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Revolucionando el folklore, con tonada cordobesa

Conmemoramos el nacimiento de una de las personalidades icónicas del folklore argentino. Un personaje clave de la historia argentina, cordobés y bailarín de alma.

Arte y Literatura
Folklore

Santiago Ayala es un cordobés que revolucionó el mundo del folklore. Tanto en la danza como en diferentes aspectos del arte argentino. Por eso, se lo recuerda con amor y admiración. Este artista, más conocido como El Chúcaro, nació el 16 de octubre de 1918 y se desenvolvió como un excelente bailarín y coreógrafo argentino. 

El Chúcaro fue reconocido internacionalmente, y hasta la actualidad le rinden homenaje desde lugares de todo el mundo. Logró fundar su propia compañía en los años 1950 y, en la década de 1980, concretó su proyecto de crear un Ballet Folklórico Nacional, realizado por decreto-ley del Presidente Raúl Alfonsín en 1986. En plena vuelta a la democracia, luego de los tiempos del terror, su baile se convirtió en música para los oídos del pueblo. En sus performances logró expresar la necesidad de libertad anhelada por todo un pueblo. Durante cuarenta años, hasta su muerte en 1994, formó una pareja histórica con Norma Viola. Esta dupla incondicional fue parte del repertorio cultural argentino, en espectáculos, shows y conmemoraciones.

Breve cronología de una estrella

Ayala nació en el barrio San Vicente, icónico de la ciudad de Córdoba. Aprendió a leer a los 12 años, cuando su abuela Clara lo llevó a la escuela por primera vez. Y trabajó hasta los 17 años en el campo, en Capilla de los Remedios, como alambrador. A sus veinti y tantos vivió en un momento clave para la música folklórica. Fue a mediados de la década de 1940 que la música folklórica argentina comenzó a ser difundida por los medios de comunicación nacionales. Y conocida por todo el país como símbolo de la patria y la bandera. En 1950, se dio el llamado boom del folklore. Para esta época Ayala ya había adoptado el nombre artístico "El Chúcaro". Y era conocido en el ámbito. Este cordobés formó su primera compañía con la bailarina española Dolores Román, llamada "El Chúcaro y Dolores". Luego compartió con Norma Blanca Ré y formó familia. Tuvo dos hijas: Amancay y Gabriela, que se convertirían en la perdición de sus días.

En 1953 funda la Compañía de Arte Folklórico, que sucesivamente se denominaría Ballet Folklórico Argentino y luego Ballet Popular Argentino. Esta institución sería llevada a cabo por El Chúcaro junto a Norma Viola, con quien formaría pareja de baile desde entonces hasta su fallecimiento cuatro décadas después. Compañeros inseparables en los escenarios y en la vida, El Chúcaro y Norma le regalaron al pueblo argentino sus mejores pasos.

Bailando entre letras y cultura

Desde sus primeras letras interpretadas, se convirtió en un lector imparable. Su carrera como lector y como coreógrafo van en paralelo. Durante su trayectoria artística, El Chúcaro diseñó unas ciento sesenta obras coreográficas. Y en su biblioteca descansaban 3000 libros, la mayoría leídos por él. Un erudito del folklore, la geografía y varias disciplinas que lo abrazaban como la antropología y los idiomas. Toda su vida, marcada por el hambre de conocimiento. Todos sus libros y su sabiduría se reflejarían luego en la planificación de cada una de sus coreografías.

De las 160 coreografías varias se consolidaron como performances clásicas. Bailó hasta los 70 años, y la muerte lo alcanzó en uno de sus pasos. No solo fue un bailarín destacado, sino también una figura icónica en la vanguardia artística. Se codeaba con expertos del ámbito musical de todo el mundo y utilizaba sus conocimientos para producir piezas magníficas.

Palabras mágicas para una danza única

Hernán Rapela lo recuerda y describe con versos que ni la mejor de sus coreografías lo hacen. Sus palabras, de un ternura inalcanzable, son las siguientes:

Conocí un varón que fue mago, arquitecto y bailarín. 

Astronauta en su estrella y cacique de la pampa.

Un hombre sin caballo jineteando anaqueles, tropero sin hacienda.

Su estampa fue una luz del nuevo Norte. El Oeste de su ingenio una cordillera de talento.

Cruz del Sur para orientar su destino.

Y las frescas brisas del Este sugiriéndole esperanzas.

El Chúcaro existió.

Yo lo vi y fui su amigo.

 

Fecha de Publicación: 16/10/2020

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