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Martín Ron: la ciudad como lienzo

El muralista argentino Martín Ron está considerado uno de los 10 mejores del mundo. Declarado como personalidad destacada por la Legislatura porteña, sus obras llenan de vida más de 300 paredes en distintos lugares del planeta.

Convertir la ciudad en un lienzo: el muralismo combina una función estética con otra social, en la cual el arte deja de estar en los museos y sale a las calles. De esta manera, el arte nos pertenece a todos, ya no corresponde solo a algunas clases ilustradas como en el pasado. Esa revolución absoluta que genera el arte urbano tiene como protagonistas a los muralistas, artistas plásticos que poseen la impactante habilidad de generar piezas de gran tamaño que cambian radicalmente la fisonomía de las ciudades.

En la Argentina, Martín Ron se ha convertido en un emblema de este arte a gran escala. Y no solo eso: sus murales decoran paredes alrededor del mundo y es considerado uno de los 10 mejores del mundo en su rubro. Esta es su historia.

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Nacer con el don

Martín nació en 1981, en el oste del conurbano bonaerense, más precisamente en la localidad de Caseros. Ni sus padres ni sus dos hermanos menores se dedican al arte. Él, solito, descubrió bastante pronto esa habilidad casi innata para la pintura y una creatividad que lo rebalsaba. Desde pequeño, los lápices, los crayones y cualquier elemento que le permitiera dibujar fueron sus pasatiempos favoritos. Al ver esta predilección, lo mandaron a clases de dibujo, donde resaltó desde el primer momento.

En el colegio, era el encargado de pintar las escenografías para los actos escolares. Nadie podía creer lo que podía hacer este chico con unos pinceles; por lo que, cuando estaba en el secundario, le encargaron también que pintara el jardín de infantes. Eligió a un par de amigos como asistentes y dio rienda suelta a su arte en esas paredes vacías. Con lo que ganó por ese trabajo, se pagó el viaje de egresados a Bariloche. Esa fue la primera vez que vio que pintar murales podía convertirse en un trabajo en serio.

Sin embargo, para alguien que crece en el seno de una familia de clase media, buscar una carrera “con salida laboral” es lo primero en lo que se piensa cuando llega el momento de decidir “qué vas a hacer con tu vida”. Fue así como se anotó para estudiar Ciencias Económicas y lo de pintar paredes pasó a ser un hobby. Un hobby que le gustaba cada vez más.

Estudiaba, trabajaba con su madre —que es contadora— y pintaba en sus tiempos libres. Le tomó tres años darse cuenta de que lo suyo no eran los números y abandonó la carrera. Fue la mejor decisión que podría haber tomado. Pronto estaba pintando las paredes de su barrio, en el Partido de Tres de Febrero, donde los vecinos le prestaban sus muros para que él hiciera su magia. Y el entorno se transformó por completo.

Su trabajo no pasaba desapercibido, y comenzaron a invitarlo a pintar murales en distintos lugares. Pronto supo que eso era precisamente lo que quería hacer el resto de su vida. Hoy, las obras de Martín adornan más de 300 paredes en distintos lugares del mundo: Buenos Aires, Córdoba, Nueva York (EE. UU.), Miami (EE. UU.), Londres (Inglaterra), Bristol (Inglaterra), Tallín (Estonia), Moscú (Rusia), Penag (Malasia), Tumby Bay (Australia), Bremen y Glauchau (Alemania) son tan solo algunos de los sitios donde se puede disfrutar de su arte.

Arte con consciencia

A sus 40 años, Martín Ron ya es toda una leyenda en el muralismo. Sus obras a gran escala se destacan de otras por la utilización de técnicas 3D que aumentan el realismo y la expresividad de los dibujos. Además, no usa aerosoles, como algunos de sus colegas, sino brochas y rodillos. Sus obras no solo son impactantes y de una belleza increíble, también están acompañadas por un mensaje social: el arte como una herramienta de comunicación, como una forma de crear consciencia. Por todo esto, recientemente fue declarado personalidad destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

Martín Ron es una de esas personas que, tal vez sin saberlo, llegaron para hacer del mundo un lugar un poquito mejor. Si levantar la vista y ver uno de sus murales nos saca una sonrisa y nos llena de emoción, sin dudas el trabajo ya está hecho.