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El Mosquito. La revista satírica que picó en punta

Durante 30 años la revista “fábrica argentina de fama, datos para la historia y conservas para la posteridad” alumbró el camino del humor de actualidad. El gran circo criollo político que cambia para no cambiar.

Arte y Literatura
El Mosquito revista

Cuando el 16 de julio de 1893 dejó de aparecer el “burlesco, noticioso y comercial”, la revista El Mosquito, era el fin de una Era. Que iba a materializarse recién en 1916, con el país plebeyo en el poder, pero que daba signos de recambio en el orden conservador bombardeado con ministros y revoluciones radicales. El sagaz Henri Stein, caricaturista y empresario pionero de los medios, intuyó el cambio de rumbos y que la política iba a dejar el patio trasero y oligárquico de los grandes nombres de la Generación del 80. Y que la gran vidriera nacional que era El Mosquito, que semblanteaba a quienes regían los destinos del país, presentándolos al gran público e inaugurando la moderna opinión pública, necesitaba una reformulación, menos agrietada, más masiva, que llegaría a los quioscos con Caras y Caretas en 1898. Pero la revolución gráfica, cuestionadora e irreverente a los poderes de turno, estaba impresa para hortensias, tías y satiricones en galeras.

Una pedagogía en imágenes, el Gran Álbum de figuritas de la construcción del Estado, sin límites entre los privado y lo público, que se colgaba en las piezas, a la manera de póster, “A lo largo de la pared, clavadas con tachuelas, se veía las caricaturas del Mosquito…el General Sarmiento vestido de mariscal, el Doctor Avellaneda, enano sobre tacos gigante, el brigadier D. Bartolo Mitre, en la azotea de su casa, el Doctor Tejedor, de mula, rompiendo a coces los platos en un almacén de loza, ¡la sombra de Adolfo Alsina llorando las miserias de la patria!”, en textos de uno de los fundadores de la novela argentina, Eugenio Cambaceres, “Sin rumbo” de 1885. Como ocurría con la portada de la revista Gente en su etapa de esplendor, nadie quería quedar afuera del trazo rebelde de El Mosquito, un papel entintado clave en la formación de la identidad. 

En este rescate literario de la investigadora Pamela Gionco queda en claro las primeras alineaciones del medio,  que salió al ruedo el 24 de mayo de 1863. Primero el alsinismo, luego en sus transfiguraciones roquistas, cuando la revista alcanzó la tirada de 10 mil ejemplares, y exponía la temida tapa semanal, en la concurrida oficina de la avenida de Mayo al 200. Sin embargo, durante los 1580 números, cuatro páginas impresas en papel diario que fue mutando, de menos a más caricaturas, y una visionaria sección de avisos comerciales, con dibujos de Henri Meyer –su fundador, inspirado en la prensa francesa satírica de la época-, el español Eduardo Sojo (Demócrito, luego en la competencia de El Quijote) y el argentino Carlos Clérice, el tábano picó parejo en una línea editorial liberal y modernizadora, que podía llamar a Sarmiento “el chupa-sueldos”, porque percibía honorarios por varias cargos públicos en simultáneo, o usarlo de manipulado arlequín en los esperados almanaques. Entre las firmas, los adalides del futuro Partido Autonomista, otro signo de la tendencia que predominó en el imaginario Mosquito, Eduardo Wilde y Estanislao del Campo, que sacaban chispa y lustre en la sección “Picotones”, una bajada ácida de la realidad política. Entre los redactores se encontraba Luciano Cloquet, que tenía un amigo dibujante litógrafo francés de apenas 22 años, que poco sabía de español, y que invita a sumarse en 1868.

 

La revolución entintada de Stein

Un lustro después este hombre, que sería amigo de Julio Argentino Roca y Emilio Bieckert, o sea el poder político y económico de la joven república, estaría al frente de la revista. Henri Stein daría su particular impronta acuerdista al Mosquito. Fue catedrático en colegios militares y representó al país en la feria mundial de París en 1879, un artista comprometido con el proyecto de la Generación del 80. Un toma y daca en realidad donde el mismo Stein aparecería representado en El Mosquito, con su barba en punta y el porte de alfil bufonesco, con un innegable talento y perspicacia, y que le aseguró la perdurabilidad en un mercado emergente y de publicaciones efímeras ligadas a la explosiva arena política, por su “capacidad de intervenir en los mecanismos de la política facciosa al mismo tiempo que sus redactores y dibujantes se profesionalizaban en la tarea”, marcando el camino moderno de la empresa periodística. Algo que el mismo fundador Meyer había bosquejado en sus inicios con una atractiva oferta a los suscriptores: una docena de tarjetas fotografías, ejecutadas por el artista Sigismundo, cuya galería estaba en el mismo local del periódico. Recién arribaba la fotografía al Río de la Plata, El Mosquito se ubicaba en la vanguardia técnica, y además, comercial, ya que buscaba el sostén fuera del canal partidario que era lo usual en el Buenos Aires posterior a la batalla de Caseros. Allí donde los futuros moldeadores de la Generación del 80 pretendían tener un papel donde expresar sus opiniones pasada la censura rosista. “Un periódico era el ideal de todos”, mencionaba Vicente Quesada de un clima de época que facilitó la aparición de El Mosquito, “pero para que fuese sabroso era preciso que fuera burlesco”, mientras fundaba El Padre Castañeda (1852), dejando bien claro que las relaciones entre humor y política en la Argentina vienen de allá lejos y hace tiempo.

 

“Patriotismo: no sabe lo que es”

“Pobres los que murieron en la epidemia de la Fiebre Amarilla, se perdieron la comedia de la época actual” rezaba una provocadora frase en abril 1880 del Mosquito, que no tenía nada que envidiar a sus primas lejanas revistas Humor y Barcelona. Semanas previas a las sangrientas batallas por la federalización de Buenos Aires. “Pronto llegará el momento en que la república tendrá que cambiar de sanguijuelas. Al contrario de lo que se hace de costumbre, debe tomar las que menos chupan”, en medio del ascenso irresistible de Zorro Roca. Sin embargo la alineación de Stein no era de obediencia debida, y se permitía algunas licencias con los supuestos amigos del caudillo tucumano, por ejemplo atendía regularmente al “culón” presidente Avellaneda, “nunca un gobierno tan chico como el de él”. Pero es notorio que Mitre no causaba ninguna simpatía del francés, “el oficio de caudillo también concluye y es la conclusión ésta el que trae la pérdida del de revolucionario”, al alusión al levantamiento militar mitrista contra el presidente Sarmiento en 1874. Mitre, que para El Mosquito desde una visión moderna institucionalista y nacionalista, “Edad: 54 derrotas. Patriotismo: no sabe lo que es…Hechos meritorios: memorable destrucción de Paysandú, aniquilamiento de Paraguay a beneficio de los brasileros…completamente nulo…quiere ser presidente a toda costa…su gran incapacidad es conocida…invitamos a los inmortales a que lo echen a puntapié”. Dicho sea de paso, no hubo ninguna censura judicial ni policial de Mitre, ni persecución ideológica,  por estas palabras que son más injuriosas que un tomatazo sobre una caricatura presidencial reciente.  

Pero quien fue la estrella principal a caricaturizar, y comentar en sus locuras, fue indudablemente Domingo Faustino Sarmiento, quizá el personaje más representado del siglo XIX. En ello colaboró El Mosquito, que como decíamos lo puso marioneta en las manos del mismo Stein en el logo del almanaque, sino que además se ocupó tempranamente de semblantear al sanjuanino para la posteridad. El loco Sarmiento. Que era una manera con la cual lo identificaron los federales de Rosas, y que el Restaurador insufló hábilmente para debilitar a la oposición, como diría Esteban Echeverría, y quedó perfilado magistralmente en El Mosquito de Stein, “todos estábamos locos como él y durante casi todo su gobierno, la república presentó el cuadro más curioso que se puede ver: parecía una inmensa reunión de extravagantes dirigida por el más estrafalario de todos”, cerraba la editorial, que empezó a ganar espacio a medida que avanzaba la candidatura del “hombre de lucha y administración” Roca en 1880; escondida en la de Sarmiento, “el hombre de conciliación” Porque por más que se burle de Sarmiento, y lo haya retratado incluso de simio, la relación era más que cordial entre dibujante y presidente. Quizá porque de joven Sarmiento era un caricaturista frustrado. Para Stein, Sarmiento era el amigable “rey de tipos”, con un arsenal inagotable para burlar, y, otra vez, nunca hubo censura al Mosquito; a la distancia similar a lo que ocurrió en la presidencia de Menem pero, también, distante por las presiones a los medios que se mofaban del Tigre riojano.  

 

“No soy argentino, ni político, soy dibujante”

Saliendo de lo estrictamente político, aunque resulte indudablemente cercano, en la revista El Mosquito además aparecen los nuevos escenarios de la sociabilidad, como el recuperado carnaval, los circos extranjeros que visitaban el país incentivando el circo criollo, y la ópera, que aparece como argumento de varias viñetas de Stein, como la que dedica en sus críticas al mitrismo, ubicando a Don Bartolo en la ópera brasileña Il Guarany, el Fausto versión Adolfo Alsina, o la interpretación desaforada operística de las guerras religiosas en Francia, entre católicos y protestantes, reeditadas en el enfrentamiento de los católicos y laicos en 1882. Asimismo surgen detalles innovadores en las vestimentas de hombres y mujeres, en los reiterados corsos que caricaturiza con agudeza, y el uso nuevo de la publicidad, que aparece en los fondos, con carteles callejeros de las principales firmas. Acompañando a Gionco, santos y señas de la nueva burguesía inmigrante que dominará el panorama del siglo siguiente. Algo que Stein viviría retirado de los lápices, después de haber colaborado también con el diario La Prensa, porque en 1890 decide vender El Mosquito, y terminaría detrás del mostrador vendiendo libros y lápices en el local de avenida de Mayo hasta su fallecimiento de 1919. Sin comprender del todo el país que él mismo había ayudado a imaginar. Y a rebelarse.

 

 

“No soy argentino, ni político, soy dibujante”, retrucaría Stein a sus competidores cuando endilgaban que tanto criticó a Mitre pero terminó siendo su dibujante en el diario La Presidencia de 1874. Que se mofaba de El Mosquito. El mismo Enrique, como terminaron de argentinizarlo, que pintó los grandes hechos de la conformación del estado moderno argentino y sus discusiones notables, sosteniendo una tendencia liberal y republicana, por ejemplo contraria a las fuerzas centralistas porteñas, y, por momentos, laicista al extremo, como en las disputas álgidas de la ley de educación universal y el matrimonio civil. Picando y picando nuestro Mosquito hecho de caricaturas y petardísticos epígrafes, que había para todos. Como en 1864, “Clausura de las Cámaras: Por fin los señores Congresales nos van a dejar en paz. Es bueno recordarles antes que el Sr. Augier se vaya a Catamarca, el Sr. Vélez a Córdoba, el Sr. Cabral a Corrientes, etc., etc., es bueno recordar los beneficios que nos han hecho. 1° Nos dejan sin música por economía de cuatro reales. 2° Dejan en mal estado el ojo del Sr. Piñero, con la discusión que han suscitado sobre él. 3° Dejan sin marchantes al dueño del fondín cerca de la Catedral. 4° Dejan flaco al pobre ministro de la Guerra a fuerza de interpelaciones. 5° Dejan sin material sobre oradores al Mosquito. Dejan una porción de leyes truncas que es inútil mencionar” No disparen contra el mensajero.

 

Fuentes: Matallana, A. Humor y política. Un estudio comparativo de tres publicaciones de humor político. Buenos Aires: Eudeba. 1999; Gionco, P. C. De arenas, escenas y otras cuestiones públicas. Espectáculos y convergencia cultural en las páginas de El Mosquito en “Ilustrar e Imprimir. Una historia de la cultura gráfica en Buenos Aires 1830-1930”. Buenos Aires: Ampersand. 2016; Román, C. Prensa, política y cultura visual. El Mosquito (Buenos Aires, 1863-1893) Buenos Aires: Ampersand. 2017; Sujatovich, L. M. El Mosquito: la caricatura política en la presidencia de Bartolomé Mitre Luis en revista Question, Vol. 1- Nro. 57. Enero-marzo 2018.

Imagen: Archivo General de la Nación 

Fecha de Publicación: 16/07/2022

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