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Osvaldo Soriano habla de nosotros

La obra literararia y periodística de Soriano cruza las fronteras sin documentos. Ajeno a las modas y los críticos de pedigree, sus historias reviven la aventura de un mundo más justo.

Arte y Literatura
Osvaldo Soriano

Osvaldo Soriano (Mar del Plata, 1943 – Buenos Aires, 1997) es un escritor y periodista argentino que potencia la memoria argentina de fin de siglo con una crítica de las injusticias y los desamparos contemporáneos, sean políticos o existenciales. Auténtico best seller, lleva vendidos más de un millón y medio de libros, se manera de entender la literatura, en alegorías que comprometen a la realidad, generaron agrias disputas en el público y la crítica, varias en el prejuicio de que un autor mimado de las editoriales no podía escribir “bien” O que la revalorización de la cultura popular, el fútbol o los géneros masivos como el policial o el grotesco, no eran combustible de la literatura “No soy el primero que viene de otro lugar. Fue -Albert- Camus el tipo que dijo que “en una cancha de fútbol se juegan todos los dramas humanos. El que no entienda eso, no entenderá nada de literatura “. Ahora, claro, una cosa es que lo diga Camus y otra que lo diga yo. Entonces uno se siente como alguien raro frente a los que te reclaman las razones a las que obedece tu literatura, el proceso de creación”, se defendía Soriano en una entrevista a la revista “La Maga” en 1992. En el país de Roberto Arlt, no necesitás defenderte Osvaldo, y vaya duro con un cross a la mandíbula de la hipocresía y la tilinguería.

Nacido de una familia de constantes mudanzas, Soriano transcurre su infancia en Cipolletti, Río Negro, su Far West, “Era un nueve de punta”, recordaba a la revista “El Gráfico” su participación en el equipo de fútbol de la ciudad hasta 1961, “Alguna vez me pusieron de ocho pero fui un desastre. Para el nueve todo el panorama de la cancha se reduce al arco y las rayas. Si levantás la vista y tenés cuarenta metros por delante te querés morir. No sabés qué hacer. Eso le pasaba a los nueve de entonces y supongo que les debe pasar a algunos de ahora” Un nuevo traslado del padre catalán inspector de Obras Sanitarias y la familia se asienta en Tandil, terminando la incipiente carrera deportiva de Soriano -aunque probaría una última vez sin suerte en Independiente. Amante de la redonda, fanático de San Lorenzo, comienza a colaborar en el diario “El Eco de Tandil” en deportes y escribe algunas crónicas de extraños personajes bonaerenses, en una afición por los marginales y perdedores que duraría la obra entera.

A principios de los setenta se encuentra en Buenos Aires y participa de las principales redacciones como la revista “Primera Plana” y el diario “La Opinión”, cuyos artículos serían seleccionados posteriormente en “Artistas, locos y criminales” (1983) En 1973 aparece “Triste, solitario y final”, un homenaje a su influyente Raymond Chandler, y donde enlaza los destinos del Gordo y el Flaco con Philip Marlowe y un fantasma del propio Soriano. La atmósfera cargada de melancolía pero también de un humor irónico y amargo será otra marca. Por la intensidad de esta novela parece el trabajo cumbre de un escritor consumado, aunque Soriano admite que recién a los veinte comenzó a leer novelas de aventura del tipo de Emilio Salgari, o las primeras de su admirado Adolfo Bioy Casares y cuentos de Horacio Quiroga. En simultáneo inaugura el ninguneo de la crítica pese que a las pocas semanas llevaba vendidas más de 50 mil copias y fue inmediatamente traducida a doce idiomas.

Aquel texto marcó un quiebre en la producción propia porque a partir de allí Soriano se suma a la literatura denominada “crítica del presente”, que abarca la experiencia de los años setenta, y avanzaba en los ochenta, en sus derivas, muerte, desapariciones, exilio, ostracismo y, al fin, retorno de la democracia. Participan de esta tendencia también David Viñas, Ricardo Piglia, Antonio Dal Masetto y Jorge Asís, entre tantos. Soriano sufre en carne propia la persecución y marcha al exilio en 1976 mientras se prohibe su obra en Argentina. En París conoce a su esposa Catherine, madre de su único hijo Manuel. Allí participa en una sostenida denuncia de los vejámenes perpetrados por las dictaduras militares latinoamericanas, en compañía de Julio Cortázar. E inicia una fructífera colaboración con medios españoles, franceses e italianos, algunos de los artículos recuperados, entre otras antologías periodísticas, en “Rebeldes, soñadores y fugitivos” (1988) -atención: aquí aparece Míster Peregrino Fernández, no diga que no le avisamos- Ya en en el Viejo Continente publica “No habrá más penas ni olvido” (1978), inspirado en el inmortal tango de Carlos Gardel, y que estrena las fábulas sin moralejas del escritor sobre los complejos vectores de la realidad argentina, en lo que para algunos puede ser una simplificación “la eterna lucha de los buenos (los honestos peronistas de la primera hora, los jóvenes) contra los malos (los advenedizos, la burocracia sindical y política, las bandas armadas)”, analiza María Teresa Gramuglio. En Colonia Vela la desquiciada madeja ideológica del peronismo de los setenta parece reducida a una grotesca pelea entre un borracho preso, un loco, un comisario, el piloto de un avión fumigador y un viejo empleado municipal. Pero decir eso equivaldría a creer que los fracasos del yrigoyenismo, el primer movimiento popular argentino, es reducido por Arlt a los tumbos y tumbos de Silvio Astier en “El juguete rabioso” Quien lea estas líneas, saque sus propias conclusiones, o maldición eterna. Unos años después sería plasmada en el cine por Héctor Olivera, premio Oso de Plata en Berlín, que también adaptaría “Una sombra ya pronto serás” (1990) La letra de Soriano respira cine por los blancos de los renglones y pocos escritores argentinos son tan visuales, poco afecto a los juegos verbales Osvaldo, en eso también una marca de sus gustos por la literatura norteamericana.

“Cuarteles de invierno”(1980), que completa la tarea de someter al peronismo y los setenta a la comedia bufa y la épica de los pequeños grandes perdedores, “A sus plantas rendido un león” (1986), aventuras ambientadas a una África que se parece tanto a la Argentina, “Una sombra ya pronto serás” (1990), su novela de los caminos que denunciaba el neoliberalismo menemista,  “El ojo de la Patria” (1992), o cómo las instituciones y los medios tergiversan la historia de un pueblo, y la autobiográfica “La hora sin sombra” (1995), constituyen el sólido legado soriano a la cultura argentina. En el medio el prestigio de Soriano se acrecienta en el mundo entero, en Italia sus novelas están entre las mejores de cada año, y en el país participa del proyecto fundador del diario “Página/12”, con la dirección de Jorge Lanata. La pluma de Soriano podía escribir en un diario de importante tirada en 1991, a partir de los 80 años de su amado Ciclón y sus recientes temporadas negativas, descenso incluído, “No nos vendría mal un exorcismo para saber si el tal padre Lorenzo era en verdad un cura o una criatura del diablo que todavía está incrustada en las pobres almas de aquellos chicos de México y Treinta y Tres. Para empezar la ceremonia hace falta que alguien encuentre la pelota de tiento de Gianella le vendió a Monti y aquel sello de goma de los Forzosos de Almagro que Luisito guardaba como la única seña de identidad de una barra que todavía no era tan grande ni tan brava como la pintan ahora” Gran aventura en el quiosco de tu barrio.

Los noventa son para Soriano danza de grandes cifras, y editores, disputando su firma. España, Italia, Alemania y Francia publican en simultáneo sus últimas novedades. Es una estrella en feria del mundo que pise. Se rumorea la oferta de un millón de dólares por su catálogo en 1992, que suma pensemos escasas cinco novelas en veinte años. Las últimas producciones literarias superaron los cien mil dólares de adelanto, algo inusual en el mercado argentino. Hablamos de cifras porque son variables también para entender el prurito intelectualoide, o la “soriasis”, un granito en donde no pega el sol de las viudas del canon argentino. O recreemos una escena digna de sus tramas rocambolescas: aún no había definido sello para “El ojo de la Patria” pero decidió por lealtad a Sudamericana entregarles el original…a las cinco de la mañana, de finales de octubre, en un disquete que pasó por debajo de la puerta de la calle de la editorial. A los cinco de la tarde ese mismo día llaman felices de Sudamericana con la compaginación y diseño finiquitados, y con las imprentas en marcha para el lanzamiento de miles de ejemplares,  la última semana de noviembre. Esa velocidad nunca pasó, ni pasará, en el mundo editorial argentino.

Fallece de cáncer el 29 de enero de 1997 y sus restos descansan en el Cementerio de la Chacarita de Buenos Aires. Lo que no descansa es la polémica sobre su obra en cada aniversario, tal cual quedó documentado en 2007 en el cruce áspero entre un cercano Guillermo Saccomanno y Beatriz Sarlo en el suplemento “Radar” El motivo fue una supuesta humillación de los alumnos de la Filosofía y Letras de la UBA frente a un escritor que “ni había terminado el secundario”, hecho que en verdad nunca ocurrió. Sin embargo la polémica, en la cual intervinieron también Osvaldo Bayer y Ricardo Piglia, demostró que aún las puertas del Olimpo Literario Nacional no se abren para Soriano. Arlt tuvo que esperar casi medio siglo. Aunque seguramente a ninguno de los dos escritores le importaría mucho, ellos grandes demoledores de mitos nacionales.

 

Dice Osvaldo Soriano

“En aquellos tiempos festejábamos “Las hamacas voladoras” -de Miguel Briante- y “Siete de oro” – de Antonio Dal Masetto- Empezábamos a tomar temprano en El Cañón del Bajo y terminábamos con escándalo de trompadas (recuerdo varios) en el Viejo Ramos o en alguna comisaría. Una vez, con  Briante, nos despertamos en la Recoleta, del lado de adentro del cementerio. No teníamos una explicación muy sólida y fuimos a parar al calabozo. Tal vez soñábamos con Hemingway y con Scott Fitzgerald, no sé: solo éramos nosotros, nos reíamos de todo, y no sabíamos que maduraríamos entre la sangre y el fuego” en la reseña de “Oscuramente fuerte es la vida” de Antonio Dal Masetto. Citado por C. E. Feiling en Con toda intención.Buenos Aires: Sudamericana. 2005

 

Dicen de Osvaldo Soriano

“Soriano hablaba de nosotros, con nosotros, por nosotros. Nos devolvía el idioma de todos los días convertido en literatura, en una visión del país que era también visión del mundo, y de ahí su éxito internacional. (...) Para nosotros Colonia Vela (psicogeografía de “No habrá más penas ni olvido”) fue un pueblo cualquiera y todos los pueblos del país. Para el mundo, Colonia Vela fue un microcosmos de la corrupción y la miseria de la sociedad occidental. Pero también fue, para todos, más que eso, porque de otro modo no habría sido gran literatura: ese lugar aleph donde se concentra el universo entero, la revelación de la condición humana” Ana María Shua para el suplemento Radar, 2007. Cita de Verónica Tobeña en https://journals.iai.spk-berlin.de/index.php/iberoamericana/article/view/119/779

 

Bonus track: Osvaldo Soriano inédito

“Así me habló mi padre, consciente de que algún día escribiría sobre él. Ahora, cuando pienso que corre por ahí y que mi novela le corre detrás, me siento obligado a buscar una verdad que no es la suya, ni la de su historia, sino la mía propia. Eso quería él. Los dos sabemos que es una tarea inútil, que la verdad es al mismo tiempo absoluta y relativa, como el Dios tan temido….¿Es por eso  que en el capítulo anterior lo dejé en la isla de Richter -el ingeniero austríaco que prometió la bomba atómica a Perón- , vacío y desolado? Tengo la impresión de que cuánto más sé de él, menos lo conozco. Y también a la inversa: más lo conozco, menos sé ¿Importa, acaso?” fragmentos seleccionados de dos capítulos inéditos de su última novela, La hora sin sombra (1995). Publicado en separata en 1997 con el diario “Página/12”, sin reimpresión

Fecha de Publicación: 06/01/2021

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