una clase social, “Siento una cosa mala…Algo como la muerte –dice Lisa -…La miro un rato más –narra Julián sobre su amor que lo acompaña a la desconocida y siniestra campaña, junto a los galgos-, miro el cuarto en la luz movible de la vela, y es como si un enorme soplo fúnebre nos barriera” A principios de los setenta Gallardo compartía cartel y horas de entrevistas televisivas con Silvina Bullrich, Marta Lynch y Beatriz Guido, en ése fenómeno del bestsellerismo de escritoras, aún poco estudiado, y menos, reconocido.  

Sara Gallardo

“¿Acaso compran esta revista sólo por mí?”

Desafiaba Sara Gallardo a sus lectoras, ella suponía, que devoraban las columnas en la revista Confirmado, el influyente y modernizador medio de Jacobo Timerman, entre 1967 y 1972. La especialista en su obra, y una de las principales impulsoras del rescate de Gallardo, Lucía de Leone en su exhaustivo texto preliminar en “Macaneos. Las columnas de Confirmado (1967-1972)” comenta, “Gallardo cultiva lo que llamó, festivamente, la desactualidad y el macaneo, una expresión que se erige como un blindaje jocoso para expedirse sin demasiados escrúpulos sobre cualquier tema”, cerraba en esta compilación de 2016 editada por Winograd, el sello de la hija de Sara, Paula Pico Estrada.  

“Sara Gallardo concibió esta novela a partir de algunos viajes que hizo a Salta a fines de los años '60. Si esa experiencia tuvo el poder de suscitar la escritura de este libro es ante todo porque, en ella, se encontró con una nueva posibilidad para la lengua. Se trata de ese 'idioma medio inventado' que tan genialmente se nutre de la despojada parquedad del habla indígena y que tan genialmente Sara Gallardo convierte en otra cosa", prologó el escritor Martín Kohan en 2013 cuando se reeditó “Eisejuaz” (1971) por Cuenco del Plata, cuando los contemporáneos Leopoldo Brizuela, Patricio Pron o Samanta Schweblin la reconocen como una precursora. Esta novela de un mataco con conciencia mística,  o delirio sicótico, que recibe el llamado del Señor, realismo alucinatorio y experimento léxico, bosqueja la fundación de un utópico hombre nuevo, en las ruinas de una sociedad decadente. Entre lo sagrado y profano, en los tiempos que desde el Che Guevara a Julio Cortázar hablaban del Hombre Nuevo, en Eisejuaz o “Éste También” Gallardo plantea un orden nuevo que integre la lucha intensa y dolorosa de los nativos americanos, a través de la palabra, con el devenir del Continente. Palabra desterritorializada que además bordea las distinciones de masculino o femenino.  Eisejuaz resulta, entonces, un caminante entre mundos. “No sé –lo ignoro casi todo de la literatura latinoamericana- si en otro país de nuestro continente han intentado…ese mismo y peligroso camino…quedo en compañía de un héroe mitad ángel y mitad monstruo…-que- se alza con la robustez de su testimonio ”,  escribía Mujica Láinez a Gallardo el 1 de diciembre de 1971, en una cita de Elena Vinelli.  

Esta novela excepcional, a la altura de Juan Rulfo, Clarice Lispector o Antonio Di Benedetto en el buceo del alma latinoamericana,  pasó casi inadvertida, en la época que Gallardo encontraba afectada por la muerte del segundo esposo, el ensayista Héctor Murena.  Luego de pasar varias temporadas en “El Paraíso”, la casa de su amigo Mujica Láinez en La Cumbre, Córdoba, retomaría la errancia de un “cuerpo de mil vidas”, y recala en Barcelona (1977), Suiza (1980) y Roma (1982), en compañía de los tres hijos, y ganándose la vida de corresponsal.  “La rosa del tiempo” (1979) es la último novela, escrita en España, y a fin de década suma títulos en literatura infantil. En 1987 se publica una recopilación de sus crónicas para el diario La Nación, por primera vez, “Páginas de Sara Gallardo”. En un regreso a Buenos Aires, el 14 de junio de 1988, fallece por un ataque de asma, inesperadamente. Según contaron sus familiares, proyectaba entonces escribir la biografía de la intelectual judía Edith Stein, víctima de Auschwitz.

Ser escritora es para ella una fatalidad, una misión, un destino inevitable”, acotaba Vinelli de Sara Gallardo, en el prólogo a una edición de la Biblioteca Argentina del diario Clarín, curada por Ricardo Piglia y Osvaldo Tcherkaski, y que produjo un  renovado interés por la escritora en las nuevas generaciones. Como su Eisejuaz, ése que quedó para ser “barro y pasto”, “Ya recuerdo cómo tus mensajeros cantaron una vez: eso esperarás, eso verás”. Y Gallardo, cumplió.

 

 

Dice Sara Gallardo

“En mi caso escribir –y escribir mucho, aunque sea de manera imperfecta– significa un esfuerzo por desenrollar una especie de madeja interna. Llegar a ser, mediante el trabajo, uno mismo. Es decir, trascenderse a sí mismo para llegar a ser quien uno es y no sabe" en revista Confirmado, julio de 1968. Cita de Infobae.com

Dicen de Sara Gallardo

“El país del humo”, único volumen de cuentos de Sara Gallardo (1931-1988) –primera edición 1977-, es una reescritura de la historia argentina tal como la concebía, al menos desde el ‘80, la clase social en que esta autora nació, un asedio poético a la cerrada cosmovisión de la oligarquía…Después de la década de casi absoluto olvido que siguió a la muerte de la autora, fue la buena memoria de antiguos admiradores, como Griselda Gambaro, María Moreno o Ricardo Piglia, el punto de partida para rescatar la obra de Gallardo en los innúmeros balances y antologías de fin de siglo. Esta reedición cordobesa no sólo reinstala definitivamente la figura de Gallardo en la altura que alguna vez tuvo, junto a las obras de una Silvina Ocampo o una Elvira Orphée, otra gran olvidada; permite apreciar también su increíble actualidad, capaz de presagiar a un tiempo a los aparentemente inconciliables César Aira y Andrés Rivera, Washington Cucurto y Liliana Bodoc, habitantes castigados del país del humo, escribiendo todos entre las hogueras”, prólogo de Leopoldo Brizuela para ”El país del humo”, Alción editora, 2004.

 

Imágenes: Ministerio de Cultura

Fecha de Publicación: 23/12/2021

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