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Antonio Di Benedetto por Antonio Di Benedetto. Una biografía comentada

Escritor argentino faro del siglo XX, periodista que dio su vida por la profesión, Antonio Di Benedetto construyó una obra esencial para entender la humanidad. Y su espera y desamparo.

Arte y Literatura
Antonio Di Benedetto

“Son las 11. Tendría que avisar, lo cual es engorroso. Debo vestirme porque estoy desnudo. Completamente desnudo. Así se nace” cierra magistralmente Antonio Di Benedetto “Los suicidas”, que a su vez delimita la trilogía definitiva de la novelística argentina del siglo pasado. Y del actual. Junto con “Zama” y “El silenciero” condensa el exilio del hombre en un mundo que se va apartando, no muy distinto la actualidad plagada de ruidos y de falsas promesas.  O donde la identidad, cuestión central en la historia de Don Diego de Zama, sufre de flujos y reflujos parecidos a los del mono de la escena inicial de la novela, profundamente contaminada en el incomprensión de las culturas. Durante mucho tiempo tildada de experimental, existencialista, objetivista, de rara, la literatura Di Benedetto estampa una original, única, letra que “no es el producto de ninguna filosofía previa: encuentra más bien espontáneamente a la filosofía”, remarcaba Juan José Saer, de los tantos escritores que se acercaron al mendocino en el exilio europeo. Desarraigo brutal obligado por la dictadura militar que encarceló y torturó a Di Benedetto. ¿Por qué?

Antonio Di Benedetto

“Creo que el problema empezó dentro del diario donde yo trabajaba -subdirector del tradicional Diario Los Andes- Por qué. Porque ya nunca oculté la información. Me pareció inmoral, sucio. Yo con lo sucio, tengo una obsesión. Incluso no sólo me negaba ocultar la información, sino que al contrario, abiertamente -quizá con cierta soberbia, lo reconozco- me negaba hacerlo. Creo que, en principio, mi detención se dio a cuestiones y conciliábulos relacionados con lo sucio que puede tener el periodismo, no con la literatura o con algo que hubiera escrito en persona”, confesaba a Raúl Silanes meses antes de fallecer en 1986, en una nota para su querida Mendoza. A donde volvió con el cariño de sus pares en un cono de sombras para el resto de la sociedad, que lo había ungido en un pedestal de reconocimiento y halagos durante casi 20 años antes del fatídico 1976. Pocas líneas dedicó el diario a su regreso en 1984, emporio periodístico en el cual trabajó, profesionalizó y modernizó. Más le dedicaron en Buenos Aires, ciudad que le generaba la típica desconfianza dibenedettiana, aunque aquí se le dio un cargo oficial a su regreso que no se renovó, dejándolo en una situación económica muy comprometida cuando la dictadura había saqueado todos sus bienes. 

De estas deudas con Di Benedetto hablaba Saer constante, no tanto en cuanto reconocimiento literario, en vida el escritor ganó mas de 11 premios, incluidos el premio Konex y medallas francesas e italianas, y fue traducido a varios idiomas, si no en rehabilitar una figura trascendental de los argentinos, un intelectual comprometido en la defensa de la libertad y la democracia. 

Antonio Di Benedetto con Jorge Luis Borges

 Las tardes en Bermejo

“Yo creo que aprendí a contar gracias a mi madre”, destacaba Antonio Di Benedetto, nacido el 2 de noviembre de 1922 en Mendoza en una familia de raíces italianas y brasileñas, creciendo en Bermejo con abuelos y padres relacionados a la enología y la farmacéutica, “Ella era muy animadora de las noches, y se dedicaba a contar cosas. Lo que contaba era sobre todo recuerdos de mi pícara familia… me gustaba a tal extremo que un poco más tarde me planteo la cuestión, de cómo consigue hacerlo… traté de desentrañar esa técnica y empecé aplicarla como ejercicio. Le ha aplicado siempre… es decir, engendró la luz, la semilla, pero no dio lo mismos resultados. La que debía escribir era ella. Debía retirarse de muchas actividades a tiempo, por ejemplo del día que decidió engendrarme”, aseguraba a un sorprendido Joaquín Soler Serrano en la televisión española, 1978, quien retruca, “Usted debe estar bromeando”. Y muy serio, Di Benedetto, responde, “lo digo con toda la seriedad posible, es bastante dramático lo que me ha ocurrido: ¡nacer!.. Creen que están vivos y no piensan en el grave problema de haber nacido…-seguirán- la cadena del infortunio, es la condición humana”, cerraba. 

Una cita que fuera de contexto, o no tanto, “todo me sale muy triste, todo se parece la vida”, en la misma entrevista, podría arrojar esa semblante derrotada que el escritor, y quienes lo conocieron, construyeron alrededor suyo. La realidad documentada indica que los años europeos del exilio lo tuvieron en importantes cargos, constantes viajes y varias entrevistas equiparables a los años dorados mendocinos. Sin negar el drama de haber sobrevivido a un terrible  confinamiento, con cuatro simulacros de fusilamiento en Mendoza y La Plata, que le provocaron un severo trastorno en la escritura, Di Benedetto pudo rearmar de cierta forma su trayectoria profesional debido indudablemente al prestigio de un escritor y periodista de proyección internacional. “Soy argentino, pero no de Buenos Aires”, otra marca de identidad que solía presentar el escritor, denotando también una generación, con Saer, Daniel Moyano, Haroldo Conti, Juan José Hernández y otros más, que a partir de la década del 50 renovaron la literatura argentina con escrituras de provincias que nada de pintorequismo o costumbrismo folklórico o “aceite de empanadas”.

Antonio Di Benedetto en Madrid a finales de los años 70

El periodismo, llave para la prosa narrativa de Di Benedetto

“Esencialmente, el escritor es un periodista que no trabaja sobre el tema que sucedió hoy y hay que entregar esta noche para que su publique mañana. El escritor es el cronista; por momentos, redactor; por momentos, entrevistador. Es decir que varios aspectos de la profesión periodística están aglutinados en el escritor”, señalaba Di Benedetto en una cita de Liliana Reales, que junto a otros investigadores contemporáneos como Natalia Gelós, Jimena Néspolo o Mauro Caponi, relevan la importancia fundamental de la labor periodística en la formación y en la estética del mendocino. Otro ángulo permite entonces conformar la constelación Di Benedetto, ampliando lo estrictamente literario de las novelas, que comienzan con “El pentágono” de 1955, y los libros de cuentos, primero el imprescindible “Mundo animal” de 1953, cuando Antonio integraba el grupo Voces, compartido entre ellos con Armando Tejada Gómez, futuro numen del nuevo cancionero de los 60. 

Antonio Di Benedetto en Roma

Imprescindible este libro de cuentos iniciático, dedicado a la madre, porque Di Benedetto adelanta varias de las preocupaciones de la filosofía actual en cuanto al devenir animal. “África realmente me atraía, porque en ella iba encontrar, encontré, el animal, lo que el animal almacenan estado natural”, señalaba a Rodolfo Braceli de la revista Gente en 1972, medio que había elegido “El juicio de Dios” como el mejor cuento del año, y agrega el autor del descomunal “Caballo en el salitral”, la historia de un equino que muere de hambre sin saber qué el carro que tira transporta un fardo de pasto, “el animal nos acerca el mundo de la fantasía… hace bien mirar a los animales”. 

“Era un periódico pequeño que se llamaba La Semana… yo era un estudiante de 16 años y me invitan a atender la sección de espectáculos. Específicamente, cine”, recordaba en otro pasaje en la entrevista a la televisión española, llegando Di Benedetto a tener una fuerte relación con lo cinematográfico. Escribe algunos guiones y participa de aquella empresa fallida de Film Andes, un gigantesco polo audiovisual en Godoy Cruz de fines de los 50. Cine, qué al igual que las artes plásticas, fueron de los primeros intereses del joven periodista Di Benedetto, quien se destacó inmediatamente por la cobertura del terremoto de San Juan en 1944. Comienza a trabajar en el diario Los Andes a mediados de la década siguiente y entre coberturas internacionales -como de golpe en Bolivia de 1964 que anticipa para Latinoamérica “celdas inmundas e instrumentos de tortura”-, columnas de opinión y otras aparentemente frívola -fue jurado en el Festival de Cine de Mar del Plata en 1961-, construye una obra singular en el contexto de la narrativa contemporánea, plagada de elipsis, laconismos, parodias filosóficas, giros inesperados, “Ahí estábamos, por irnos y no”, en la célebre frase de “Zama” (1956)

Zama, cumbre de la novela latinoamericana

“Cuando se me ocurrió este tema concebí que surgiría un libro titulado “Espera en medio de la tierra””, comentaba en la última entrevista Di Benedetto, fallecido el 10 de octubre de 1986, a Jorge Urien Berri del diario La Nación, “pensaba que yo, o cualquier otro ser humano, podía quedarse solo, sobre una corteza terrestre vacía, sin otros animales ni hombres, sin vida; rodeado nada más que por objetos. Pensé en ese navegante solitario de la tierra”, remarcaba en esta novela dedicada a “Las víctimas del espera”. Pero que se adentra en conncreto también en temas morales e identitarios, porque finalmente quién es Diego de Zama, ¿un funcionario español o un sueño americano? Sueños que tendrán un papel preponderante en la narrativa dibenedettiana, quizás culminantes en la última novela, “Sombras, nada más...” (1984), de profundas resonancias en cuanto al ejercicio profesional del periodismo, y con leves tintes autobiográficos, como casi toda la obra del escritor, que aprendió escuchando aquellos relatos familiares de la madre. 

Antonio Di Benedetto en los años 70

“Las tres novelas principales de Di Benedetto tienen un tema aparentemente desarrollado con convicción por un narrador en primera persona-la decadencia física y moral de Don Diego de Zama, la  hipersensibilidad al ruido en el personaje de “El Silenciero” (1964) y una investigación periodística sobre el suicidio en “Los suicidas” (1969)- que encierra un asunto común a las tres: el frustrado apartamiento del mundo… su resolución técnica, su estilo reticente, ese léxico a veces arcaico y otras veces directamente neutro de Di Benedetto… parece que le estuviera dirigido personalmente a cada uno de los lectores, como lo sugiere el poeta Ricardo Zelarrayán -en una entrevista de 1975- luego de haber leído su cuentos y encontrar que no puede despegarse de ellos, pregunta a su autor, ¿qué pasa o qué me pasa, Di Benedetto?”, establece Martín Prieto sobre una de las características más llamativas de la obra del mendocino: el alto grado de involucramiento que requiere la lectura de líneas como las que aparecen en el cuento “Los Reyunos”, “Piensa en su propia padre. Lo conoció poco, de niño, y lo memora imperfectamente. Lo reproducen gastados sueños, sin curarlo de una ausencia nunca aclarada. ¿Murió acaso? Si vive, ¿donde?”. Aquí también una de las claves de por qué los cineastas, desde Nicolás Sarquis, quien intentó infructuosamente filmar “Zama” en los setenta a Lucrecia Martel, que lo conseguiría recién en 2017, cada vez más redescubren la potencia en imágenes de una narrativa que dice mucho más que lo que se lee; en una misma senda revalorizadora con escritores que encuentran agujeros negros del mundo actual en su obra, por ejemplo en la postrera antología cuentística de “Absurdos” (1982) editada en España. Hablamos de nuevos narradores como Eugenia Almeida, Hernán Ronsino y Jorge Consiglio. Varios de estos últimos cuentos escritos por Di Benedetto durante la cruenta prisión en una letra minúscula, en papeles inmundos, que sorteaba de sus genocidas celadores a manos amigas.

“Yo espero que hagan su camino mis escrituras, un camino sosegado y que se preste atención a ellas y sean objeto de sosegadas lecturas, de pacientes y razonables lecturas”, enfatizaba el escritor. Lecturas que los derrumbes del milenio necesitarán venir, o “¿Cómo dejar de ser la vulgaridad que soy frente a todos los demás, la vulgaridad que soy y que me reconozco?” De eso trata la literatura Antonio Di Benedetto. De eso trata, de vivir la condición humana. 

 

Fuentes: Di Benedetto, A. Trilogía. Zama – El silenciero – Los suicidas. Buenos Aires: Adriana Hidalgo. 2011 y Absurdos. Madrid: Pomaire. 1982; Reales, L. (comp) Antonio Di Benedetto. Escritos periodísticos. Buenos Aires: Adriana Hidalgo. 2016 y ; Reales, L. Caponi, M. (comp) Antonio Di Benedetto. Escritos del exilio. Buenos Aires: Adriana Hidalgo. 2022.

Imágenes: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes / Secretaría de Turismo y Cultura Mendoza

Fecha de Publicación: 02/11/2022

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