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El Teatro Cervantes. El arte es un sueño que no se detiene

Centenario del único teatro nacional argentino, símbolo de nuestro excepcional arte escénico y joya arquitectónica. Su concreción reunió como pocas veces la voluntad de artistas y funcionarios, ricos y pobres.

Arte y Literatura
Teatro Cervantes.

En la Buenos Aires definitivamente corazón del teatro hispanoamericano, en 1918 actúan en simultáneo nueve compañías argentinas y ocho extranjeras, la actriz española María Guerrero tiene un sueño “Un gran teatro dotado de un escenario suntuoso y admirable” que contenga sus súper producciones del teatro español inmortal del Siglo de Oro y, también, en las mejores condiciones, las nuevas producciones del teatro argentino. Con los aportes de reyes y estancieros, actores encumbrados y empresarios de circo, aquel delirio de una noche de verano se transformaría en realidad el lunes 5 de septiembre de 1921 con el estreno de “La dama boba” de Lope Vega. María, la artista que rechazó que el fastuoso recinto lleve su nombre, elegió Teatro Cervantes, en honor al autor cumbre de la lengua que nos une a un continente y a una tradición. Y a nuestro porvenir y sueños que se representan en las salas de la calle Libertad.  

Para cuando la Guerrero decidió junto a su marido, el noble ibérico Fernando Díaz de Mendoza, la construcción del teatro ya era comparada con las grandes actrices de la época Sarah Bernhardt o Eleonora Duse. Su fama y talento era reconocido por la alta sociedad porteña, que la había apoyado abiertamente desde el estreno de su compañía en 1897 en el Teatro Odeón, y admitida por la crítica, en principio reacia a su voluntad de recrear a los clásicos españoles, “el teatro debe ser artístico, no patriótico” o “el público va a ver a la Guerrero porque se ha dado un reunión social, no interesa la que haga”, y, al fin, “al aparecer la Guerrero en escena, he entrevisto la resurrección de España…agreguenla a la lista de Bernhardt o Duse…en su glorioso teatro patrio es tan reina y tan estrella como cualquiera”, sentenciaba el poeta Rubén Darío en el diario La Nación, reseñando las interminables giras ovacionadas en Argentina y Uruguay.  Así que cuando decidió concretar su sueño, que fortuitamente celebraría un cuarto de siglo de la primera visita al país, recurrió a sus recursos y contactos, ricos y nobles.

El rey de España Alfonso XIII adhirió a la empresa gigante, considerando que sería un templo del idioma castellano, y ordenó que todos los buques de carga españoles de su gobierno que llegasen a Buenos Aires debían transportar los elementos artísticos indispensables para el Cervantes.Diez ciudades españolas trabajaron para un teatro allende el Atlántico: de Valencia, azulejos y damascos; de Tarragona, las losetas rojas para el piso; de Ronda, las puertas de los palcos copiadas de una vieja sacristía; de Sevilla, las butacas del patio, bargueños, espejos, bancos, rejas, herrajes, azulejos; de Lucena, candiles, lámparas, faroles; de Barcelona, la pintura al fresco para el techo del teatro, de Madrid, los cortinados, tapices y el telón de boca, una verdadera obra de tapicería que representaba el escudo de armas de la ciudad de Buenos Aires bordado en seda y oro. Para el diseño y la ejecución de las obras se contrataron a los arquitectos Fernando Aranda y Emilio Repetto quienes adoptaron la idea de la Guerrero, y en la fachada reprodujeron los detalles del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá de Henares, de estilo Renacimiento, y columnas platerescas “La construcción y ornamentación del Cervantes demandó cerca de setecientas personas entre operarios y artistas, pero todo fue ideado, corregido y también modificado mediante la constante y sagaz vigilancia de María Guerrero”, grafica el sitio oficial del Teatro Cervantes.

Teatro Cervantes

La Guerrero, madre del teatro argentino

Esta joya de la arquitectura nacional, y su sala principal ahora bautizada María Guerrero, demoró tres largos años, signados por los dificultades del matrimonio de artistas-empresarios que se puso al hombro semejante quijoteada, cierto recelo del medio local, aunque también hubo aportes de las entidades de actores, que justamente en 1921 entraban en sus primeras huelgas, y familias adineradas porteñas. El domingo 4 de septiembre se realizó una fiesta de gala en la sala, con la platea puesta a nivel del escenario, y se agasajó a los trabajadores y artistas involucrados, los adherentes y los fundadores. Todo estaba preparado para el gran estreno, un hecho que fue ampliamente documentado en la prensa de la época, y que alababa el empeño de la Guerrero en legar un grandiosa sala a la ciudad.

El 5 de septiembre de 1921 se descorre el fabuloso telón, ante 1700 butacas a pleno, y aparece Díaz de Mendoza leyendo unos versos de Eduardo Marquina, un destacado autor español que escribe especialmente para la ocasión. Después sigue Fernando, el hijo de Guerrero y Díaz de Mendoza, quien lee otros de Fernández Ardavin. Finalmente sale a escena “La dama boba” de Lope de Vega, con el estelar de María Guerrero, la misma pieza que vuelve a la ovación a 25 años de su debut porteño, cuando la actriz se jugaba a representar los clásicos que estaban demodé para la burguesía hispanofóbica rioplatense. Ese mismo día se anuncia un repertorio de autores españoles y europeos y “Una bala perdida” del argentino Enrique García Velloso, amigo personal de la Guerrero, y futuro salvador del teatro. También una serie de recitales, y una conferencia sobre el “alma del Quijote” a cargo de Rosa Bazán de Cámara. Los propietarios harían un contrato con Faustino Da Rosa, su empresario de tantos éxitos en el Teatro Odeón, para contratar y organizar espectáculos, entre los primeros una compañía inglesa que se presenta en noviembre y diciembre de ese año. Será fundamental el Cervantes en la aceptación temprana de la obra del vanguardista Pirandello entre nosotros, “un acontecimiento artístico”, titulan los medios aquellas piezas por la compañía francesa de Francen y Dermoz, en 1924.

Teatro Cervantes interior

Teatro Cervantes, única sala nacional

Pese a los sucesos artísticos, el Cervantes tenía los días contados. Guerrero y Díaz de Mendoza no pueden afrontar la larga lista de deudas y acreedores, entre ellos el mismo antes querido Da Rosa. Allí aparecería la acción salvadora del dramaturgo García Velloso, uno de los fundadores del teatro argentino, que en 1925 se encontraba en la Comisión Nacional de Bellas Artes, y manejaba también parte del Teatro Colón, que había pasado al órbita estatal en ese año. Más precisamente para el Conservatorio Nacional de Música y Declamación el funcionario buscaba espacios, y de inmediato propone al edificio como primer teatro oficial, revelando la situación económica que atravesaban los propietarios del Cervantes, sus amigos artistas: ”Todos ustedes conocen esta soberbia casa de arte y todos están al cabo de las desventuras financieras que, desde antes de su terminación, pesaron sobre sus ilustres iniciadores y propietarios…El Teatro Cervantes está perdido para ellos. De un momento a otro se producirá el ‘crack’ definitivo, y pensando dolorosamente que el magnífico teatro pase a manos mercenarias, aconsejo al gobierno nacional su rápida adquisición y su entrega a la Comisión de Bellas Artes”, advertía García Velloso, y aseguraba que en caso de subasta pública había un grupo comercial que lo convertiría en cabaret, cine y varieté. Sus fundamentos convencieron a Marcelo T. de Alvear y su esposa Regina Pacini, a los gremios de actores y a la prensa, y el presidente dispuso que la Caja de Crédito Hipotecario adquiera el teatro, un 26 de abril de 1926.

Queda bajo la juridiscción del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública y recién en 1933, en la presidencia fraudulenta de Justo, se oficializó por ley la creación del Teatro Nacional de la Comedia, y se destinó para su funcionamiento el Teatro Cervantes. Pasarían dos largos años hasta que el objetivo se concretara, la unica sala nacional de la Argentina. Matías Sánchez Sorondo, presidente de la Comisión Nacional de Cultura, le encomendó al actor y director Antonio Cunill Cabanellas la organización y dirección de la Comedia en el Cervantes, que estrenaría “Locos de Verano" de Gregorio de Laferrere el 24 de abril de 1936. El quijoteada de la Guerrero, quien falleció en 1928, seguiría derribando molinos.

Cunill Cabanellas y Orestes Caviglia fueron sus grandes directores en esta primera etapa estatal, quienes elevaron el nivel de las realizaciones, ejemplo para todo el medio teatral, emprendieron una búsqueda constante del perfeccionamiento actoral, y apoyaron a los autores nacionales en la elección del repertorio. Ciclo brillante que acabaría en la“catástrofe nacional”, el trágico incendio que devoró el 10 de agosto de 1961 las instalaciones del Cervantes.  Si bien las pérdidas fueron cuantiosas, se estimó en 50 millones de pesos, la decidida acción de los trabajadores del teatro salvó que sean irreparables. Se reabriría en 1968, con un nuevo telón realizado por las Hermanas Adoratrices, y reformas que lo llevaron a los actuales 11 mil metros cuadrados, las nuevas salas Caviglia y Luisa Vehil, e institutos de formación, y siguió siendo foco de pensamiento y arte, en medio de los vaivenes políticos del último medio siglo. En los dos mil se encararon nuevas obras de remodelación recientemente finalizadas. Iris Marga, Eva Franco, Francisco Petrone, Guillermo Bataglia, Santiago Arrieta, Homero Cárpena, Mario Danesi, Angel Magaña, Carlos Gorostiza,Osvaldo Bonet, Alejandra Boero, Alberto Ure, Villanueva Cosse, José M. Paolantonio, Eva Halac, Rubens Correa, Augusto Fernandes, Carlos Gandolfo, China Zorrilla, Jaime Kogan, Oscar Barney Finn, Juan Carlos Gené, Javier Daulte, Daniel Veronese, Leonor Manso, Alicia Zanca, Alejandro Tantanian, Rafael Spregelburd, Mariana Obersztern, Leticia Mazur, Andrea Garrote y Lorena Vega, algunos directores y actores, directoras y actrices de ayer y hoy, que construyeron la Comedia Argentina en el Teatro Nacional, que no se detiene, el pan de la vida.

teatro_cervantes

 

Fuentes: Garcia Velloso, E. Memorias de un hombre de teatro. Buenos Aires: Eudeba. 1969; Pellettieri, O. Cien años de teatro argentino 1886-1990. De Moreira a Teatro Abierto. Buenos Aires: Galerna. 1990; Seibel, B. Historia del Teatro Argentino. Desde los rituales hasta 1930. Buenos Aires: Corregidor. 2002; teatrocervantes; elcervantes.org // Imágenes: Ministerio de Cultura / Teatro Cervantes

 

Fecha de Publicación: 05/09/2021

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