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Cortázar: el adolescente que no adolescía de nada

Jorge Luis Borges que quedó asombrado, no solo por la altura, sino también por la expansión del mundo imaginario creado por Cortázar

Julio Florencio Cortazar, nacido en Bruselas el 26 de agosto de 1914, empezó a escribir a los ocho años. La novela fue guardada celosamente por su madre, la argentina María Herminia Descotte. Esta acción decisiva impidió que su hijo quemara una de las piezas más importantes en la reconstrucción de la vida de Cortázar, y hoy está expuesta en el museo del autor, que se encuentra en la ciudad francesa de París. Durante su adolescencia, dejó momentáneamente la escritura para dedicarse a sus otras dos pasiones, las cuales eran -no nos debería extrañar a sus lectores- el jazz y el boxeo. Es por esto que varios de sus personajes se dedican a ese género musical, expresando de este modo su admiración y fijación con dicha música, pero en verdad, intentó, antes de cumplir sus deseos relacionados con el arte, acercarse al mundo del deporte de lucha.

 

Cortázar, la radio y el boxeo

Fue así que, gracias a su insistencia, en una radio local porteña le permitieron relatar una pelea de fondo. Sin embargo, esto no estuvo nada exento de problemas, ya que él había sido criado en Bélgica y la pronunciación de su “r” todavía era resbalosa. Además, se cuenta que la emoción que le ponía a cada golpe era demasiado excesiva. Estos dos factores juntos terminaron en un dislate inentendible para la audiencia. Así fue que a los directores del programa no les quedó otra opción más que despedirlo.

Con respecto a la relación entre la escritura y el boxeo, él decía que la novela debía ganar por puntos y el cuento por knockout. En su cuento "La Noche de Mantequilla" narra una pelea que presenció en París que sucedió entre Carlos Monzón y Mantequilla Nápoles. En esa noche, los boxeadores se enfrentaban ni más ni menos que por el título del campeón del mundo. Como estas, podemos encontrar variadas referencias al deporte de pugilato dentro de la literatura cortazariana.

 

Conoce a Borges

Luego de ese paso en falso por la radiofonía, afortunadamente, Cortazar volvió a escribir. A la edad de 17 años, sin siquiera haber alcanzado la mayoría de edad ni haber completado el profesorado de literatura que realizaría de más adulto, se presentó en las oficinas de la revista "Los Anales de Buenos Aires". Allí fue donde conoció a un joven llamado Jorge Luis Borges, y le entregó uno de sus cuentos. Borges estaba lejos todavía de ser la leyenda de la literatura argentina (y me atrevo a decir, universal) en la que se convertiría más tarde. No era más que un editor que trabajaba allí, y que luego, por muchos años logró estar a cargo de la dirección de la reconocida revista. Al leer la prometedora obra del joven Cortazar, Borges quedó asombrado. Esto fue así no solo por la altura de su -si bien fresca y novata- extraordinaria escritura, sino también por la expansión del mundo imaginario creado por Cortázar. No debemos olvidar que la crítica ha denominado “fantástico cortazariano” a un tipo de escritura. Es que fue extremadamente original su modo de abordar el género que rompe con el verosímil realista.

 

Tiempo después, mientras Julio Cortázar caminaba por la calle Corrientes, tuvo la fortuna de encontrar el entonces nuevo número de la revista "Los Anales de Buenos Aires". Consta que en esta estaba publicado su cuento, con ilustraciones de la hermana de Borges, Norah. El año era 1946 y el cuento, "Casa Tomada". Este es uno de los cuentos más célebres y ejemplares del autor argentino-belga. Sobre dicho trabajo, se hicieron numerosas conjeturas, pues se aventuró que posee un trasfondo de significado político y social muy poderoso, relacionado con una analogía con la irrupción del peronismo en el país.

 

 

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