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Buenos Aires - - Lunes 19 De Abril

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La Patria

El viento helado le pegó en la cara y se llevó lo poco que había quedado de ella en ese cuerpo magro, enfermo, hueco.

Arte y Literatura
Malvinas

Ese cuerpo que se había comenzado a vaciar muchos años atrás, en el 82´, cuando el golpe del telegrama en la puerta del rancho le avisó que la patria necesitaba del reservista clase 61 Ismael Rodriguez para defenderla. Leyó el telegrama varias veces. Su hijo, “el negrito” defendiendo a la patria, se quedó callada pero lo sintió como exagerado.

Ella miró por la ventana con el telegrama en la mano y vio sus vacas, dos vacas flacas que si no llovía pronto tendrían que sacrificar y miró el árbol donde “el negrito” sabía hacer la siesta y pensó si todo eso también era la patria o si solo era un ranchito en el fondo de un campo pelado.

Pero parecía que la patria era una cosa más grande por lo que le había dicho el sargento que lo vino a buscar “al pibe” cuando su hijo se retobó y se escondió entre las cañas.

- ¡La patria e mucho más que esta resolana, doña! – gritó el hombre mientras arrancaba el camión. Y esa fue la última vez que Elsa Rodriguez vio a su hijo, y esa fue la primer gota que empezó a vaciar su cuerpo.

Después vino la espera, los detalles escuchados en la radio como de partido de futbol, “que vamos ganando, que los héroes en el sur comen mejor que en sus casas, que nuestros amigos los peruanos, que el TIAR” pero del “negrito” nada, ni siquiera después de que se rindieron las tropas argentinas, ni siquiera después de que ya habían vuelto todos a sus casas. Para ese entonces su cuerpo estaba casi vacío, vacío de esperar, de estrujar manteles y delantales y también vacío de no tener para comer, que finalmente la vaquitas los pollos y el maíz se habían ido con la seca. Elsa pensó si también la patria los necesitaría.

- Que cosa de mierda parece la patria-dijo, y se fue del rancho a buscar a su hijo no sin antes dejar la puerta bien abierta, “quizás alguno tenga más suerte que yo en este infierno”, empezó por la comisaría del pueblo, después fue el cuartel, la municipalidad y la gobernación, pero en todos lados la misma respuesta, a veces con enojo, otras bajando la mirada con vergüenza, pero siempre lo mismo: “no señora, acá estamos tratando de reconstruir el país que nos dejaron, pruebe en aquel lugar, o en ese otro”.

 Siempre era más lejos, y siempre era ella, a la que le habían sacado a su “negrito” la que estaba equivocada y tenía que pedir disculpas.

 Así llegó a Buenos Aires, para esos días ya casi hueca, y se anotó en listas, dio datos, entregó la última foto que le quedaba de su hijo y sentada en el banco de una plaza pensó que la patria era grande, quizás demasiado grande para su gusto.

Elsa no quiso volver así a su provincia, toda vacía, y se puso a trabajar con cama adentro con una buena patrona, que pensaba alguna otra cosa de la patria, pero igual la ayudo con la búsqueda. Y fue ella quién le presentó a ese señor, Julio Aro, “es un santo” dijo, y él que hablaba mucho como todos los porteños, entre tantas palabras que decía le mostró un pasaje, ella alcanzó a leer Elsa Rodriguez y otro nombre más que no conocía, Puerto Stanley.

- Para que al fin pueda conocer donde está su hijo - Dijo ese señor.

 

El viento helado le pega en la cara a Elsa Rodriguez, y ella piensa si alguna cosita de ese viento no habrá tocado la cara del “negrito”

Unos hombres de uniforme y ojos claros se acercan y más con gestos que con palabras que no entiende la invitan a subirse a un jeep.

Mientras van sacudiéndose por el medio del campo ella mira el dibujo de la tierra y se da cuenta de que si no fuera por el frío y por otras cosas ese lugar se podría parecer a su Corrientes. El jeep comienza a subir una trepada y el hombre de uniforme le habla suave, casi con una sonrisa, y de entre tantas palabras inentendibles ella escucha bien claro “London”, y “argentinos héroes.”

Elsa baja del jeep, mira las crucecitas pintadas de blanco con unas rayas celestes, mira al soldado de ojos claros que se saca el casco con humildad y piensa que quizás ella se había equivocado, que quizás la patria llegue mucho más allá de lo que ella entiende.

Fecha de Publicación: 20/11/2020

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