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Roberto Aizenberg. Hacer visible lo invisible

Artista visual excepcional argentino, de un estilo propio e inconfundible, sus estructuras y figuras atemporales invitan a todo aquel que sueña, aquel que se mezcle con el aire, y descubra lo humano de su interior.

Arte y Literatura
Roberto Aizenberg

Roberto Aizenberg aparece en un momento muy particular del arte nacional, cuando lo nuevo no terminaba de nacer, y lo viejo no terminaba de morir. Delante el informalismo, el pop y el conceptual del Di Tella, atrás el concreto y los pintoresquismos, Aizenberg comienza a exponer en un breve resurgimiento del surrealismo en los cincuenta, en particular orientado en la literatura cobijada por Aldo Pellegrini. En esta encrucijada la obra de Aizenberg emerge excéntrica, en un plan propio, alejado a las olas, a veces surrealista, a veces metafísica, a veces geométrica poética. Su repertorio icónico lejano, y a la vez cercano, de paisajes y edificios, geografías liminares, estratificaciones arcanas, personajes acéfalos y hombres solitarios de geometrías misteriosas, plasmados con la meticulosidad de un monje iluminado, narran en silencio las historias que pasaron y que vendrán.

Roberto Aizenberg

Hijo de un farmacéutico de pueblo, que hacía recetas magistrales, quizá el origen de la pasión artesanal de su arte, Roberto Aizenberg nace en Federal, una pequeña colonia agrícola del norte de Entre Ríos, el 22 de agosto de 1928. Trasladado con la familia a Buenos Aires en 1936, se instalan en el barrio de La Paternal, y Roberto cursa el Colegio Nacional Bueno Aires, interesándose tempranamente en la arquitectura y el dibujo. Asiste brevemente al taller de Antonio Berni aunque se aleja por el uso de modelos para copiar, porque según el futuro artista lo moderno se aleja de un exterior a imitar, y la conciencia objetiva, y su representación, era una virtud del sentimiento individual, “hay en mi obra una primera etapa de aportación de material en bruto -diría en 1970 a Jorge López Anaya-, que es totalmente automática, sin ninguna preocupación moral o estética. Después una segunda, de reconocimiento de ese material de elaboración desde el punto de vista de la imagen. En esta segunda etapa funcionan de una manera mucho más coherente todos los sistemas: lo racional y lo irracional, la inteligencia y el gusto, la experiencia y el conocimiento” Aizenberg perfeccionaría un método que niega al mundo para devolverlo maravilloso.  

En ello influye su relación con Juan Batlle Planas a partir de 1948, quien sería determinante en la elección de Aizenberg por el arte, abandonando sus estudios de arquitectura, dos años después. Este catalán, inventor del “automatismo energético” que catalizaba el inconciente en la senda surrealista, causaría gran impresión en el entrerriano, “nunca más, nada en toda mi vida, me ha deslumbrado tanto como el conocimiento de Batlle. El fue mi maestro en todos los aspectos: tanto la dinámica del trabajo como la comprensión -al principio muy dificultosa y después cada vez mas lúcida- del instrumento de trabajo que nos enseñara utilizar:  el automatismo. Charlábamos muchísimo, largas charlas que duraban toda la tarde los sábados mientras pintábamos o dibujábamos” , señalaba en 1974 Aizenberg. Además llegaría a una conclusión, crucial en sus trabajos posteriores, “sentí que las imágenes que aparecen en los surrealistas, las producidas por el automatismo, no es que sólo estén dentro del individuo sino que forman parte de una trama muy compleja de circulación de la información”, citado en www.aizenberg.com. Sumo interés subsiguiente por la ciencia del artista, en especial por nuestras capacidades de creación y comprensión; y por ello entablaría diálogos con científicos de la mente y la genética, a lo largo de su vida.

Roberto Aizenberg

Juntos a otros discípulos de Batlle, en 1954, expuso sus primeros dibujos y pinturas en la Galería Wilensky, entre ellos el señero “Incendio en el Colegio Jasidista de Minsk en 1713” Unos cuantos años después en Galatea sería su primera exposición individual, suma collages, y merece la opinión de Manuel Mujica Láinez, “un pintor de rarísima calidad” J. A. García Martínez, en la Revista Histonium, abril de 1958,  señalaría, “En su generación (los pintores que hoy tienen entre 20 y 30 años), Roberto Aizenberg es quizá el artista de mayor calidad técnica y excelentes medios expresivos. Trabaja con la precisión de los miniaturistas y, como ellos, su interés primordial reside tanto en la perfección y habilidad como en la aplicación de la luz…la base de la obra de Aizenberg es el color. Tiende a la monocromía. A entonar dentro de gamas de un mismo registro. Generalmente, marrones en juegos de matices que logra con grandes síntesis pictóricas. La paleta es reducida: blanco, negro, tierra de sombra, ocre amarillo. En fin, tres o cuatro colores con los que crea paisajes y situaciones de gran sugestión plástica y espiritual. Esa doble fuerza hace de Aizenberg uno de los más serios valores de nuestra plástica más reciente”, en una cabal descripción de la obra, en la primera etapa del artista.

Durante la década del sesenta asienta su trabajo en la línea metafísica de Giorgio de Chirico, conjugándola con los maestros del Renacimiento, y se acerca a la abstracción. Sus característicos óleos, de ciudades y paisajes geometrizados, imperios no visitados pero entrevistos, con personajes minúsculos reducidos a entendidas simbólicas, van en el formato reducido, característico del artista “Padre e hijo contemplando la sombra de un día” (1962) es un ejemplo, en el acervo del Museo Nacional de Bellas Artes. Sucesivas capas de pintura, hechas artesanalmente en su taller, y que obligaban al pintor a realizar varios cuadros  en simultáneo a la espera del secado, eran rematadas con barniz, lo que da una imagen velada, espectral, eterna. Una obra sin título (1971), en el Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, permite apreciar un coloratura y textura particularísima, y adentrarse, en una fantasía nada contenida, con ecos místicos.

Roberto Aizenberg

Di Tella, Terror y Memoria

Una de las muestras existosas del Instituto Di Tella fue en 1967, curada por Pellegrini, “Surrealismo en la Argentina”, con más de 20 mil asistentes durante junio. Era una ecléctica selección que arrancaba con Xul Solar, un “pintor mágico” para Aizenberg, pasaba por Batlle Planas y Berni, los grupos Orión y Boa y terminaba en León Ferrari, Víctor Chab y el propio Aizenberg, entre otros. Los ocho telas de Bobby, como se lo conocía a Aizenberg, destacaban del resto por su coherencia formal y unidad semántica; y en 1969, a pocos meses del cierre de la sala dirigida por Jorge Romero Brest, se presenta la primera antológica, “Aizenberg. Obras 1947-1968” Allí aparecían ya las esculturas del artista en madera, piernas, brazos y extrañas proyecciones arquitectónicas de su pinturas “Sin hacer teoría y sin que le importe la teoría de los demás, menos el juicio crítico, fuere quien fuere, como si cumpliese la tarea de un iluminado”, abría el catálogo Romero Brest, en tiempos que Aizenberg señalaba que  “ser surrealista es desarrollar virtudes de visionario”

Poco tiempo atrás conocería a la poeta y periodista Matilde Herrera, madre de José, Valeria y Martín de un matrimonio anterior. Ellos tres, y sus respectivos cónyuges, militantes políticos, ​ fueron secuestrados por las Fuerzas Armadas luego del golpe de 1976 y todos son detenidos-desaparecidos. Valeria, y una nuera, se encontraban embarazadas al momento del secuestro. Herrera sería una de las fundadoras de las Abuelas de Plaza de Mayo. Aizenberg y Herrera deciden exiliarse en 1977, primero en París, y luego en Milán “Aizenberg llegó, no sin atravesar dramáticas instancias, hasta ese límite más allá del cual sólo cabe el vacío- el color y las formas se habían ido convirtiendo casi en ectoplasmas a punto de evanecerse totalmente en solo un aliento de evidencia- y desde allí fue retornando, enriquecido por esa experiencia extrema, casi un exilio, estrechamente ligada a lo místico. Y sus imágenes posteriores –pictóricas y escultóricas- retomaron corporeidad sin perder por eso nada de su enriquecimiento, los despojamientos casi totales de la encarnadura. Como dijera Matilde Herrera anticipando todo lo que de centro de esa memoria tendría ella en sus obras mismas: “Vendrán entonces ellos, los personajes, y no habrá estremecimientos. Porque ya será claro que toda cabeza puede ser objeto, que cada cuerpo brota hacia formas imprevisibles, que carne y huesos desaparecen dejando lugar al espacio”. Ese espacio que es memoria, el gran tema de Roberto Aizenberg”, en la opinión de Osiris Chiérico, en la Revista ARTINF en 1992, del impacto en la producción del artista de la tragedia familiar. En el Parque de la Memoria de Buenos Aires, Costanera Norte, una escultura del artista recuerda a sus hijos.

Regresaría a Buenos Aires en 1984 y es reconocido con importantes exhibiciones, una en el Centro Cultural Recoleta. Afectado por el fallecimiento de su compañera en 1990, en 1992 encara su última muestra en la Galeria Palatina, con texto en el catálogo de Griselda Gambaro, “estos cuadros están hechos para que los goce y los padezca la mirada, pero también para que el pensamiento y la memoria los sobrevuelen más tarde” El poeta Carlos Barbarito, quien publicó en 2001 las conversaciones con el artista a través de la Fundación Klemm, destaca el dramatismo de las figuras estilizadas enfrentadas, despojadas de curvas, sobre un fondo negro, tal vez prolegómenos de una nueva etapa oscura. Cuando trabajaba en una gran muestra suya en el Museo Nacional de Bellas Artes, Roberto Aizenberg falleció el 16 de febrero de 1996. Y todas las ciudades invisibles volvieron al alma de los hombres y mujeres.

“Roberto Aizenberg fue uno de los grandes artistas de la Argentina del siglo XX, formó parte de su historia; pero ése no debe ser su único reconocimiento -sentencia la crítica de Essex, Dawn Ades, quien exhibiría obra del argentino  en el Hayward Gallery de Londres en 1989- .Su lugar está en la historia global del arte del siglo XX”

Roberto Aizenberg

Dice Roberto Aizenberg

Mi pintura: Cuerno de la abundancia.

Mi pintura: Los colores que conducen al interior de las selvas vírgenes.

Mi pintura: El color del ojo oblicuo del poeta.

Mi pintura: El púrpura rojizo.

Mi pintura: Los colores de las parturientas.

Mi pintura: Retrato de un filósofo.

Mi pintura: Alicia en el país de las maravillas.

Mi pintura: Peligro de vida.

Mi pintura: Salomón y la reina de Jaba.

Mi pintura: Uno de estos días.

Diciembre 1967.  En AIZENBERG. Prólogo Dawn Ades. Texto Victoria Verlichak. Edición al cuidado de Silvia Bloise. En aizenberg.com

Roberto Aizenberg

Dicen de Roberto Aizenberg

“Ambos modos de ser, vacío y lleno, deparaban en su uniformidad pocas sorpresas: y como el dentro era inerte e insípido, lo único interesante que quedaba era el fuera. Del mundo no existía más que una cáscara delgada: todas las formas se podían reducir al tegumento chato, abigarrado y articulado que revestía su engañosa apariencia tridimensional, como una caparazón de crustáceo. Toda presencia física (entre lo viviente y lo inanimado no subsistía ninguna diferencia) se podía descomponer en láminas, losetas, escamas, ensambladas por presión recíproca como las duelas de una barrica que se sueltan si se rompen los cercos de hierro que las sujetan.

Que en un mundo así dominara la madera (alfajías cepilladas, tarugos macizos) o el metal (en láminas o en lingotes), es cuestión secundaria. Más importante sería saber cuáles eran las pasiones dominantes –ambición, angustia de soledad, arrebato de crueldad, de aniquilamiento, deseo de posesión, nostalgia- que agitaban los corazones, llenos o vacíos.

Hay quien dice que todo era como esto. Hay quien dice que aquel mundo no es sino éste donde habitamos nosotros, que no lo sospechamos distinto de lo que debería ser, y no nos damos cuenta de nada. Hay quien dice que Bobby Aizenberg supo todo esto, y que se ve al mirar sus dibujos”

 

 

Imágenes: Web oficial del artsita y Facebook Roberto Aizenberg.

Fuente: Italo Calvino. Lo vacío y lo lleno. Traducción de Aurora Bernardez del texto para la muestra de Roberto Aizenberg en Galería Il Naviglio, Milán, 1983. Publicado en Aizenberg. Dibujos. Buenos Aires: Galería Jorge Mara-La Rouche. 2014

 

Fecha de Publicación: 22/08/2021

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