Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Carlos Nine. El Gran Sueñero

En la producción del historietista, ilustrador y escultor emerge la punta del iceberg de los mambos nacionales hablados en lunfardo y con el bandoneón de Pichuco, sonando, sonando.

Carlos Nine es uno de los grandes artistas superficiales argentinos. Como Antonio Berni. Este hijo de ferroviarios y zapateros del conurbano representó como pocos el revés de la trama de los mitos argentos, la opulencia y la miseria, el sexo y la represión, ser y parecer; en el descaro y la melanco de sus creaciones celebradas en el mundo, el Patito Saubón y Keko el Mago. Entre mujeres y hombres animalizados, y objetos que cobran vida en un película guarra a lo Disney,  Nine puso los sueños celeste y blanco en cuadritos, no tan lejanas a las viñetas bernianas de Juanito Laguna y Ramona Montiel. "Hay gente que nace surrealista, así como otra gente nace hiperrealista, o cabalmente racional. Yo cuando me tengo que definir digo que soy un tipo superficial. Cosa que suena raro, porque yo no creo que piense superficialmente, sino profundamente, pero a la vez creo que soy un tipo muy superficial. Sucede que de lo externo, de la superficie de las cosas, extraigo los datos necesarios para saber qué hay atrás. No quiero que el tipo me hable tanto. Prefiero mirarlo y sé que la voy a embocar”, remataba Nine, el mejor colorista que tuvo la plástica argentina, a la altura de Carlos Gorriarena. Pero que no aspiraba ilustrar museos,  ni recibir el Oscar de la especialidad en Angouleme, ni que sea uno más de los 50 mejores dibujantes de la Sociedad Norteamericana de Ilustradores, sino llenar de arte los kioscos de revistas. Con un mensaje, “Ves llorar la Biblia junto a un calefón”.

“Todos lo chicos dibujan. Lo que pasa que en la escuela hay una etapa de disuadir, asociada a la maduración, donde el pibe tiene que elegir entre el dibujo y la escritura. En vez de sumar, eliminan una por otra”, algo que no le pasó el niño Carlos, tal como cuenta a Juan Acosta en el Museo del Humor en 2012. Es más, el papá zapatero en la vidriera del local de Juan B. Justo, del otro lado de la Avenida General Paz -Haedo fue la cuna de Carlos Nine en febrero de 1944- colocaba los dibujos del pequeño Nine, fanático  de los maestros de la revista Caras y Caretas del novecientos, “Tengo nostalgia de un mundo que no viví” repetía el dibujante, que también incorporó la cultura tanguera de la década dorada del cuarenta a través de un padre violinista de fin de semana. Y no sólo compartió el amor por el entorno porteño sino que heredó la filosofía de aquellos tangueros, y al igual que Homero Manzi, renunció al arte con mayúsculas y afiló los lápices de estudiante de la Prilidiano Pueyrredón para el arte mayor de los argentinos, la historieta y la ilustración. Junto al universo surrealista de Enrique Santos Discépolo, Nine salpica en el “Vivimos revolca'os en un merengue/ Y, en el mismo lodo, todos manosea'os” a gatas-secretarias, amantes de sillones fálicos, con ilusionistas argentinos, de mil intentos y ni un conejo.   

Apoyado por Alberto Breccia y con la incertidumbre de los años de plomo, Nine militaba en el peronismo, encuentra refugio creativo en el mundo editorial y, particularmente, en la revista Humor. Para mediados de los ochenta sus tapas para esta revista de sátira política, y otras publicaciones de la editora de Andrés Cascioli, eran marca registrada de la memoria nacional. En paralelo en la revista Fierro, la última milla de la publicación de la historieta local antes que pase a la velada clandestinidad,  presenta el dibujante los personajes que abrirían las puertas en Francia. Allí publica el primer álbum de historietas, “Asesinatos y castigos” (1991), que siguió con “Fantagas” (1995) y ”El Patito Saubón” (2000), subtitulado como “El pato que amaba las gallinas” -en tierras galas, las gallinas hacen referencia a las prostitutas. La firma de Nine es de las más codiciadas en el mundo, realizando importantes trabajos en publicidad y medios gráficos, y alcanza el cenit en 2001 en el Salón del Comic de Angouleme, Francia, Premio "Fauve D'Or" por El Patito Saubón. O sea el Oscar en la especialidad.

“Yo quería que lo que hacía se imprimiera. Para mí, el placer más grande es que lo que hago se reproduce por miles, y que lo vea cualquiera, no el coleccionista”, sostenía Nine en los dos mil, en una nueva centuria que llovían los premios, y él agradecía con el “soy un trabajador más”. Inicia una editorial propia en 2003, El Yeite Ilustrado, donde promueve la propia obra como “Pampa”, una trilogía gauchesca con el guionista entrerriano Jorge Zentner, y de otros autores. Perfecto desconocido en Argentina, un artista admirado por Art Spiegelman y Neil Gaiman, salvo por sus tapas en las primeras ediciones de los libros de Alejandro Dolina y Elsa Bornemann, en abril de 2016 en  la Feria del Libro presentó la última obra, "Informe visual de Buenos Aires y sus alrededores", que atraviesa toda su historia y recorre una serie de personajes porteños atravesados por su singular poética. Un rezongo de bandonéon que lo acompañó hasta el último minuto, Nine fallece el 16 de julio de ese año, a éste artista que se percibió cínico, y tal vez, fue uno de los últimos esenciales, aquellos raros pero encendidos de café.

Keko, El Patito, Fantagas, la máquina ideal de Nine

Publicada en la revista Fierro en 1987, a esta historieta de un mago fracasado Carlos Nine define como “una historieta de salón…Keko -queco, en lunfardo, es prostíbulo- es quilombo interior en clave freudiana y -para afuera- la Argentina como quilombo -en criollo, también prostíbulo-, en todos los sentidos”, recoge Judith Gociol. Con mucho del trip de Alicia en el País de la Maravilla y de la melancolía porteña, en la coctelera cierta sensibilidad populista residual y sicología barata y zapatos de goma, la lectura completa acaba siendo el Cambalache engordado que escribiría hoy Discépolo. “Lo de Keko no es vida, es un tango. Vive tironeado por eso triángulo fatal que componen su madre, la lustrosa y diligente doña Teta; su obeso amiguito Gelatina - homenaje a Aníbal Troilo-…los manejos amorosos de la voluntariosa Mechita…deambulan por hoteles y pensiones a través de una ciudad deteriorada y ausente que nadie podría asegurar que si se encuentra en estado de construcción o destrucción”, reflexionaba Juan Sasturain, sobre esta crónica desbarrancada de Nine del anunciado desastre -y las epifanías-  del Buenos Aires actual.

La anterior historieta fue sin dudas un banco de pruebas, mundos y discursos dislocados, hacia el próximo salto de Nine. El Patito Saubón, el Gran Pato Argentino, aparece en la revista Fierro a partir de 1990, y sube la apuesta, desarmando los mitos del macho de las pampas. El trazo se radicaliza y los cuadros no prohíben nada, cruces de patos y gansos, ménage à trois, extraños adminículos de placer y un sinfín de puertitas ocultas que explotan. Parece un policial, parece un teleteatro, a veces un sitcom de un marxista que intenta seducir vendiendo cepillos a domicilio; está más cercano en verdad a una gran novela de tono confesional y existencial. “Reinventé a la izquierda a través del sexo”, se entusiasmaba Nine con Martín Pérez sobre el “desgraciado” Saubón, en el diario Pag/12.

La próxima jugada de Nine, ya editada en Francia en 1995, y que recién se conoció aquí en su formato original en 2011 (Moebius Editora), sería “Fantagas”. Menos delirio, más policial negro con toques de reflexión filosófica, sigue al atribulado Pernot persiguiendo al cruel Fantagas, ante la sombra criminal de Siboney, que aterroriza la ciudad lujuriosa y grotesca con sus “artesinatos” El dibujante despliega las fichas en una de las mejores producciones no sólo de la historieta local sino de las artes visuales contemporáneas -la secuencia de baile en lo de Madam Duvivier resulta una maravilla de texturas y colores, “fue el mejor acuarelista que ha dado esta tierra. Un mago de la técnica del color”, diría Rep. Entrar en una ilustración de Nine es embriagarse de sentidos y formas, al igual que su Pernot, de su obra hay que “beber hasta sumergirse en el sinsentido” Porque en ese queco encontraremos un rostro familiar.

Dice Carlos Nine

“Cuando uno dobla la esquina y se topa con un unicornio, no hay nada que se pueda hacer, es un unicornio. [...] Mi trabajo disfruta y padece de la misma singularidad que mi tierra. No nací de un repollo, soy el resultado de esta cultura particular. Soy tan original o detestable como mi país, y me hago cargo de esa amorosa responsabilidad” en im-akermariano.blogspot.com

Dicen de Carlos Nine

“Nine es un clásico argentino, una marca inconfundible…En realidad ya era un clásico de salida. Cuando apareció fuerte en los medios ya estaba (muy bien) hecho: donde lo pusieran –la ilustración, la caricatura, la historieta, las portadas de libros y revistas– lo suyo siempre fue impecable, maduro y diferente” ” Juan Sasturain en el prólogo de “Keko el Mago” (Colihue. 1996).

 

ImágenBiblioteca Nacional Mariano Moreno

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