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No entiendo nada de arte, ¡pero me gustó!

No hay obra de arte sin observador y viceversa, aunque sea en un idioma que no conocés en profundidad, disfrutala.

El ojo sabe, reconoce la belleza, pero no estamos acostumbrados a disfrutar la pintura a través de él. Ahora bien ¿cómo definimos la belleza? Resulta algo complejo, y hasta soberbio, pensar que podemos decir “esto es bello y esto no les”. Porque entramos en el terreno pantanoso de lo subjetivo. Más aún, en los tiempos que corren, en que los conceptos (o pre-conceptos) se desdibujan frente a las nuevas estructuras de ideales colectivos. En todo sentido, los paradigmas de lo que es aceptado como bello están cambiando a partir de una premisa básica: la libertad de pensamiento, salir del molde, romper cualquier estructura de pensamiento que se perciba como impuesta por el sistema.

El que sabe, sabe. Y el que no, observa.

Y el arte, en este caso puntual, la pintura como expresión del mismo, también podría ser foco de análisis bajo la perspectiva de la “nueva belleza”. El conflicto es explicárnoslo, reflexionar según prejuicios, pautas culturales, y el creer que no estamos preparados para tal experiencia visual. La excesiva valorización bloquea e inhibe. Esto pasa más seguido de lo creemos, solemos terminar frustrados ante una pintura, seguros no entender, faltos de herramientas que ayuden a conectar con la imagen observada. Y lo peor de todo, es que en la mayoría de los casos se debe más a una autolimitación. ¿Acaso sentimos que rendimos examen? ¿Para opinar o dar el veredicto personalísimo es necesario ser experto en la materia? La respuesta es no, no hace falta convertirse en curador de arte para mirar y opinar.

Si te gusta y produce un regocijo, ¡vale!. Más aún, si fue derecho al corazón,si la obra te conmovió, listo. Nada más que agregar.

Aunque el arte no es una ciencia exacta, su valorización artística es medible a través de conocimientos puramente técnicos, que lo convalidarán en su dimensión. Pero su estudio debería quedar para quienes estudiamos este oficio. Aclaro este punto, para que no se confunda la idea de el arte como patrimonio de la humanidad con la de no hace falta saber ni capacitarse. Todo lo contrario, los estudiosos del tema aportan gran valor, colaboran en la tarea de perpetuar dicho patrimonio.

Que sea “obra de arte”, y trascienda, ya es menos explicable

La condición de obra genial, elegida para pocos cuadros y artistas, como "La Gioconda" de Da Vinci o "La Crucifixión" de El Greco, entre pocos, se mide, tal vez, como una  experiencia mágica. ¿Tuvo conexión con Dios? ¿Intervino la mano de Él? Se necesitarían misteriosas explicaciones. Deberíamos aceptar ideas pre-concebidas de una divinidad y de la posible conexión del artista con esa fuente de energía suprema. O creer en los dones y talentos como regalo divino, incluso pensar en que quienes fueron tocados por “la varita mágica” llevan el dote a través de sus muchas existencias. ¿Cómo explicar de otra manera a los niños prodigio? Conocemos la historia de muchos artistas dueños de un talento increíble ante la mirada del ojo crítico que apenas se prepararon, nacieron así, “lo trajeron de otra vida”.

Acortar distancia

No hay obra sin observador y viceversa. El consejo es que te permitas entrar en el juego, y así, sin prejuicio, como los niños ante lo nuevo, dejarte sorprender. Volver a la capacidad lúdica de la sorpresa y encantamiento. Recorrer la obra como hacés con la música., permitiendo que te lleve. Que, aunque sea en un idioma que no conocés en profundidad, la bailás o disfrutás placenteramente.Porque no buscas entenderla, a la música la sentís, dejas que los sentidos sean un puente y lo atravesas, o mejor dicho, dejas que te atraviese. De eso se trata, permitir que la pintura traspase y acorte la distancia con el observador.

Mirá arte.

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