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Belgrano fue más revolucionario de lo que nos enseñaron

En el Bicentenario del fallecimiento de Manuel Belgrano, Gabriela Saidon imagina a un viejo guerrero que acaricia sus sueños a la altura de los cóndores.

Arte y Literatura

Cusco, Perú, 1818, era un hervidero de intrigas y negociaciones, el último reducto realista que resistía la marcha emancipatoria de San Martín desde el Sur,  y Bolívar en el Norte. Las grandes potencias, Inglaterra, Francia y el Imperio del Brasil, espesaban con su cuchara el guisado mientras los patriotas latinoamericanos buscaban todos los caminos de la libertad. Manuel Belgrano sostenía un proyecto de restituir la monarquía inca, en línea directa con los herederos de Tupac Amaruc, una mancomunión de indios y criollos que venza anarquías y rencillas de regiones y ciudades tan dispares entre el Alto Perú y el Virreinato del Río de la Plata. Esta patriada utópica había sido presentada en el Congreso de Tucumán sin mucho éxito aparente, incluso las versiones que nos llegan a la actualidad es que fue objeto de burla por los diputados porteños pese al apoyo de San Martín -y del ausente Güemes. Gabriela Saidón en “La Reina. El gran sueño de Manuel Belgrano” (Planeta) parte de una hipotética luz verde en 1816 y nos embebe del tiempo mitad ancestral, mitad español, de los oscuros conventos católicos y las ciudades doradas de reyes míticos. Y con Nuna, la reina niña, Shiamara, la hermana intrigante, y la atribulada madre Irenea, y una galería de personajes dignos de una comedia de enredos, la escritora y periodista pergenia un General de carne y hueso. Que suda, desea y vive el sueño de la revolución eterna.

Periodista: ¿Este libro fue motivado por el año belgraniano? 

Gabriela Saidon: En verdad tuvo más que ver con una discusión en Brasil de la anterior elección. Allá tienen un partido monárquico, y me pareció un anacronismo,  y muy raro para América. Y entonces encontré el Plan de Inca de Manuel Belgrano, que consistía en entronar un rey incaico y que la capital de las Américas sea el Cusco. Me interesó la pregunta del por qué alguien progresista, en los términos actuales, apoyaría un sistema antagónico con la república. Mi motivación está fuera del año belgraniano, pero se lo consideró para su publicación..

P: Además la novela es una ficción histórica que se aleja un tanto del Belgrano real…

GS: Si bien en un principio la novela la pensé como una ucronía, que hubiese pasado si prosperaba el proyecto monárquico de Belgrano, después se disparó hacia una ficción pura donde la cuestión histórica queda en la base del iceberg. 

Dejé la investigación histórica en el otro libro que escribí en paralelo y donde aparece en forma de crónicas, y documentos, que relevé en Perú. En la otra producción próxima a editarse me meto en la polémica de intentar comprender los por qué del Belgrano monárquico, y  quiénes se opusieron, entre ellos el más encarnizado, Bolívar. Además de los unitarios porteños, el Libertador venezolano presionaba contra la tesis belgraniana, una que era apoyada por San Martín. 

De todas maneras mi novela se centra en un solo mes, un hipotético octubre de 1818, y en una construcción enteramente imaginada y sustentada en la reina Nuna y su entorno. 

P: ¿Fue si intención trabajar en los vínculos madre-hija?

GS: Como digo siempre en las novelas el proyecto original se transforma en la realización,  y en la escritura,  pasan cosas. Las novelas nunca son los proyectos. Cuando empecé a trabajar surgieron los vínculos de esas mujeres,  y Belgrano pasó a ser el General. 

P: Un General muy seductor…

GS: Hay cierta dosis de humor en esta figura narrativa. Viene inspirado este Belgrano en la vicepresidenta Cristina Fernández, que en un acto del Día de la Bandera de 2019, dijo que “hubiese sido amante de Belgrano” Y me imaginé a un Belgrano sex symbol, adentrándome en una parte oscurecida que es su vida de  soltero. Una vez escuchando a Felipe Pigna reía porque cuestionaba el “afrancesamiento” impuesto al prócer por el  famoso retrato de la revista Billiken. Fue cómico justificar a un prócer, a través de su sexualidad, por un retrato.

P: El General de la novela tiene varios problemas de salud que padecía el Belgrano real.

GS: En ese momento era un hombre de 48 años, mayor para la época, y que además estaba muy enfermo por una sífilis de su juventud. Pero no dejaba de ser un hombre que podría desear a una jovencita, que fue un poco la constante de nuestros próceres, San Martín con Remedios por ejemplo, y que una mirada actual podría acusar de pedofilia. Belgrano tuvo vínculos con mujeres que cortejó de niñas. Jugué entonces con un General que quiere convertir en reina a una niña de quince años, a quien quiere poseer, y no puede. Aparece el tema de la impotencia de un hombre que sigue deseando y no puede. 

P: Usted presenta un Cusco de principios del siglo XIX bastante particular. 

GS: A diferencia de otras ciudades de la Independencia, allí en Perú vivían muchas mujeres que fueron criadas en conventos. Eran las famosas Casas de Recogida y albergaban mujeres de clases diferentes. Desde mujeres de clases altas, con familias que daban una dote importante para que sus hijas sean monjas, a otras entregadas directamente para sirvientas. Hubo monjas de velos blancos y negros que reproducían a las clases sociales. Y eso quise mostrarlo porque Nuna no es una india pobre sino que es una descendiente de la nobleza inca. Una cuestión poco sabida es que veinticuatro familias reales incas siguieron conviviendo con los conquistadores y fueron muy poderosas y respetadas. Ellas tuvieron mucha injerencia en las políticas de los colonizadores. 

Todos queremos ser Manuel Belgrano

P: En este año belgraniano se cruzaron miradas sobre el patriota, celebratorias en Daniel Balmaceda y Pigna, polemistas en Tulio Halperín Donghi…

GS:…Halperín Donghi…primero voy a decir que me enamoré de Belgrano.  Y cada vez que profundizo, más sostengo que fue un súper prócer del cual se sabe poco a nivel masivo. En la escuela lo vemos como el creador de la Bandera, que no es poco, claro. Y hay muchísimo más de él. Hoy si me imagino un cuadro de Belgrano es con la bandera de la diversidad atrás. Porque Belgrano fue muy progresista en muchos terrenos y muy ninguneado en la posteridad. Por ejemplo Halperin Donghi expone  una teoría sicoanalítica que ata a Belgrano a un mandato familiar,  y un karma de fracasado, nunca dando el pinet. Un delirio. De todos modos me interesaron en sus divagues las derrotas de Belgrano, los proyectos que no concretó, empezando por la América india y monárquica. 

Ideas progresistas de Belgrano fueron sus propuestas ecológicas muy de avanzada. O la educación pública para las mujeres, que se adjudica a Sarmiento, pero Belgrano la pensó mucho antes. Si le hubiésemos dado bola a este patriota tal vez seríamos otro país.

Además fue un militar argentino que jerarquizó en el ejército nacional a dos mujeres, Juana Azurduy y María Remedios del Valle, quien además era negra. Esta medida progresista la introduzco en la novela cuando el General quiere congraciarse con la niña futura reina inca. Y, también, me ayuda a un bosquejo de explicación posible de la soltería de Belgrano, que tuvo dos mujeres conocidas, y a quienes dejó embarazadas de una niña y un niño respectivamente. Allí mi General dice que su pasión es la vida política, la causa independista, y que no le deja lugar al matrimonio, un poco a lo Che Guevara.  Y, hablando de revolucionarios latinoamericanos, Belgrano también fue abogado y militar como Fidel Castro. 

Belgrano fue  más revolucionario de lo que nos enseñaron y, por eso creo, no sabemos mucho de él. Los jacobinos revolucionarios quedaron en –Mariano- Moreno y –Juan José- Castelli, éste último primo de Belgrano. Hay una historiadora que sostiene que la idea de la reina inca viene de Castelli. Y si bien Belgrano en los sesiones de la Declaración de la Independencia de 1816 participaba del grupo de los moderados, no se puede negar su espíritu revolucionario en su intensa pero corta trayectoria patriótica

La fe argentina

P: Gabriela, nos interesa en serargentino.com una definición de un libro anterior suyo, “Santos Ruteros. De la Difunta Correa al Gauchito Gil” (Tusquets, 2011), sobre que “los argentinos fabricamos santos como los norteamericanos fabrican súper héroes”, ¿es algo que nos define?

GS: No tengo dudas que una matriz del ser argentino es fabricar santos. Hoy Maradona, ayer Gardel y San Martín. Siento que somos únicos. Si bien los mexicanos tienen santos ligados al narcotráfico, y en Brasil tienen los santos umbanda mestizados con la religión católica, en la Argentina asombra la diversidad y la cantidad. Es una construcción de fe argentina con imágenes y liturgias diferentes entre sí, o qué tiene que ver la Difunda Correa con el Gauchito Gil. Hasta tenemos santas niñas,  o salidas de los medios como Gilda. Maradona ya era un santo porque para muchos su acto milagroso, la Mano de Dios, fue en 1986. Seguramente en las rutas y pueblos argentinos aparecerán santuarios con su imagen. 

P: ¿Encontró alguna explicación de la devoción nacional por los santos populares?

GS:  La fuerte represión a las culturas originarias principalmente originó esa explosión sincrética de miles de santos populares. En San Rodrigo o San La Muerte o Santa Maradona –me encanta esa feminización en la pasión religiosa popular- las culturas originarias no se pueden acallar. 

Fecha de Publicación: 02/12/2020

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