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De Manuel para Juana. Único poema de Belgrano dedicado a Azurduy

La única pieza literaria conocida del creador de la bandera está dedicada a la Amazona de América. Un texto recobrado celebrando el aniversario de la guerrera cumbre de la Independencia.

Arte y Literatura
poema de Belgrano

Para 1816 Manuel Belgrano y Juana Azurduy eran viejos conocidos. Compañeros fieles e insobornables de la Causa Americana. Fue el Libertador Belgrano que apenas pisó en el Alto Perú en 1812, atendiendo el clamor de los arribeños, se reunió con Manuel Padilla, el valiente guerrero que había levantado a miles de criollos e indígenas de Chuquisaca, Cochabamba y Tarija con los ideales de la Revolución de Mayo. Y con él iba inseparable la capitana Azurduy, su esposa, que respondió al grito libertario organizando las temibles “Leales” y “Amazonas”, “-con- una gorrita militar con pluma azul y blanca”, que eran el terror de los realistas en el escenario bélico interminable de la Puna argentina y el Altiplano boliviano. Miles de vidas tronchadas americanas que permitieron que San Martín cruzara los Andes y liberara a medio Continente. Un esfuerzo patriótico poco reconocido en las historias oficiales locales, los de los Warnes, Hualparrimachi, Arenales, Uriondo, Cáceres y tantos otros, a cargo de los republiquetas como Tomina y Chayanta, bañadas por su sacrificio descomunal acompañando a los Gauchos de Güemes kilómetros abajo; y que no era ajeno al sentimiento criollo popular de Belgrano.

Un general argentino que nunca abandonó a los altoperuanos, ni siquiera cuando la orden de Buenos Aires era dejar librados a su suerte a los “bizarros paisanos”, en su desigual guerra de partidarios contra un despiadado ejército realista. Quizá por este infinito amor a sus compatriotas de luchas e ideales, quien fue el primer periodista argentino, y dueño de una cultura inusual en los altos mandos, dedicó unas líneas a Juana, las únicas que se conocen literarias de Belgrano. A ella, quien conoció las glorias revolucionarias belgranianas de Tucumán y Salta, y también, las más innumerables derrotas de la marcha revolucionaria camino a Lima, arrancando con los reveses duros de Vilcapugio y Ayohuma. Donde la teniente coronela Juana Azurduy, la única jefa de caballería del ejército argentino, comandó la improvisada artillería que protegió la vida de Manuel Belgrano.

“Poder afianzar la Independencia de nuestra Nación”

Hacia principios de 1816 los mandos de la marcha revolucionaria, nuevamente concentrados en Buenos Aires que monitoreaba el Congreso de Tucumán con la voluntad de los logistas –los masones de la Logia Lautaro-, deciden retroceder a los ejércitos hasta Tucumán. Y reemplazar al general José Rondeau, responsable según españoles y patriotas del desastre de Sipe-Sipe (1815), la última vez que los argentinos avanzaron más allá de la Quebrada de Humahuaca. Belgrano, nuevamente el elegido. “Nuestro objetivo no debe ser defender posiciones sino batirlos y arruinarlos para que terminen nuestros esfuerzos y poder afianzar la Independencia de nuestra Nación”, escribía Belgrano a Güemes, a la par de que aseguraba los –pocos-recursos que quedaban a los Infernales, los gauchos que sostuvieron a los avances realistas en la frontera, curiosamente en límites muy parecidos a los geográficos actuales. Valen aquí las palabras de Padilla, el esposo de Juana que compartía con ella el deseo de unidad de las Provincias Unidas del Río de la Plata, desde Potosí a Buenos Aires, cuando Rondeau lo notifica que no tendrán apoyo del ejército auxiliar comandado por los porteños y que, con lo que tengan, deberán cubrir una vergonzosa retirada. “Si Buenos Aires es el autor de la revolución ¿para qué comprometernos y privarnos de nuestra defensa?...¿a quiénes se debe el sostén de un Gobierno que nos acuchilló?...Y ahora que el enemigo ventajoso inclina su espada sobre los que corren despavoridos y saqueando, ¿debemos salir nosotros a cubrir sus excesos y cobardías?...los hombres se cansan y se mudan. Todavía es tiempo de remedio: propende US a ellos si Buenos Aires defiende la América para los americanos y si no…Dios guarde a US muchos años”, remataba un “si no…” que completamos los argentinos, a  casi 200 años que fueron perdidos territorios unidos por historia y familias a nuestro destino, como la actual ciudad boliviana de Tarija; los cuales sus hijos en aquella guerras de la Independencia pelearon por la Patria Grande.

Más de una veintena de combates, no todos victoriosos pero importantes para contener a los realistas de Aguilera y Goyeneche, ambos americanos por cierto –las Guerras de la Independencia pueden ser vista como un anticipo de las guerras civiles latinoamericanas que sobrevendrían-, darían una estatura mitológica a Juana Azurduy en los meses que Padilla contesta al desubicado general porteño; apenas repuesta la madre Juana por el fallecimiento por paludismo de sus cuatro hijos, ocultos en pantanos de la furia de la cruda reacción de Fernando VII.

Para quechuas y chiriguanos era Juana la encarnación de la Pachamama, y hacía que varias mujeres indígenas se enrolasen en los guerrillas que diezmaron a los invasores,  quienes a su vez multiplicaban en represalia cabezas sin distinción de sexos por el Camino del Inca. El 14 de enero de 1816, Juana combatiría a punto de dar a luz, en la batalla de Presto, y dio a una india amiga la única hija sobreviviente, Luisa, para seguir peleando con Padilla. Posteriormente informaría el esposo Manuel a los mandos patriotas, en Salta, sobre su esposa puérpera, pistolas en mano, “dándoles fuego de día y noche, les obligó a una fuga vergonzosa, quitándoles la presa de mayor estimación que es la bandera reconquistadora de las ciudades de La Paz, Puno, Arequipa, y el Cuzco, que por lo tanto tiene bordados de mucha estimación y valor, cuyo diseño remito a VE”

Belgrano-Azurduy

Belgrano, poeta por Azurduy

Enterado Belgrano envió carta a Pueyrredón, director supremo recientemente elegido en el Congreso de Tucumán, para que le diera el grado de teniente coronel de las Partidas de Decididos del Perú a Azurduy, “ella misma arrancó de manos del abanderado ese signo de la tiranía, a esfuerzo de su valor y sus conocimientos en la milicia, poco común en las personas de su sexo…Eterna Memoria del esfuerzo americano”, argumentaba Belgrano. Y junto al sable que obsequia a Juana, y que la acompañaría en todas sus batallas, sumada a los Gauchos de Güemes después que ese mismo año matan a Padilla en el combate de Villar III, el prócer argentino decide rubricar en el paño opresor estas líneas en agradecimiento al patriotismo de Azurduy, en un rescate de Pacho O´ Donnell:

 

Desde hoy  seréis ya bandera

Por mejor mano creada,

Seréis en toda la frontera.

¡Tiemble el tirano! La Hera

Abata su pompa vana;

Y para gloria de Juana

De Azurduy, diga que de él

A pesar de ser cruel

Triunfó una americana.

 

José Santos de La Hera, inició su carrera militar en Buenos Aires en 1809, y fue uno de los mejores generales que tuvo el virreinato del Perú. Conocido además por su crueldad con los pueblos sublevados en el área del Lago Titicaca y Potosí. Belgrano ya no vería a Juana Azurduy después de 1816, enfrascado en contener la “anarquía” de los nacientes partidarios del federalismo. Y Juana de América, una vez asesinado Güemes y la Argentina desgarrada en guerras civiles, decide volver a su Chuquisaca natal, con un mísero reconocimiento argentino, cuatro mulas y cincuenta pesos “por los servicios prestados”, y una pensión de cien pesos que deciden Bolívar y Sucre “por su sagrado amor a la Patria”, que finaliza cuando asesinan al presidente de Bolivia Pedro Blanco – quien dirigía los ejércitos españoles que combatieron a los Padilla, pero jamás dejó de reconocer el valor de Azurduy, ni impidió el pago de la pensión. Por Argentina se acercó solamente Juana Gorriti a conversar con una mujer, madre y guerrera, que hizo “respetar nuestra conciencia de Libertad”. Juana Azurduy falleció un 25 de Mayo, Argentino, celeste y blanco, como la enseña que Belgrano nos legó.

 

Fuentes: O´ Donnell, P. Los héroes malditos. La historia argentina que no nos contaron. Buenos Aires: Sudamericana. 2004; Balmaceda, D. Historias de corceles y de acero. De 1810 a 1824. Buenos Aires: Sudamericana. 2010; Wexler, B. C. Juana  Azurduy, flor del Alto Perú en revista Todo es Historia. Nro. 538. Mayo 2012. Buenos Aires.      

Imágenes: Argentina.gob / Freepik

Fecha de Publicación: 12/07/2022

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