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Grete Stern: la fotografía como arte

Alemana de nacimiento, argentina por elección, la fotógrafa amplió el mundo de las imágenes con fotos de vanguardia que trastocaron los límites de lo visible en retratos, paisajes y fotomontajes. En las obras de Stern hay fuera de cuadro que no cesa.

Arte y Literatura
Grete Stern

Una fotógrafa alemana escapando de la barbarie nazi llega a Villa Sarmiento, Morón, y con su marido, también fotógrafo, revoluciona el medio artístico. Victoria Ocampo cruza toda la Capital para asistir a sus reuniones. Jorge Luis Borges arriba a la noche para cantar zambas, y tangos, en la voz de María Elena Walsh. Gyula Kosice y otros artistas pergenian el arte Madí en su living, y realizan allí la primera exposición de esta tendencia plástica de avanzada.  Alberto Greco empieza a soñar sus performances en los jardines de la casa racionalista de Wladimiro Acosta. Y todos reconocen el genio singular de la anfitriona, Grete Stern, que desde su estudio de la calle Tucumán construye una nueva mirada en la publicidad, los diarios y las galerías. O viaja al país que no miramos, o simplemente a los patios de nuestras casas “En mis fotos las cosas no están por casualidad: descubro a mi alrededor lo que me interesa y, si está dentro de lo que quiero hacer, lo registro; si no, lo corrijo o espero las condiciones que harán ver lo que quiero mostrar. Mi fotografía no es objetiva: hace ver lo que yo quiero que se vea”, afirmaba Stern a la revista Panorama en 1970, Grete, artista, feminista, agitadora cultural, visionaria del arte argentino.

Grete Stern nació en Wuppertal-Elberfeld, Alemania, el 9 de mayo de 1904. Hija de comerciantes e industriales ligados a la industria textil, pasa sus años formativos en Inglaterra, y su ciudad natal, en donde trabajaría en el diseño publicitario y aprende dibujo y música. Allí integra grupos juveniles que difunden las canciones populares alemanes en alejados pueblos, un espíritu viajero, y de contacto con la naturaleza, que sería una constante en Grete. Profundamente impresionada por las posibilidades creativas de la fotografía, influencia de los fotógrafos norteamericanos Edward Weston y Paul Outerbridge, decide estudiar con Walter Peterhans en Berlín, quien  luego sería responsable del departamento fotográfico de la Bauhaus. En muchos aspectos Stern en su condición de alumna/creadora adelanta el racionalismo reformista de la famosa escuela, con aquellos grises característicos de la vanguardia alemana.  Cuando su maestro parte a Desseu, en compañía de una compañera, Ellen Auerbach, establecen su propio estudio, Ringl & Pit, sus apodos infantiles –con los equipos de Peterhans que terminaron en Buenos Aires. Rápidamente se hicieron conocidas en los medios gráficos, y la publicidad, por sus representaciones poco convencionales de mujeres en los tiempos de la “nueva mujer”, de la efímera República de Weimar, una liberada de los mandatos patriarcales. En 1933, en Bruselas, las fotógrafas ganaron el primer premio por un anuncio de una loción, con las modelos de espaldas a la cámara, algo inusual para esa época. Otro de los anuncios seleccionados mostraba a una mujer atada a un corsé nupcial, el antecedente de la disruptiva serie de los Sueños. Un año antes, en un curso de la Bauhaus, conocería al argentino Horacio Coppola.

El terror del hitlerismo, y la disolución de la escuela artística germana, hicieron que Stern y Coppola emigren a Inglaterra, donde Stern acreditaba residencia legal. Allí quiso reflotar el estudio con Auerbach, incluso realizó tomas a notables como Bertolt Brecht con su inseparable Linhof 9x12, pero la negativa de las autoridades inglesas de otorgarle la visa a Ellen –que viviría luego en Estado Unidos- impulsó que el matrimonio de Grete y Horacio enfilen a Buenos Aires. Inmediatamente el círculo de la revista Sur de Ocampo acogió a los artistas, Coppola era un viejo conocido, y  organizó con sus trabajos, en las oficinas del medio, lo que se considera la primera exposición de fotografía en estos lares, en 1935. Volvería al año siguiente sola Grete a Londres, a desocupar el departamento,  y alumbrar a su hija Silvia,  modelo de varias de sus fotografías. A partir de 1936 la Argentina sería el hogar de Stern.

Si bien fue rápidamente integrada a la vida cultural porteña, Grete era una excelente conversadora, costó casi una década su integración al mercado, en parte por el escaso desarrollo de la fotografía comercial y publicitaria a fines de los 30, a la que ella impulsó en editoriales e imprentas. Notable es la serie de retratos de intelectuales y artistas que arranca en 1937 hasta los ochenta, y que constituyen  un invalorable aporte a la historia cultural del país (Spilimbergo, Pettoruti, Berni, Sábato, Sábat, etc), además de su calidad artística. Desde su primera muestra,  en una galería de la calle Florida en 1943,  sorprenden estos retratos con las “caras grises”, en palabras de un colega excepcional, Sameer Makarius, que alababa su iluminación mesurada frente al dramatismo de los fotógrafos porteños.  Al igual que sus incunables retratos, Stern se lanza por su voluntad a fotografiar la ciudad y sus alrededores, zaguanes, rejillas, piletones y ropa tendida, componen una sinfonía urbana que bien puede complementar, con una sensibilidad confesional,  las series porteñas de su marido Coppola, de quien se separa en 1942. Recién en 1953 se conocerían las fotos de Grete por la editorial Peuser.

La casa de Morón inaugurada en 1940 es un epicentro de la movida cultural de los cuarenta y cincuenta.  Allí se discute de cultura y arte moderno con la moderación de la anfitriona; y buena parte de los movimientos abstractos y concretos de mediados de siglo pasado se gestan en el living de Stern. Trabajando para diversos estudios de arquitectura, entre ellos el de Williams, la masiva editorial Abril solicita a Stern las ilustraciones de la sección “El psicoanálisis la ayudará” de la popular revista Idilio, pionera en las fotonovelas. Las lectoras contaban sus sueños y los interpretaba Richard Rest (nombre de un antiguo par de los sociólogos Gino Germani y Enrique Butelman, Germani modernizador de la sociología argentina). Se publicaron 140 fotomontajes entre 1949 y 1951, de los que quedaron sólo 46 negativos, que la fotógrafa afortunadamente conservaba para retoques, aunque gracias a los archivos de la Biblioteca Nacional podemos apreciar el trabajo completo. Una masterpiece, en papel barato y para todas las clases, y que sería valorada cuarenta años después del último sueño de Stern de la pulp Idilio.

Grete Stern

 

Viaje a las profundidades

“Una mujer solísima haciendo equilibrio en la cornisa de una chimenea, rogándole piedad a un tren víbora que se asoma desde el mar, arrastrando montaña arriba una piedra atada, levitando entre planetas flotantes, navegando en un barquito de papel de diario, quitándose un clavo de la planta del pie en una playa, escalando una tabla de lavar, enfrascada en una jaula, enjaulada en un frasco”, describe Matías Serra Bradford de la última muestra de Stern en 2020 en la galería Jorge Mara – La Ruche, “Son imágenes pensadas –las bocetaba de antemano a lápiz– y creadas –por medio de tomas y collages sucesivos–, y en este sentido se colocan más cerca de la pintura. Como si mucho antes de la explosión iconográfica en el mundo (en el que miles de fotos se parecen y cualquier dueño de celular es fotógrafo), Stern se hubiera decidido a hacer imágenes que nadie más pudiera capturar… no hay nostalgia instantánea por cosas a punto de desaparecer –clásico tópico de este arte–, quizá porque no han ocurrido todavía, están a punto de suceder. Esta misma noche, en el sueño de una espectadora impresionable”, reflexiona el escritor  para www.clarín.com.  Dirigidas a un público femenino mayoritariamente, la artista explora oníricamente diversas maneras de opresión a las mujeres, con ironía, sí, pero con firmeza “En la serie de los Sueños se expresa vigorosamente la artista y mujer de vanguardia que era Grete”, sentenciaba el especialista Luis Priamo, en el catálogo de una recordada muestra en el Centro Cultural Recoleta en 2003, y suma, “ella condujo su vida con el mismo espíritu de independencia radical, respecto a los valores y costumbres femeninos aprobados, que exponen sus fotomontajes. En el conjunto de su obra, los Sueños representan el capítulo donde sus opiniones…están presentes con mayor nitidez. Esas opiniones no se explicitan de un modo “intelectual” –para emplear una palabra que Grete siempre utilizaba con sentido crítico- sino a través de su fuerza de convicción plástica, visual”, argumenta Priamo, y considera a la serie de Stern como la primera y más importante obra fotográfica argentina que aborda el tema de la opresión y manipulación de la mujer en la sociedad de la época, y las consecuencias alienantes del sometimiento consentido. Agregamos nosotros, de cualquier época. En simultáneo, ingresa Grete al Museo Nacional de Bellas Artes en un novísimo departamento de fotografía, que abandonaría jubilada en 1970.

Del mismo modo emancipador se puede interpretar el trabajo que emprende con “Aborígenes del Gran Chaco Argentino”, un monumental fotoreportaje realizado entre 1958 y 1965 en Chaco, Formosa, Salta y Jujuy. Stern ya había fotografiado el Interior, Bahía Blanca y el Delta bonaerense, lugares de sus descansos, y la Patagonia, pero a partir de una invitación de la Universidad del Noroeste de Resistencia, institución donde enseñaría en 1960, queda impactada por la marginalidad lacerante de tobas, wichis, pilagás, mocovíes y guaraníes, en las orillas de las ciudades o tierra adentro. Mil quinientas tomas de los habitantes de la región realizadas por Stern, que incluyen vida cotidiana y artes, es el mayor aporte fotográfico nacional sobre los pueblos originarios.  Dentro de la estética abstracta de la Bauhaus, este trabajo de Stern es quizá su mejor exponente en cuanto a la postura de la función social del arte. Poco apreciada en su momento en el medio local, tuvo una desapercibida exposición inaugural en el Centro Cultural San Martín en 1965 y , luego en La Plata en 1971, en las cuales Stern se ocupaba de difundir las míseras condiciones de los nativos sin apelar al denuncialismo, con el tiempo en Europa fueron consideradas un alto exponente de fotografía humanista.

Durante la década del setenta realiza viajes por Europa y América, allí se reconocida serie del Machu Picchu, y continúa sus imprescindible registro de retratos de artistas y escritores argentinos, que lamentablemente terminan cuando una progresiva afección en la vista le impiden trabajar a principios de los 80. La primera gran retrospectiva de su trabajo en la Fundación San Telmo en 1981 disparan varios reconocimientos a nivel mundial, una de las cinco principales fotógrafas argentinas de acuerdo a la Fundación Konex en 1982, y las principales instituciones del arte contemporáneo adquieren sus fotografías para sus colecciones. En 1995 asume Stern status de artista internacional con una muestra en el Instituto Valenciano de Arte Moderno,  y un documental premiado en Estados Unidos en 1999 sobre el iniciático Ringl + Pit.  Fallece en Buenos Aires el 24 de diciembre de 1999 “La imagen debe componerse en el ojo antes que en el visor” repetía Grete Stern, la artista del viejo continente que descubrió la nueva Argentina en los pliegues de los rostros.

Grete Stern

 

Dice Grete Stern

“Fotografiar es apoderarse, apropiarse de una imagen ajena, vencer las resistencias que todo el mundo puede llegar a sentir frente a alguien que lo observa. Algo así como meterse dentro de un mundo particular en el cual los ajenos, los extraños, no tienen derecho a penetrar –cosa que muchos fotógrafos no siempre recuerdan. Cuando alguien vence esas resistencias puede lograr un reflejo muy bello, subjetivo, de la personalidad de un hombre y su entorno”, en revista Siete Días Ilustrados, agosto de 1972, Buenos Aires.

 

Dicen de Grete Stern

“El sentido del ritmo gráfico que prima en los retratos compuesto por Stern deriva de su persistente búsqueda de situaciones que satisfagan su percepción.  En cierta ocasión quiso fotografiar a Alfredo Bonino pero dio por terminada la sesión sin haber realizado la toma por no encontrar lo que a su juicio quería transmitir. La acción ocurría en la galería ubicada frente a la Plaza San Martín, en Buenos Aires. En el momento de despedirse, ya en la escalera de salida, vio cómo su modelo se detenía justo delante de un espejo: Esto es lo que quiero, dijo resueltamente. Y sonríe al recordar que obligó al –galerista- Bonino a que aguardara pacientemente hasta rearmar el equipo y registrar la escena” Jorge Ben Gullco en Pintores Argentinos del Siglo XX. Serie complementaria: Fotógrafos argentinos del Siglo XX. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires. 1982.

Fecha de Publicación: 09/05/2021

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