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María Cabeza nos habla de su último libro

La columnista de SerArgentino.com y ganadora del reconocimiento “Embajadora de la Palabra”, cuenta todo sobre su último libro, "Huellas Demenciales", en una entrevista exclusiva.

Por Mick Camaño para Los Angeles Times en español 

 

María Verónica Cabeza nació en Quilmes, Buenos Aires en 1966. Después de graduarse como Traductora de Inglés, retomó el camino de la escritura iniciado desde sus 12 años. Además, es lingüista y publicista, dedica su vida a las letras y a ayudar a difundir la obra de grandes artistas y personas a través del lenguaje escrito.

Su labor la hizo merecedora del reconocimiento “Embajadora de la Palabra”, de la fundación César Egido Serrano, Museo de la Palabra (Madrid) en los años 2019, 2020, 2021 y forma parte de Poetas del Mundo, un movimiento originado en Chile y expandido mundialmente. Es publicada internacionalmente y respetada por su trabajo minucioso y por escribir “desde el alma”.

 

Aquí la entrevista

María Cabeza es una mujer que no está sola, la acompañan sus miles de aristas que la convierten en una persona que genera curiosidad. Una mujer niña, interesante y muy inteligente. Confieso que también siento cierta inquietud, estoy frente a una mujer muy dulce pero bien plantada y eso, desequilibra.

 

¿Qué es ser escritora? ¿Usted cree que un buen escritor publica libros?

Si uno escribe, es escritor, así como quien pinta es pintor. Publicar no lo convierte a uno en escritor.

 

¿Existen los malos escritores?

No me agradan los términos “bueno”, “malo”, “normal”. Hay quienes tienen una manera de expresarse más amena, más amigable, otros lo hacen con terminología más rebuscada ( y a veces creen que eso les da cierta categoría de élite). Estoy convencida de que la obra la termina el lector.

 

¿Cuándo comenzó a escribir?

A los 12 años. Tenía un diario que también ilustraba. Jugaba a la maestra y hacía miles de pruebas de lengua y luego las corregía. Allí se juntaron por primera vez la escritora y la editora.

 

¿Cuáles son sus estudios?

Me recibí de traductora de inglés en la USAL (Buenos Aires, Argentina) y soy lingüista. Luego cursé PNL y ontología. También me faltan algunas materias para finalizar periodismo. Hice un curso de yoga para niños en California y me perfecciono constantemente en el idioma inglés. Estudié en un colegio bilingüe y luego en Inglaterra.

 

¿Qué le gusta hacer en su tiempo libre?

El freelancer no tiene tiempo libre, la verdad es que se trabaja de lunes a lunes las 24 horas, pero, en los huecos, me gusta estar con mi hijo (Santiago tiene 16 y compartimos lo que podemos ya que es un adolescente y no hay que invadirlos), con mis perros Chicho y Emma, con la naturaleza. Escucho música, bailo y canto. También medito, leo y vuelo. Imagino, sueño despierta.

 

¿Qué sueña?

Es un sueño recurrente pero despierta: pienso en un mundo mejor y cómo llegamos a este caos en el que estamos inmersos.

 

¿Qué se responde?

Nada extraordinario, debo decirle, no voy a sorprenderlo. Simplemente el ser humano es destructivo, corrupto y amoral. Cuando sale la mejor versión de esa “ensalada”, cuando se la condimenta con empatía, honradez y amor, se neutraliza la bomba. Podemos crear cosas maravillosas, animarnos a ser buenos animales y ver que existen otros, además de uno.

 

¿Está satisfecha con lo que ha logrado?

No sé a qué se refiere.

 

Es una escritora publicada internacionalmente, sus entrevistas son buscadas, las personas quieren que las entreviste, ha escrito sobre temas diversos, es pintora y ayuda a varias ONG gratuitamente.

¡Guau!¡ Gracias! ¡Acabo de enterarme de que había hecho semejante lío! Mi padre debe estar feliz, éramos compinches de aventuras. Estoy satisfecha y feliz porque soy una buena persona. Lo digo sin pudor alguno; no me gusta la mediocridad de quien no puede verse como alguien bueno. Yo lo soy. Como soy curiosa y obsesiva nunca estoy del todo conforme. Todo un tema el de los estándares inalcanzables, pero lo hablo en terapia. Mi padre decía “Las cosas se hacen de dos maneras: bien o bien”.

 

¿Cómo era su relación con sus padres?

Mi madre tenía ganas de acercarse, pero entendí que no podía, mi padre era mi compañero, me enseñó a usar el sentido práctico y me educó con la impronta de la palabra empeñada. Soy una mujer de palabra. Era un poeta escondido detrás de una imagen dura, de hombre casi impenetrable. Su muerte me dejó desolada, sin familia.

 

¿De qué trata su libro, Huellas Demenciales?

Puedo decir que es el monólogo de una mujer que está en la cama con su marido. Está situado en España y le cuenta historias, recuerda su exilio, su infancia. No quiero contar yo, quisiera que el lector se adueñe del libro. Es un cuento corto, en realidad, con tapa y prólogo del maestro español Francisco Hernández, ¡Pintor y escritor de aquellos! Un ser muy generoso y talentoso.

 

¿Y el título?

Yo dejo que mis manos se deslicen y dibujen letras que luego forman oraciones y, a veces, un escrito. Lo mismo me pasó con el título: apareció. Ahora si usted me pide un análisis pues Huellas es claramente todo aquello que ha dejado una marca en las personas-en mí también- y Demenciales, pues tiene dos respuestas: una es que hay experiencias que nos dejan un poco alterados, heridos tan profundamente que el dolor roza con la locura; la otra es que cada uno de nosotros está un poco loco. No es necesariamente una mala palabra, la locura ayuda a escapar de la salud mental engañosamente sana (la aprobada por un sistema donde el que es diferente está enfermo) pero evidentemente nociva.

 

¿Cómo ve a la Argentina?

Primeramente, quiero decir que eso de que somos el granero del mundo, que somos generosos, ya no lo compro hace rato. Mi país es hermoso: tiene la belleza de la naturaleza reflejada en la diversidad de los paisajes, climas y vida silvestre. Los que fallan no son los gobiernos, no estoy de acuerdo con eso. Es un facilismo. Considero que los argentinos – no todos- somos poco serios, no nos decidimos a tener un país creíble, nos falla la memoria histórica y cometemos una y otra vez los mismos errores. La equivocación no está en el voto (esperar todo de cualquier gobierno - no importa de qué partido- es un lugar cómodo). La responsabilidad está en cada uno de nosotros. Además, no somos una nación, no existe el ponerse en el lugar del otro, cosa que en otros países a los que criticamos, sí se da. Sin aunar criterios con madurez y sensatez nunca vamos a crecer como seres humanos amorosos, y sin amor, compasión ni honradez pues no viene la bonanza económica. A mi entender.

 

¿Estuvo casada y se divorció?

Estuve casada 15 años, soy ex víctima de violencia doméstica. Gracias a Dios pude divorciarme, pero la ley contra la violencia doméstica no funciona, en la mayoría de los países. No hay que bajar los brazos, yo ayudé a víctimas desde mi lugar, solamente les decía qué funcionaba y qué no y que pidieran ayuda: yo lo hice. Y la llamo doméstica porque no existen solo mujeres maltratadas, hay hombres, niños y abuelos maltratados.

 

¿A favor o en contra del lenguaje inclusivo?

No lo registro.

 

¿Cree en el amor?

Creo en la amistad como vínculo que puede ser eterno. Ni siquiera Eric Fronm pudo definir el amor.

 

¿Los hijos?

Ser madre no es obligación y he leído sobre el instinto y coincido con que una mujer tiene derecho a elegir NO tener hijos. Dicho esto, en mi caso, soy la Mafalda de Quino: ser mamá me llenó esos agujeritos vacíos que tenía en mi alma. Mi hijo me permitió expresar todo mi caudal de cariño y bondad hacia él y hacia otros. De hecho, mi especialidad son niños y adolescentes. Fui madre grande para estas épocas, a los 38. La razón fundamental fue el miedo a no ser lo suficientemente buena o ser distante como mi madre. Ya pasé esa prueba.

 

¿El periodismo?

Voy a ir al hueso: hay excelentes periodistas y otros- no recibidos- que trabajan con responsabilidad y creatividad. De mi paso por el periodismo me quedaron algunos considerandos que, a veces, hoy no se cumplen y yo intento aplicar (quizá no lo logro y pido disculpas si lo que escribo no se ajusta a esas reglas básicas). Son:

entre otras…


¿Cree en Dios?

Sí. También en otros dioses con otros nombres, pero, en definitiva, todos quieren algo parecido a la paz, la igualdad, el vivir en un mundo más espiritual y hacer el bien. Desterrar las guerras, la discriminación, el hambre. ¡Hay tanto por hacer!

Estamos en ese camino, eso me da cierta paz, sobre todo de noche, cuando miro al cielo y hablo con la luna.

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