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Elsa Bornemann: puentes para que me encuentres

Escritora para todas las edades que supo con audacia e inteligencia renovar la llamada literatura infantil. “Bellos, bellos puentes/para que me encuentres” construyó Elsa.

Arte y Literatura
Elsa Bornemann

En las letras argentinas dos mujeres pusieron los pantalones largos a la literatura, una la gran María Elena Walsh, y la otra sin dudas Elsa Bornemann.  Elsy, como le decían sus lectores, y amigos,  consolidó  en su extensa obra de poemas, narrativa y dramaturgia aquellas palabras que aparecían en el prólogo del indispensable “El libro de los chicos enamorados, “Porque aunque muchísimos poetas escribieron y escriben bellas composiciones amorosas que casi todos los amantes del mundo copian para regalar a su amor, faltaban los creados especialmente para los chicos, inspirados en sus emociones, en sus actitudes, en sus juegos y palabritas. Aquí están” Y estuvieron sus elefantes, monstruos y orquestas más raras del mundo haciendo reír, y pensar, a familias y familias argentinas.  Con más de dos millones de libros vendidos, o ser la primera argentina en el Cuadro del Premio Internacional “Hans Christian Andersen”, Bornemann hizo de la infancia la primera parada del adulto solidario, y comprometido, que no renuncia a su voz de niño soñador.  

Elsa Bornemann nació en Buenos Aires el 20 de febrero de 1952, hija de un inmigrante alemán, Wilhelm, que instaló varios relojes gigantescos en Buenos Aires, entre ellos en Harrod’s de la calle Florida. Con una madre llamada Blancanieves parecía que su camino de fantasía estaba marcado y, de niña, ya daba muestra de una imaginación desbordante y desacatada  De niñas vivíamos en la esquina  del Hospital Penna –barrio de Parque de los Patricios-, la que da a la morgue. Cuando Elsy jugaba en la plaza del hospital con sus amiguitos, todos varones, saltaban el paredón para espiar. Ella estaba siempre atenta a los cuerpos de los difuntos que sacaban y volvía a la casa con la noticia de cuántos hombres y mujeres habían muerto. Le preguntábamos cómo lo sabía y ella contestaba que por los cartelitos que colgaban del dedo gordo del pie de los cadáveres” señala su hermana,  en el sitio dedicada a la escritora.

Egresada de Maestra Normal Nacional en la Escuela Normal N° 11, y en Letras de la Universidad de Buenos Aires, se especializa en varios idiomas, y comienza a trabajar de profesora, maestra y  asesora literaria para importantes editoriales.  Su primer libro “El espejo distraído” (1971) fue distinguido con la Faja de Honor de la Sade –Sociedad Argentina de Escritores-, y en sus poemas, canciones, sinsentidos y versicuentos presentan en sociedad a una escritora que escribía para “niños chiquitos, para más grandecitos y para chicos casi grandes”, “Así es como, entonces, todos/ en el Reino de Ajedrez/ trabajan –de uno y mil modos–/ con un sueldo a fin de mes”  

La irreverencia de Bornemann, su escritura no eludía la realidad, a veces triste y dolorosa, que también forma parte de la vida infantil, se perfecciona en  “Un elefante ocupa mucho espacio”, quince cuentos atípicos donde los personajes buscan alternativas a situaciones supuestamente “normales”. Publicado originalmente en 1975 fue incluido en el Cuadro del Premio Internacional “Hans Christian Andersen”, una equivalente el Nobel infantil,  y el IBBY (International Board on Books for Young People) lo recomendó como “un ejemplo sobresaliente de literatura con importancia internacional”. En 1977 los militares golpistas no compartieron estos halagos, hechos por primera vez a un escritor nacional, y lo prohibieron por el Decreto 3155, “cuentos destinados al público infantil con una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria para la tarea de captación ideológica del accionar subversivo” Varias copias fueron quemadas y resultó un libro leído clandestinamente hasta la vuelta de la democracia en 1984.  

“Víctor, un elefante de circo, se decidió una vez a pensar en elefante, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo... ah... eso algunos no lo saben y por eso se los cuento” decía en el cuento que da nombre a la compilación, de cara al autoritarismo y el silenciamiento, y cerraba la selección con “Cuento con caricia”  donde los animales se abocan a propagar el amor.  Más subversivo que eso en 1977, imposible. De aquellos años también es la novela “El último mago o Bilembambudín” (1979), elegida por  The White Ravens, la lista más importante en el mundo en literatura infantil y juvenil. También “El libro de los chicos enamorados (1977), “Y para ustedes soñé, imaginé, quise y escribí este libro, donde van a encontrar poemas que cantan o lloran las distintas sensaciones que produce el amor-niño, agrupados para que fácilmente puedan elegir uno, según tengan ganas de declararse, enojarse, amigarse”, prologaba Elsa, en un acercamiento inédito,  lúcido y desprejuiciado de los sentimientos juveniles, y a ese periodo que muchos tiempo después se llamaría preadolescencia. Si tiene hijos en esta edad, infaltable en compañía de “Amorcitos sub-14” (2003).

Continúa en los ochenta su prolífica tarea artística, destacándose como conferencista de la especialidad, Elsa una referente actual en la educación y la promoción de la lectura,  y sorprende con los cincuenta poemas alucinados de “Disparatario” (1983), que sólo se leen con un espejo, je.  El paso siguiente fue sencillamente revolucionar el terror nacional sin documentos, “Socorro (1988), Queridos monstruos (1991) y Socorro Diez (1994) sobresale con brillo propio. Una abuela siniestra que reencarna en los electrodomésticos, manos fantasmales que se aferran a las de un grupo de criaturas, cuadros que cobran vida, pies que se desprenden para salir a matar, una lobizona que rompe la tranquilidad de un barrio privado y milenarios espíritus marinos que se valen de plomeros para alimentarse son escasas y escuetas muestras de su singularidad y de las novedades que nos regaló… Bornemann explota la quintaesencia del terror (su carácter pesimista) y, así, consigue arrancarle la etiqueta de advertencia”, reflexionaba el escritor Celso Lunghi en pagina12.com.ar.

Tras el suceso a mediados de los noventa,  Bornemann  se transforma en una long seller, con traducciones agotadas rápidamente en Japón, Israel, Estados Unidos y diversos países de Latinoamérica y Europa, y más premios como el Konex, se abre un hiato que se corta en los dos mil con publicaciones que en verdad, muchas son reediciones y nuevas antologías.  “Hacía mucho tiempo que andaba mal de ánimo, varios años que ya no asistía a las ferias del libro infantil, y un par de años que ni salía de su casa. A su entorno familiar había sumado sus perritas y unos gatos que eran sus grandes compañeros”, reconocía el editor Guillermo Schavelzon en el elpais.com,  en un homenaje tras su fallecimiento el 24 de mayo de 2013, “Llevaba demasiado tiempo llena de tristeza,  apagada. Sin ganas de seguir adelante. Su muerte es desoladora. Varias generaciones de lectores sentiremos una auténtica orfandad” Quienes nunca la olvidarán son los niños, padres y maestros para quién Elsa Bornemann fue, es y será una brújula hacia un mundo mejor.

Dice Elsa Bornemann

“A LOS cinco años planté un nombre. Aún no sabía escribir, y el jardín de casa me reservaba un lugar mágico, bajo las azaleas cultivadas de papá. Allí lo pronuncié por primera vez: Pa-blo. Los sonidos saltaron sobre mi mano izquierda, que me cruzaba la boca para recogerlos uno a uno.   Tenía miedo de que se me cayera alguno. De ese modo, ¡zas! La magia rota y Pablo se me perdería para siempre. Pero no. Los duendes me querían entonces: Los sentí chocar contra mi piel y cerré la mano con fuerza. Ya era mío” en “Uno más Uno (Cuento para chicos enamorados)”. Publicado en la antología  “Caramelos surtidos. Para saborear entre los ocho y treces años”. Buenos Aires: Editorial Orión. 1993. Primera edición 1984.   

Dice Elsa Bornemann

“Qué diría la gente/-que en todo se mete-/si en el subterráneo/salto el molinete,/si suelto tu nombre/desde un campanario/y que yo te quiero/publico en el diario” en “Canción para saber cómo es la gente”. Publicado en “Un día, una brújula”. Buenos Aires: Loqueleo. 2015.

 

Fecha de Publicación: 20/02/2021

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