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Ezequiel Martínez Estrada. Has vivido al revés de tu destino

Escritor y pensador central de la cultura argentina del siglo XX. Hoy reflotado, ayer ahogado por derechas e izquierdas, fue un solitario Abogado del Diablo que entendió como ninguno la realidad. La nuestra, la americana.

Arte y Literatura
Ezequiel Martínez Estrada

“Censor ceñudo y amargo de la sociedad argentina” lo bosquejaba Jorge Luis Borges a Ezequiel Martínez Estrada. Y en esta dominación quedó entrampada la infinita producción, poesía, ensayos, relatos y catilinarias, de un Zola autóctono que cacareaban se solaza en la denuncia, el yo acuso, de un situación nacional sin salida; por lo demás, una proficua literatura que se acerca a otro gran argentino incomprendido, Sarmiento. Pero el Tigre Solitario de los Llanos, Martínez Estrada, “es preciso evitar el apoyo inmundo de cualquier partido”, entre las capas y capas de sus escritos, que parecen repeler al desprevenido lector, encontró una manera novedosa de contar las pasiones, las desgracias, las condenas al éxito de un país. Hasta los olores.  “Has vivido al revés de tu destino” versificaba resignado Ezequiel en 1959.Quiso ser el Sarmiento del siglo XX, quiso escribir el nuevo Facundo, y fracasó. Y en ese fracaso de Martínez Estrada brillan claves del futuro de los argentinos.

Nació el 14 de setiembre de 1895 cerca del río Carcarañá, en San José de la Esquina, provincia de Santa Fe. Crece en un entorno empobrecido, su padre almacenero de ramos generales, y comienza una formación autodidacta que lo transformaría en un notable erudito -otra de las similitudes con Sarmiento- Trasladado a Buenos Aires por la separación de los padres, sin secundario completo, ingresa al Correo Central -actual CCK-, ocupación que mantendrá tres décadas, al igual que el cargo docente en el Colegio Nacional de La Plata, donde tuvo de alumnos a René Favoloro y Ernesto Sábato. Su primer acercamiento a las letras resultó la poesía, de corte modernista al principio, Leopoldo Lugones sería un padrino literario, luego más austera y llana,  y publica seis libros de poemas y obtiene tres importantes premios, incluído el Premio Nacional de Literatura por “Humoresca” (1929). De aquellos años sería el matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica, quien lo acompañó el resto de sus días. La “Chacarerita querida”, como le decía inusualmente cariñoso un siempre adusto y sombrío Ezequiel, y ella responsable de la Fundación Martínez Estrada inaugurada en 1968, que funciona aún en el casa de Alem al 900, que habitaron los esposos en Bahía Blanca desde 1949. Agustina fallece en 1973.

Pero el versificador que mimaba la élite, “era nuestro mejor poeta contemporáneo”, afirmaba burlón Borges en una antología de poesía de 1941, tenía otro plan, que eclosionaría en 1933 con uno de los mayores ensayos latinoamericanos, “Radiografía de la Pampa” El poeta sería el gran clínico del enfermo crónico, la Argentina. Una escritura barroca, ensayo enrevesado, que no tenía la esperanza del hombre que está solo y espera en Corrientes y Esmeralda, ni la confianza de que la Argentina visible adopte los valores impolutos de la invisible, sino que vaticinaba caos y desorden. Inevitables, en el siglo corto de terrores desde 1930 a 1976.    

Radiografía de la Pampa

“Si razona el caballo se acabó la equitación”

En los treinta aparecería un método que permea toda su literatura, y que de algún modo, se podría dominar junto a Christian Ferrer “amargura metódica”, un conflicto ancestral y metafísico entre hombre y tierra, un amenazante desierto que todo lo devora y el dolor de no ser Trapalanda -el reino mítico, El Dorado americano, que enloquecía a los españoles- , y  que quedaría englobado en la tríada ontológicamente opresiva gobierno-cuartel-estancia desde la Colonia al monstruoso peronismo. El telón de fondo es la caída de la fe en el progreso infinito, la contracara macabra de la civilización en ruinas, y la pérdida de la creencia en las instituciones, religiosas y políticas “Lo que había pensado como un juego -una realidad hipotetizada desde afuera- en 1933 en su “Radiografía de la pampa” – y en “La cabeza de Goliat” (1940)- ya no lo es en 1951 con “El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson” -una mirada desde adentro, un país que se hace conciencia en su obra. En el particular análisis en “Sarmiento” (1946) Martínez Estrada ya sostenía que la civilización y la barbarie son la misma cosa en estas Pampas, ambas contaminadas de progresos y salvajismos-. Sus últimas obras contradicen, por su verdad literaria, por su autenticidad, al plan que había pensado en 1933. Existe una profunda diferencia entre la Argentina artificialmente pampeana de su radiografía y la Argentina que describe en su libro sobre Martín Fierro -quizá el mejor trabajo crítico sobre el poema nacional, que pide que se baje del pedestal al gaucho matrero, y se lo comprenda en las coordenadas históricas y literarias- Crece la dimensión americana y cuando realiza el salto paradójico con su trabajo sobre Hudson, busca nada menos, el momento universal de la Argentina”, analizaba el antropólogo el Rodolfo Kusch en 1954, cuando Martínez Estrada había pasado su cuarto de hora, era apenas reconocido un antiperonista del grupo Sur y de la rancia la Sociedad Argentina de Escritores, y se lo acusaba de reaccionario e irracionalista, en los albores de la sociología argentina.

 

La intemporalidad de sus ideas fueron frecuentemente confundidas con anacronismos. Y sin embargo, fue de los primeros en llamar a la autodenominada Conquista del Desierto, Holocausto. O que la Argentina tendrá “preperonismo, peronismo y posperonismo para cien años más”, visionario, en la célebre “¿Qué es esto?”(1956), un inteligente ensayo de interpretación del fenómeno peronista luego de superar una extraña enfermedad, cinco años postrado, que coincidieron con el cenit de su odiado Juan Perón. La negrura de sus temidos cabecitas se le pegó misteriosamente en la piel.  Escribe a Orfila Reynal,  "veo descender la marea de la cultura y de los valores humanos, pero a mi alrededor se cree que los estampidos son buscapiés de chicos que se divierten", y se encierra obsesivo en el estudio del violín. Henry Thoreau, el forjador de la "desobediencia civil", y el temprano descubrimiento para el medio local de la filósofa Simone Weil, que antepone el deber moral a la justicia de los hombres, son guías en los días de autoimpuesto ostracismo. También en 1956 recobraría la salud, derrocado Perón, y publica los ineludibles “Marta Riquelme” y “Sábado de gloria”, dos relatos, pesimismo existencial y agudeza sociológica, Kafka del Río de la Plata,  en lo más alto de la narrativa argentina según Ricardo Piglia y Juan José Saer.

El lúcido Kusch detectó el viraje del intelectual que decepcionado con la escasa repercusión de su obra, entre peronistas y antiperonistas, de derechas y izquierdas, emigra a México a fines de los cincuenta. Allí Martínez Estrada se deslumbraría con la revolución cubana, en especial con Fidel Castro y el Che Guevara, y abandona el traje de profeta desencantado, y pregona una revolución en América, a diestra y siniestra. Ya en las catilinaria, la forma retórica del discurso incendiario de “Las 40” (1957), aquel del subtítulo Si razona el caballo se acabó la equitación”, denunciaba que los problemas nacionales eran en verdad problemas regionales, y se se debían al “capitalismo criminal”  A sus viejos camaradas de Sur les enrostra de “tener en la cámara fotográfica de sus cerebros la imagen invertida del mundo, de la libertad y la esclavitud” Desde septiembre de 1960 a noviembre de 1962 fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana, ganador del premio de esa institución por los ensayos de “Análisis funcional de la cultura” (1960) Hacia 1963 decide el regreso a Bahía Blanca, severamente enfermo, y deja una monumental biografía sobre José Martí, en la síntesis del mejor pensamiento de un Continente. Unido “Donde yo he quemado mi vida en la pasión encendida para alumbrar un camino en la noche, pero que hasta ahora sólo he dado humo y cenizas”, cita de Oscar Terán, emerge en una de las últimas cartas del intelectual. Ezequiel Martínez Estrada fallece en la madrugada del 4 de noviembre de 1964.

Los dos mil asisten a una renacimiento en el interés de su vasto quehacer liberador en el pensamiento, coronado por  “La amargura metódica: vida y obra de Ezequiel Martínez Estrada” de Christian Ferrer (2014), una biografía críticamente documentada del escritor, y la reedición de varios trabajos, y la aparición de textos inéditos, incluyendo un epistolario que recoge su correspondencia con Victoria Ocampo. También la crítica literaria revaloriza sus abigarrados ensayos del Martín Fierro y Facundo, o sobre Guillermo Hudson, que rompen con el “pintoresquismo”, y la falta de precisión documental e histórica, que cunde en la academia, al igual que la imaginación teórica. Falta releer poesía y relatos de Don Ezequiel, falta revisitar al ensayista que no temió la palabra severa y belicosa, un intelectual que como escribía en su seminal relato de “Juan Florido, padre e hijo minervistas”, a fin de iluminar épocas oscuras, repetía “me gustan los incendios de noche”.

Ezequiel Martínez Estrada

Dicen de Ezequiel Martínez Estrada

“Martínez Estrada ahora -y antes Roberto Arlt- son interpretados por la nueva generación precisamente como autores problemáticos y de denuncia, fundamentalmente sinceros en la medida en que hablaron de lo instransferible, de lo necesario, el gran problema de todos,  confesándose, autodevelándose. Suicidándose. Martínez Estrada porque ejercita la denuncia  como negación del constante no te metas argentino… tomar a Martínez Estrada no como aval o apoyatura, sino como rescate del pasado y del presente utilizables, porque el pasatismo es tan gratuito como la profecía, y los antepasados tan tramposos como la inmortalidad. Porque hoy y aquí ni la genealogía ni lo póstumo justifican a nadie” David Viñas en revista Contorno Nro. 4 Diciembre de 1954. Buenos Aires.

Dice Ezequiel Martínez Estrada sobre la mujer

“Posición falsa y deprimida por excelencia , es la de la mujer que contribuye a sostener su hogar: maestra, empleada, obrera. Considérase vergonzoso reconocer lealmente a la compañera su calidad de contribuyente (...) porque se teme no ser suficiente marido. Su posición equívoca proviene de un complejo en que también ella está complicada, por amalgama de estos sentimientos: desprecio-venganza-necesidad. Se la necesita, se la aprovecha sin reconocérsele derechos en pie de igualdad, y se quiere que en el taller y en el escritorio proyecte a sus ocupaciones los deberes propios del hogar. (...) Ahí está todavía, sin haber claudicado del todo de sus tremendos deberes de anteayer (...) en los días de descanso se le exige que retorne a las antiguas costumbres y que el domingo conmemore su viejo cautiverio. Los días de fiesta y las horas de descanso la retraen a sus compromisos antiguos: no tiene libertad, poniendo las cosas en orden para la nueva semana. (...) No se la dejó libre para que viviera, como se la dejó libre para que ganara su pan. Independizada del hogar hasta cubrir el déficit del ingreso del varón, se la mantiene sumisa, censurada, con la cadena de los prejuicios sexuales al pie. Se sancionan leyes que la amparan, pero no tiene amparo. Mañana podrá divorciarse y volver a casarse, podrá votar, pero no será libre (...) No es en la calle ni en su casa más de lo que fue ayer, aunque ahora regrese con su salario en la cartera”, en Radiografía de la Pampa (1933), citado por fundacionmartinezestrada.

Dice Ezequiel Martínez Estrada sobre el peronismo

“No modificó Perón ninguna de las secciones estructurales de la vida nacional y por eso el país sigue siendo, tras su caída, tan conservador como antes, si no más. El peronismo significó y significa, para el ala conservadora, una trenza de comunismo, ateísmo y terrorismo. Para nosotros no ha sido eso o lo ha sido en tres acepciones equívocas. No modificó ningún sistema y respetó la forma impresa al tipo de gobierno paradigmatizado por Roca y sus epígonos, entre quienes se cuenta él. Hizo la revolución dentro del ámbito conservador aunque contra la oligarquía, quien era sino su tentáculo político. No fue un revolucionario sin un servidor de las contrarrevoluciones. Porque una revolución puede ser el procedimiento más eficaz y cómodo para evitar una revolución”, en ¿Qué es esto? (1956)

 

Imágenes: Ministerio Cultura Argentina

Fecha de Publicación: 14/09/2021

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