Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Lucrecia Plat. “Nunca me puse en el rol de artista de la fotografía”

Uno de los secretos mejor guardados de la fotografía argentina tiene su merecido homenaje en Baphoto21 del 15 al 17 de octubre en la Casa Basavilbaso.

La carrera de Lucrecia no fue fácil. Tanto que en una discusión en el seno de la  familia Plataroti, ante la negativa paterna de que sea “chasirete”, plomo de fotógrafo, contestó desafiante, “No te preocupés, nadie va a saber que soy hija tuya” Y nació Lucrecia Plat. Con su lente, “una laburante antes que fotógrafa”, recorrió  todos los ambientes posibles, las cumbres de la literatura tomando fotos inusuales a Roberto Juarroz en la cornisa de la vieja Facultad de Filosofía y Letras, o descendiendo a las profundidades, retratando la fiesta de pocos de la elite argentina durante la dictadura. “Lucrecia fue siempre consciente del valor testimonial que tendrían sus imágenes”, enfatiza el curador Francisco Medail de la fotógrafa que en la segunda década de los dos mil empezó a revalorizarse con muestras relevantes, “Alejandra Pizarnik” en la Librería de Mujeres, “El humo entra en tus ojos” en la Galería Vasari y “Máxima Reserva” en la Fotogalería del Teatro San Martín, una mirada lúcida en la vida de los argentinos del último medio siglo, Lucrecia nunca dejó de disparar el obturador, “Hoy las mira y lo vuelve a comprobar , aunque nunca imaginaría que le harían un homenaje en una feria de arte” Volver a mirarnos junto a los ojos de Lucrecia es la invitación en la nueva edición de la feria internacional de fotografía BAphoto en la Casa Basabilvaso, la coqueta mansión del barrio de Retiro, del 15 al 17 de octubre, y con entradas y actividades virtuales gratuitas en buenosairesphoto.com

P: ¿Cómo empezó la nueva vida de Lucrecia Plat como artista de la fotografía?

Lucrecia Plat: Arrancó cuando un amigo de mi hijo desde el Jardín de Infantes, el fotógrafo Bruno Dubner, quiso revisar mi archivo. Así pasó casi dos años, una vez por semana, trabajando en mis cajas. Ahí fue la revelación de mi vida. Nunca tuve la mirada del otro. Sabía que las fotos era buenas, algún día iban a salir a la luz, pero yo siempre sacaba la foto para ganarme el pan y ya. Nunca me preocupé por ese archivo personal, no por un complejo, ni nada, sino porque no tenía el interés. Entonces Bruno me propone exponer en la galería Vasari para un Festival de la Luz. Hubo alguna repercusión y quedó. Después, a los años, yo tenía un viaje a Europa con unas amigas, muy armado, iba a visitar a mi nieta, y viene Bruno anunciándome que iba a reinaugurar la Fotogalería del Teatro San Martín. Ya ya tenía todo armado, así que lo único que me preocupó, además de dejarle el balurdo a Bruno, fue en tener una linda ropa de allá para cuando visité luego la muestra (risas)

La generación dorada

P: ¿Siente que pertenece a esa maravillosa generación de fotógrafos de los sesenta como Alicia D´Amico y Sara Facio?

LP: No. Y te voy a explicar por qué. Nunca me creí la fotógrafa. Yo era una laburante, que un día podía ser fotoperiodista, y otro sacar las fotos de un casamiento. Yo vivía de mi trabajo para mantener a dos chicos. Nunca me puse en el rol de artista de la fotografía. De golpe, más adelante, hice algunas cosas ingeniosas, buenos trabajos. En mis primeros pasos con mi marido Juan Carlos Martelli, que era escritor, y que me ayudó bastante, hice el ensayo “Transacrílico” para la revista Cuadernos de Mr. Robinson en el 67. Pero después, una vez separados, tuve que dejar esa veta para mantener a los chicos.  Así que recién cuando armé una efímera agencia en los noventa volví a las fotos más artísticas, si querés, como la serie de las Carteras.

P: ¿Cómo fue aquella tarde de 1969 con Alejandra Pizarnik?

LP: Mágica. Me envian de Centro Editor de América Latina, trabajé de 1965 a 1990 con ellos, y pasamos una jornada maravillosa con Alejandra. Hubo un enganche inmediato. Las fotos que se ven en la Casa Basavilbaso son las que pude recuperar de la editorial, porque ellos me daban los rollos, y después se quedaban con todo. Cada vez que trabajé para editoriales grandes fue un desastre. Yo hice varios trabajos en el revista de Clarín de los jueves, miles de fotos, y nunca más en la vida devolvieron los negativos, que yo revelaba personalmente. Me quedaron las revistas impresas en mis cajas, que no es lo mismo.

Con Alejandra además nos unía que Martelli había sido de sus primeros editores. Un día ella me llama a los dos de la mañana para proponerme un libro de muñecas con fotos mías y textos de ella. Yo estaba tan atareada con mi bebé, recién nacido, que no retomé la propuesta, ni Pizarnik volvió a insistir. Y perdí, no sé, la chance de otra hermosa experiencia compartida.

 

La Argentina violenta de los setenta en la lente de Plat

P: También hizo la cobertura de la masacre durante el regreso de Juan Perón en junio de 1973.

LP: Uno de los días más terribles que viví en la calle. Además tenía la urgencia de revelar el material porque estaba trabajando para diarios españoles, como El Pueblo o El País, y ellos llevaban los negativos en vuelos que salían, como tarde, a las nueve de la noche. Yo tenía que revelar y salir rajando. No tenía tiempo de hacer copias. Ahora estoy viendo con amigos allá si se puede recuperar algo, que no pasa nada si no, pero que creo es importante por las tomas, en medio de los cientos y cientos de miles, kilómetros de gente. Silbaban las balas y, mi duda, era que resultaba peor, si seguía parada o agachada, no había mucho dónde ir. Recuerdo que había una periodista en el camión de exteriores de Canal 7, a los llantos, preguntando qué iba a pasar con sus hijos “¿Dónde están?”, pregunto preocupada, “en casa”, dice sollozando, y respondo, “¡Como los míos! ¡Entonces están a salvo!”, y seguí disparando la cámara.