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La Noche de los Museos. La Luna de la Cultura vuelve a brillar en Buenos Aires

El encuentro social y cultural más popular porteño regresa este 30 de octubre. Apuntes de los museos públicos porteños, que reabren sus puertas, alma de la memoria compartida y defendida por los vecinos.

Arte y Literatura

Desde 2004 una de las actividades masivas que marca el pulso de Buenos Aires es La Noche de los Museos. Museos, edificios históricos y espacios culturales y deportivos aúnan patrimonio y promesas en una noche irrepetible por varias razones. Una porque a la vuelta de la esquina, en las calles, veredas o plazas, se reconocen en pasado común, un presente hecho a diario y un futuro que está por escribirse. Siguiendo éste espíritu vecinal desde humildes clubes de barrio a fundaciones de poderosas empresas, en un concepto de lo público que excede cortas diferencias, la larga luna de la cultura regresa este sábado 30 de octubre de 19 a 2 de la madrugada. Infinidad de propuestas que “conectarán artistas, público y espacios con intervenciones inesperadas y sorpresivas”, entusiasman los organizadores del Ministerio de Cultura GCBA, con el foco de siempre, poner en valor la memoria viva. Un poco más de cien puntos en distintos barrios, una edición menor por las condiciones sanitarias, y que puede seguirse la programación actualizada a través del BOTI (el asistente virtual de la Ciudad, 11-5050-0147) y descargarse el pase libre aceptados en los medios de transporte, identificados con el logo. En la Noche de los Museos de Buenos Aires, el protagonista sos vos.  

 

 

“Este año La Noche de los Museos va a ser un gran festejo en el que vecinos y turistas van a poder reencontrarse con el evento cultural más importante de la ciudad y vivir experiencias como la creación de obras de arte. Además se abre el nuevo museo de la ciudad BAM (Buenos Aires Museo), súper tecnológico y participativo hará que porteños y quienes lo visiten puedan conocer la historia, identidad y actualidad de la ciudad'', puntualiza Viviana Cantoni, subsecretaria de gestión cultural de la ciudad de Buenos Aires. Sin duda una de las mayores incógnitas será contemplar el  Buenos Aires Museo (BAM), en la terminología anglosajona, el ex Museo de la Ciudad de Defensa y Alsina, que  reabre sus puertas “con propuestas dentro y fuera del renovado edificio. Es interactivo, tiene un carácter experiencial y participativo, con recursos tecnológicos exhibe la historia de la ciudad, desde su fundación hasta la actualidad. Su creación estuvo pensada como un espacio de vanguardia, inclusivo y cercano a todas las edades”, según fuentes oficiales. Allí funcionará además el Centro de Bienvenida al Turista.  

BAM

Un Complejo Histórico a metros de Plaza de Mayo, cuna de la Ciudad y la Nación

Tras los trabajos sobre únicos edificios centenarios y calles de adoquines, que no pocos conflictos trajo con los expertos, una nueva cara para el proyecto soñado por el arquitecto José María Peña en 1968. Que Buenos Aires tenga su museo de vida cotidiana, el Museo de la Ciudad. Eran épocas de gobiernos de facto, y al igual que a fines de los setenta o en estos dos mil, la fiebre de la propiedad horizontal hacía sistemáticamente desaparecer las viviendas que quedaban en pie del siglo XIX y principios del siguiente. Peña junto a otros maestros patrimonialistas, como Héctor Schenone, consiguieron que el intendente militar Iricibar ceda la casa de los Altos Elorriaga –Defensa 183-, la segunda construcción más antigua de la ciudad luego de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de Constitución,  a fines fundar el Museo de la Ciudad.  Mientras tanto los investigadores atesoraban lo que la picota demolía en el trazado de la avenida 9 de Julio y aledaños.  Un año más tarde, cuando empezaban a llegar las donaciones de vecinos, casi único método hasta hoy de acrecentar las innumerables colecciones que abarcan todos los aspectos del quehacer de los ciudadanos de a pie, se adquiere el edificio de enfrente, de alrededor 1885, y que abajo era concesionado por la Farmacia La Estrella, una firma comercial que databa de 1834. Por iniciativa del museo la farmacia continuó con sus instalaciones originales y, arriba, se presentó la primera muestra del museo en 1972, “El Obelisco, Ombligo de la Ciudad”, dibujos humorísticos de Miguel Ángel Práctico. También por la labor del museo se organizaron las ferias de San Telmo, aún vigentes, y la primera muestra del filete en la Plaza Dorrego –el Ciudad realizaría el segundo congreso de fileteadores en 2013, el primero se había realizado el año anterior en el Cine El Plata. En sus primeros treinta años acumuló la notable cifra de 240 exposiciones, con algunas muy recordadas por generaciones como la de los inodoros o juguetes, los bailes en la calle en pleno Proceso, impensado espacio de libertad, y otros hitos mayúsculos. “La publicidad que subyugó a nuestros abuelos” fue la primera exposición del museo en el retorno de la democracia y se transformó en sus cortas cuatro semanas en un punto de inflexión, reencuentro con el pasado negado, e innovador estímulo en el análisis de la rica publicidad nacional –el museo conserva el archivo de la famosa Imprenta Profumo de Almagro, señera de las artes gráficas por medio siglo.

Durante La Noche de los Museos 2021 se podrá visitar en la sala Querubines "Mapas imposibles. Laboratorio Federal 2021", con las obras de la primera edición del programa de residencias. Adquirida por el gobierno de la ciudad en 1999, la Casa de los Querubines es una construcción gemela joya del eclecticismo finisecular, con sus curiosos angelitos en la fachada, y que en sus salones, durante la primera década del milenio, se reproducían hogares de los porteños pretéritos. Sin embargo el complejo del ex Museo de la Ciudad no estaría completo si no se cuenta con la propiedad siguiente a los Altos de Elorriaga, por Defensa, y la casa de María Josefa Ezcurra, única vivienda en pie de 1830, y testimonio de los tiempos del Restaurador de las Leyes. La casa de la cuñada de Rosas, comprada en 1971 y relanzados sus trabajos de restauración en 1996 en la gestión de María Sáenz Quesada en la secretaría de cultura porteña, monumento histórico nacional, el próximo paso en los planes de real recuperación y puesta en valor del Casco Histórico. Una historia en esas casas que va desde Doña Encarnación Ezcurra a Luca Prodán.

Si sumamos que en esa sola cuadra de Alsina tenemos construcciones de 1810, 1830, 1880 –donde funcionaba La Puerto Rico, un bar notable lamentablemente cerrado durante la pandemia-,1910, 1920 y 1930, o sea un direccionario de la arquitectura argentina en cien metros; a las experiencias a conquistar en las salas de este museo que celebra la vecindad y el trabajo porteño, “muy lindo, recuerdo cuando yo hacía el pan en  la calle Perú  y Chile, trabajaba con mi papá y allí aprendí el oficio de panadero”, visitante a la muestra “El pan del día”, Museo de la Ciudad, 2019, o “Me voy sabiendo cómo era la gente de 1910”, alumno de primaria en “Aquellos festejos del Centenario”, 2000, el pasado seguirá contándonos cosas nuevas.

La noche de los museos

El primer centro cultural, educativo y sanitario de América Latina

Otro sueño de un hombre. Podrán decir que soy un soñador, pero no soy el único. Hablamos de quien ofrendó los colores a la República de La Boca, Don Benito Quinquela Martín. Santo Benito. Para esta edición de la Luna de la Cultura, el Museo Quinquela Martín sale a la calle con una muestra al aire libre; y en salas, las exhibiciones Casa-museo y la colección de Arte Argentino, la colección de mascarones de proa y Terrazas de esculturas –¡la mejor vista de La Boca!-, la exposición "Un giro sin tornillo: imaginaciones urbanas", el espacio didáctico sobre la Ribera para chicos y chicas,  y visitas guiadas. Buen momento para recordar los orígenes de este complejo social que construyó con tesón el hijo pródigo del Riachuelo. Porque el museo fundado en 1938, en terrenos donados por el artista, antes inauguró allí la escuela, y luego, en 1947 el Lactarium Municipal y un Jardín de Infantes, en los cincuenta prosigue con la Escuela de Artes Gráficas para Obreros y el solar para el futuro Teatro de la Ribera (inaugurado en 1971), y cierra luego con el hospital odontológico. Unos años antes era el factótum de Caminito. Algo entonces devolvió a la sociedad el niño que fue abandonado en la Casa Cuna, y criado amorosamente por unos pobres carboneros, en Olavarría y Lamadrid. Nada es casual y las fundaciones Andreani y Proa miran al Quinquela, un ejemplo.  

Museo-Benito Quinquela Martin

El hacedor de La Boca y Vuelta de Rocha, que cambió la fisonomía del barrio como ahora está ocurriendo en las inmediaciones de la Usina del Arte, epicentro de La Noche de los Museos 2021 y que pronto recibirá a arteBA21, el 1 de abril de 1933 se dirigía al presidente del Consejo Nacional de Educación ofreciendo donar un terreno sobre la Avenida Pedro de Mendoza para que se construya  una escuela primaria y nocturna, y en los pisos superiores, un museo de Bellas Artes, que albergue obras de artistas figurativos argentinos, incluída la suya. Explicaba al diario Crítica un Quinquela celebridad, con exposiciones y reconocimientos en las principales capitales del mundo, “los niños reciben instrucción en edificios no sólo fríos desde el punto de vista físico sino, lo más importante, desde el punto de vista moral ¿Qué mejor vehículo, para su imaginación e inteligencia, que rodearlo de un ambiente artístico”, remataba quien realizó los dieciséis murales que engalanan patios y aulas desde 1936. Una revolucionaria idea, años de las corrientes de la “Escuela Escuela”, y que no pierde vigencia con los escuelas búnker último modelo.  

Usina Del Arte

Para el museo el artista tenía una clara idea de qué museo pretendía luego de recorrer los principales salones de mundo. En New York se había fundado el Museo de Arte Moderno (1929) y en Buenos Aires, casi en simultáneo con el museo de La Boca, el Museo Municipal de Bellas Artes Eduardo Sívori, en una avalancha de instituciones disímiles en colecciones, artistas y objetivos, y que daban cuenta de la complejidad del arte contemporáneo. Quinquela fue claro, “que se hallen representados todos los artistas de toda la República, sin olvidar a los precursores e iniciadores de las artes plásticas en el país”, enfatizando con los artistas de La Boca, el Grupo de París y los Artistas del Pueblo, y “mantenerlo dentro de la línea tradicional figurativa…por lo tanto, no podrán ingresar al museo obras abstractas o derivadas de éstas, ni futuristas, ni tachistas, ni de ningún otro ismo, por haber en la capital muchas salas destinadas a estas tendencias”, aunque recién Buenos Aires tuvo museo de arte moderno público en los cincuenta, y con sede propia, en el Bicentenario. Esta estricta línea no impidió, incluso solidificó y realzó, que esta colección sea una de las más valiosas del arte argentino entre fines del siglo XIX y mediados del siglo XX. Spilimbergo, Antonio Berni, Raquel Forner, Fortunato Lacámera, Pío Collivadino, Emilia Bertolé, Pedro Zonza Briano, Luis Perlotti, entre otros,  y varias imponentes series del mismo Quinquela  -en el tercer piso que se convierte en Casa-Museo, ya que el artista vivió allí desde 1948 hasta su fallecimiento en 1977-, son los tesoros nacionales que proyectan las esperanzas de Don Benito, que cada visita enriquezca su formación en un ambiente artístico y lo proyecte a la cotidianeidad. Haciendo ciudadanía a través del arte.

La Noche museos 2021

Esta Noche de los Museos, y todos los días ya que la invitación de este 30 de octubre se extiende a los 365 días del año, no olvidemos, a escuelas, familias, amigos y parejas, nuevamente sorprenderá en el Quinquela la única colección de mascarones de proa de América Latina. Las 32 piezas en la sala Américo Bonetti (1865-1931), uno de los grandes artistas argentinos de la talla en madera y esmalte, y de los primeros artistas boquenses a secas, se encuentra a la altura de los similares en Londres, Virginia y Génova. De las primeras esculturas anónimas hechas en el barrio, que luego tendría a grandes como Francisco Cafferatta y Orlando Stagnaro. Iban y venían en veleros, goletas y pailebot, adoradas en una era épica antes del frío hierro, aunque terminaron crepitando en hogueras y fogatas religiosas. O simplemente en asados. Fue entonces que Quinquela comenzó tímidamente a comprar estas notables obras, con  tal tino que una vez la marina norteamericana quiso adquirir la serie entera, pero Don Benito ya tenía en mente el puerto final: las salas públicas, gratuitas y nacionales de La Boca. Doña María, La Fama Italiana, La República –réplica del mascarón del buque-escuela Presidente Sarmiento, anclado en Puerto Madero, y obra de Lino Grilli de 1932, quizá la última hija autóctona del linaje de mascarones que navegaron desde la Antigüedad-, y otros más, con uno que jamás hizo la mar, ni soportó tempestades y, sin embargo, protegió a miles de marinos. A partir de 1889 “El Ángel” en el mirador de Gral. Rodríguez y Suárez guiaba a los navegantes en su ingreso al puerto. Era el Faro de los Mascarones, su pequeño dios.     

 “Un diario dijo que en La Boca teníamos una batalla por el color. Era cierto, pero esa batalla fue ganada hace sólo un año” acotaba Quinquela en 1961 cuando arreciaban los proyectos inmobiliarios en el barrio, sesenta años igual, y las casitas de chapas de mil colores, que él inventó con su Caminito, eran más que un mito, un lejano y asordinado eco. Un barrio de artistas, de pintores y dramaturgos, de mezclas y contaminaciones, que tienen en 2021 un refugio y una genial inspiración, alta como fogata de San Juan, la Casa-Museo de San Benito.   

 

Fuentes: Museo de la Ciudad. Cuadernos de la Comisión de Patrimonio. Buenos Aires. 2003; Tres siglos de Historia en tres cuadras. Calle Alsina del 300 al 600 y Casa de María José Ezcurra (folletos 2008 y 1999); Museo de la Ciudad 09. Fascículos de la Dirección General de Museos. GCBA. 2011; Fernández, V. Museo Benito Quinquela Martín. Buenos Aires: Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín. 2015; Mascarones de proa. Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín. Buenos Aires: GCBA. 2007

Fecha de Publicación: 29/10/2021

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