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Año del libro argentino 2023: Un mar de fueguitos

Luego de la reactivación pospandemia, que revirtió parte de la hecatombe editorial 2015-2019, los nuevos tiempos parecen decretar el fin del libro argentino tal como lo conocemos. Entonces, encendamos el fuego y recomendemos.

Una anécdota del panorama 2023 del libro argentino. La editorial independiente Marciana, con dos excelentes novedades en la no ficción de la premiada Ariana Harwicz, “El ruido de una época”, y “Carcoma”, el horror realista de Layla Martínez, publicaban en sus redes, “Nos preparamos durante un año –explicaron los editores tras su paso en la Feria de Editores en Chacarita–. Vendimos muchísimo, quedamos muy contentos”. Pero la realidad los pasó por arriba: “Hoy pagamos el próximo libro y gastamos todo lo que ganamos. Un libro nos duró un año de preparación”. En agosto la ganancia de 400 mil pesos se iría en los 391 mil que costaría el próximo libro, cuando unas semanas atrás habían abonado por la tirada de menos de mil ejemplares unos 280 mil pesos. “Así estamos”, concluía el tuit de los editores. Y no solamente los pequeños serán comidos en este tanque salvaje abierto porque siempre hay tiburones más grandes.

Algo preocupada advertía Mercedes Güiraldes de Planeta, que junto a Random House concentran casi el 60% del mercado del libro argentino, “Siempre se dice que los argentinos somos hábiles para sobrevivir en las crisis, y el sector editorial no es ajeno a eso”, sostenía a Cristián Vázquez de Letras Libres. El camino disruptivo iniciado en 2015, que redujo los más de ciento veinte millones de títulos impresos en Argentina en 2014 a menos de 40 en 2019, encuentra una aceleración descontrolada a fines de 2023.  

La industria editorial sufre la misma crisis que arrastra desde hace una década, con la leve mejora del año finalizado, donde se superaron las 63 millones de publicaciones y casi 20 mil novedades, y que puede sintetizarse en el alto nivel de costos del papel, el aumento de los servicios y la logística, el quiebre de la cadena de distribución con menores opciones de venta, la caída libre del poder adquisitivo acelerada luego de la primarias presidenciales, y la progresiva eliminación de la impresión. A esto sumamos que la demanda constante de cartón por plataformas como Mercado Libre hace que el oligopolio que maneja la producción nacional, Ledesma, propiedad de la familia Blaquier/Arrieta, Celulosa Argentina, dirigida por el salteño José Urturbey, y las tres importadoras de papel, se desentiendan de suministrar el vital elemento para la difusión cultural y educativa de una Nación. Para tener una noción de la gravedad del problema, en esta situación de híper capitalismo sin control que no es nueva entre nosotros, se calcula que casi el 60% del libro termina en la materia prima. En cinco bolsillos.   

Mar de fueguitos

En la última Feria de Libro de Buenos Aires, que volvió a superar expectativas de superar el millón de asistentes aunque con una ligera caída en las ventas, en un contexto inflacionario donde el libro aumentó por sobre del 100% anual hasta noviembre 2023, Gastón Levin, editor del Fondo Cultura Económica, expresó lo que hoy suena una quimera frente la ola ultraliberal: “yo creo que la creación del Instituto Nacional del Libro sería un gran paso, principalmente, porque ordenaría la conversación entre los distintos actores que participan dentro del sector, discusión que hoy se da segmentada. Si hubiera un organismo que organizara esa discusión podríamos estar todos dentro de un mismo lugar y aportar visiones parciales pero que a su vez ordenaran el espacio”, sentenció de un viejo anhelo de los actores del campo editorial, y que viene boyando con proyectos de ley hace más de veinte años.

Hoy el ecosistema del libro, editoriales, autores, diseñadores, libreros y mucho más profesionales, enfrentan el huracán de la IA y las novedades digitales y el tsunami de un conjunto de medidas que agravan exponencialmente aquel desastre posterior a 2015. De no mediar algunas soluciones parciales, seguir achicando tiradas o acceder al promisorio mundo del audiolibro, la apertura irrestricta de la economía, imposibilitando competir peor aún a las más pequeñas editoras -orgullo argentino, 80% de nuevos títulos, autores y poéticas- y la debacle catastrófica del mercado interno, podrían acabar con el dispositivo cultural que fue estandarte de argentinidad en el mundo.

Pero como decía Eduardo Galeano, “algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran, ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende” Andá pá allá, bobo, leé. Vamos con el bonus track, pues: “La infancia del mundo” (Anagrama) de Michel Nieva. Una weird fiction gaucha del escritor argentino joven más mentado en los medios internacionales que avanza arrollador entre el desastre climático y los criptofinanzas como bajo la posthumanidad y un futuro muy bicho. Si alguno se sorprendió en las redes con mapas de Argentina 2197 inundada hasta La Pampa, lea y entienda.

Los kelper argentinos

¿A qué argentino se le ocurriría narrar la odisea de un kelper y transformarlo en un antihéroe de la Patagonia Trágica? Federico Lorenz toma ese Moby Dick y asume los riesgos en “La balada de Jimmy Cross” (Adriana Hidalgo). Uno de los mayores especialistas en Malvinas revaloriza que “por el mar se llega a cualquier parte del mundo. Nunca te alejés de él”. Del mar llegaron los más de cincuenta nacionalidades que hicieron la Patagonia americana, asesinados varios de ellos por las sociedades rurales. Por esos afluentes navegaban los yamanas y onas masacrados. En esas aguas antárticas lobos vivieron centurias depredados sin misericordia. Huesos sobre huesos, fondo de esta trepidante novela, un canto cortesano a qué se debe preservar, y qué olvidar, para vivir en la alteridad.   

El Ángel de Beatriz

La identidad se define en la memoria y el arraigo. En el recuerdo, ese eco del paraíso, y la morada, las raíces familiares de nuestros estados de alma. Y como el Ángel de Walter Benjamin anhelan “la felicidad: el conflicto del éxtasis de la única vez, de lo nuevo, de lo aún no vivido, -que- opone la dicha de lo que es otra vez, de lo recobrado, de lo ya vivido” En este movimiento, gran plano secuencia gozoso y agradecido, discurren “Las moradas” (Diotima) de Óscar Barney Finn. Distintas espacios vitales que habitó la gran escritora y guionista Beatriz Guido, de Rosario a Buenos Aires, y que Barney Finn espió a la manera de los Torrecillas del cuento “Los insomnes” de la escritora de “La casa del ángel”, “en el desvelo como la única posibilidad de atisbar el alba”

Para el debut literario del prestigioso docente, director y dramaturgo, reciente ganador del ACE de Oro a una prolífica carrera de seis décadas, la memoria reconstruye una Buenos Aires que se hace cuento. Una donde la pareja más influyente de la cine nacional, el Pompeyano, Babsy, Leopoldo Torre Nilsson, y Beatrice, “la madre de todos”, combatían el “descenso político y el estrangulamiento cultural” de un país que empezaba a agrietarse, sin retorno. Los breves episodios, intercalados con inéditas fotos de Guido y fragmentos de las novelas de la autora que llegó a vender en un año más del 1% de la población, son fogonazos que iluminan la casa natal rosarina de la narradora, que definiría una ética cultural en su literatura y el modo de ver el mundo, al último capítulo español,  ella brillante gestora pero con el deseo de “realmente de parar. Tenía que volver”. En la escritura visual de Finn se escenifican la vida de una mujer de avanzada, aunque hoy solapada en “mezquinos ninguneamientos”, al decir de la prologuista poeta Ivonne Bordelois.

Mirar la estrellas desde el barro

Allá lejos y hace tiempo hubo un campo verde y alambrado. El Dorado. Y relleno de sangres, tripas y vidas ancladas. “Malnacidos” (Hasta Trilce) de Natalia Villamil repone las difíciles condiciones de la peonada que espera aturdida un cumple de quince; o las monedas del jornal, arrojadas sobre las botellas de sidras calientes. Y continuar la rueda de hijos, golpes y privaciones barriendo las polvorientas y sudorosas galerías. De otros. Una ristra enloquecedora, parecida a una condena bíblica, sin ángeles y dioses. Una realidad de escarabajos aplastados en bosta de caballo. Hasta que una mira las estrellas.

 

Imagen: Freepik

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