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Landrú. El que no se ríe es un mal educado

En el Centenario del humorista que inventó el humor social contemporáneo, la semblanza de quien hizo del absurdo la mejor manera de entendernos. Y querernos, a mersas, chetos y tilingos.

Arte y Literatura
Landru

Peronistas, radicales, comunistas o militares, de derecha o izquierda, no resistían a completar las encuestas de Landrú, “¿qué es una purga? Un remedio para estómago o acto de gobierno para liquidar traidores” Podía estar gobernando el presidente Frondizi o sentirse aún las cacerolas del 2001, y del humorista gráfico Landrú seguía siendo el mejor clínico que tuvo el país, en eso de contarnos qué somos. Pasan los políticos y quedan los artistas.  Tía Vicenta, Mirna Delma, el señor Cateura, Rogelio, María Belén, el doctor Chantapufi, Jacinto W. o el señor Porcel fueron algunos de sus arquetipos donde cabían los mayores y los peores argentinismos. El opinar de cualquier cosa sin saber, la envidia y el aparentar, el mersa –popular- y el tilingo –clase media con aspiraciones-, se cruzan con nuestra bondad, amistad  y curiosidad sin límites. El de entender a la política como un zoológico. Landrú nos hizo reír evitando la agresión con su fino humor social. Landrú, además, varias veces censurado y amenazado, fue un fervoroso defensor y realizador de la libertad de expresión en la Argentina. Landrú, un hombre para el cuadrito del nuevo milenio.

Landru Paseo de la histrorieta

Quien lea con atención a Landrú observará que la temática bíblica, que lo inspiró en la rebeldía adolescente dentro de una familia de flema patricia, un antepasado suscribió la Independencia Argentina en 1816, nunca abandonó su mirada de un mundo a punto de irse al demonio. Juan Carlos Colombres nació el mismo día que ejecutaban al famoso asesino serial Landru en Francia, 19 de enero de 1923, y el absurdo que lo marcaría de por vida hacía la suyo. Trueque de guillotina por lápiz para el humorista serial. Casualmente el joven Juan Carlos descubre en su empleo de Tribunales un ejemplar de la revista “Don Fulgencio” de Lino Palacio en 1945 y, por medio de su tío también artista, ingresa a colaborar con un primer chiste sobre una bizarra declaración de amor a una tal Matilde. Ese mismo año haría el primer chiste con políticos, no de política, en la revista “Cascabel” de Palacio. Bizarría que al principio no era bien recibida por los anunciantes de Palacio, que consideraban a Landrú un “piantalectores” Otra risotada a futuro porque una década después morirían las grandes marcas para que el ya director de “Tía Vicenta” realice a sus señores bigotones, las señoras copetudas y los gatitos abuelos del Gaturro de Nik, vendiendo desde Bidú Cola a lavarropas y televisores. Un gesto profético, por otra parte, que las viñetas de Landrú proyectan década a década, con temas recurrentes, la inflación, la inestabilidad política, las modas absurdas y el don de vender gato por liebre.     

Landru JC Colombres

La tía que puso de la cabeza al humor

Hablar de la revista “Tía Vicenta”, cuna de grandes dibujantes como Caloi, Sábat y Broccoli, el mejor Oski, es hablar de un fenómeno cultural iniciado en 1957 que arrimó 500 mil ejemplares mensuales, en un país de 20 millones.  La gran clave del medio fue abrir la puerta a todas las tendencias, aún cuando costara el alejamiento del talentoso jefe de redacción Carlos de Peral –autor de cuentos negrísimos y absurdos sin par en la literatura local-; y que dieron una panorama de las costumbres y las pasiones de todos los wines hasta el cierre definitivo por la censura en 1967. Si hablamos de los sesenta del Di Tella y el nuevo cancionero, la revista de Landrú es un infaltable que hizo la nueva cultura originada en la década.  

Landru Tía Vicenta

Fue compositor de Los Tururú Serenaders, y gozó de un hitazo “El manotón”, guionista de Tato Bores –inventando entre ambos el humor político en tevé en los 50´s- y hasta cronista de viajes y experto periodista gastronómico para el diario Clarín. Pero Landrú fue esencialmente un enorme dibujante. Con mayúsculas y único. Con la estética del menos es más, en la senda de Saúl Steimberg, rompió en los cincuenta con el disneylizado mundo de Lino Palacio y Quinterno hacia una línea que piensa, adulta y surrealista, anticipos de la renovación humorística de los sesenta con Quino y Fontanarrosa. Andrés Cascioli, Guillermo Divito y Dante Quinterno, artistas y editores, son con quienes comparte Landrú el cuadro de honor de los talentosos dibujantes que trazaron el lenguaje y la costumbre nacional con sus publicaciones.

En “Tía Vicenta” Landrú fue el creador de la Página de Barrio Norte de María Belén y Alejandra, y del Campeonato de Pirujas –“chicas bien”-, y en los sesenta popularizó expresiones como “es un quemo”, “mato mil” o “chetos”, que marcaron a generaciones de jóvenes y un poco después, también. Registró primero la tendencia de la muchachada a cortar las palabras, “porfi”, o hablar en diminutivo, “fitito” –por el FIAT 600-. Landrú fue de los mejores etnógrafos que tuvo la sociedad. Actualmente en el Museo Castagnino de Mar del Plata se documenta esa pasión antropológica, humanista, que alienta la obra del artista, en su exposición conmemorativa por el Centenario, “Breve Historia Universal de Landrú”.

Landru 7mo dia

Reírse es cosa seria    

Para los setenta era una figura conocida en grandes medios y con el reconocimiento de premios internacionales al humor gráfico. Tras cierres y censuras, para el diario Clarín siguió en el camino de reírse de las taras y las cuitas argentas en una década hiperpolitizada, desconcertante y violenta,  con la misma cuota de inteligencia y sabiduría, “Si antes de fin de mes no hace caer ningún gobierno, lo echo” exclama un funcionario de la CIA norteamericana, en su oficina de Latinoamérica, en 1975. 

“No me gustan los extremos, me gusta la libertad” repetía Landrú quien durante el Proceso, como había hecho en el Onganiato, realizó un aporte testimonial de la debacle social, defendiendo la libertad de expresión. Con el Retorno de la Democracia, hace 40 años, se transforma en un cronista tierno pero agudo de los profundos cambios sociales de Menem a Kirchner. La República de Trucholandia, una de sus mejores viñetas en la revista Gente, un recordatorio de un tiempo de que “no existe más la gente como uno, sino la gente como dos”. “Me gusta mucho hacer chistes con la gente que quiere aparentar lo que no es”, señalaba el maestro Landrú, que nos sacó las caretas durante casi 60 años. Y, un mérito extra del artista, particularmente para un dandy que vivía en Alvear y Parera, a los de su clase.  “Si uno ve por la calle a un hombre lleno de condecoraciones y se cae, se ríe. Si el que se cae es un mendigo, no”, sostenía el artista fallecido en 2017; en una tajante declaración de principios de conciencia social.

Landru

Muchas veces se habló de que Landrú elevó el humor político a la categoría de arte intelectual. “Desarrugó la realidad”, señalaba Jorge Gottling. “Reflexivo y salvaje, sutil y contundente” lo definía Juan Sasturain. “El Moliére que saber dibujar”, aseveraban otros. Preferible, por su novela eterna y absurda del ser nacional,  “el Macedonio Fernández del humor gráfico”, gentileza de María Moreno. Desde el Padre Castañeda y  Henri Stein, llegando a Landrú, esa tarea del humor social, de lo cual la política es una partecita más, estuvo siempre en manos y mentes ávidas de ironía y desacato, desprejuiciadas y avispadas. Para los argentinos, reírse es de educados, reírse es cosa seria.

 

Imágenes: Ministerio de Cultura

Fecha de Publicación: 10/02/2023

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