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Una santiagueña por París: “Los sueños anuncian que otra realidad es posible”

La santiagueña Carla Arias Raed se instaló en Francia. En una entrevista, nos cuenta cómo es vivir en ese país y adaptarse a un mundo nuevo por donde lo mires.

Carla Arias Raed es santiagueña y tiene 32 años. La primera vez que dejó su hogar fue a los 17 años, cuando finalizó la secundaria en el colegio La Asunción en Santiago del Estero. Desde ese momento, tomó sus valijas para instalarse en Tucumán y comenzar sus estudios de Derecho en la Universidad Nacional de Tucumán. Se graduó a los 23 años y continuó en el camino del conocimiento, especialmente en el área de Derechos Humanos y Políticas Públicas. Trabajó en estudios jurídicos y participó en la Fundación CEDJUS (Centro de Estudios en Democracia, Justicia y Seguridad). También incursionó en la docencia como profesora en un colegio de la capital tucumana. 

En una entrevista a la que accedió Ser Argentino, Carla nos contó cómo es vivir en Francia, sus experiencias desde que llegó a ese país, sobre cómo hace para poder adaptarse a la cultura y a las costumbres de ese lugar, un mundo nuevo por donde se lo mire. En cada lugar que visita deja un pedacito de ella, su lado argentino, por ejemplo contagia a quien conoce las ganas de tomar un rico mate, disfrutar de un rico asado y degustar de un sabroso dulce de leche . 

¿Qué fue lo que la impulsó a dejar Santiago del Estero y arribar a Francia?

A los 25 años, viajando como mochilera por América Latina, descubrí la pasión por los viajes, tanto así que, en el 2017, dejé toda mi vida en pausa, por primera vez, para viajar a Colombia, a Cartagena de Indias, y realizar un voluntariado social, alfabetizando niños en una escuela de una de las zonas más vulnerables de la ciudad. Esa experiencia fue realmente transformadora y cambió mi vida por completo. Mis alumnos fueron en realidad mis mejores maestros. Elegí y decidí trabajar por la educación en una América Latina golpeada, pero aún de pie, porque me permitió soñar con un mundo mejor para ellos, y siento que sembré sueños en ellos, y pienso que los sueños anuncian que otra realidad es posible. 

Desde muy chica estuve involucrada en todo tipo de acciones sociales y voluntariados a través de ONG y fundaciones. La solidaridad mueve mi vida, le da sentido, y me hace completamente feliz poder ayudar, aunque sea un poquito para cambiar la realidad de las personas que más lo necesitan. Para mí el amor devuelto en forma de abrazos y besos como recompensa es inconmensurable. Por ejemplo, en Tucumán formé parte del Proyecto Heladera Social y de la agrupación “Despertando Corazoncitos”.  

En 2018 viajé a Europa por primera vez, visité 11 países en dos meses; regresé a Argentina con muchas ganas de volver por un tiempo largo y asentarme un par de meses como turista. Así fue que empezó a dar vueltas en mi cabeza la idea de dejarlo todo nuevamente y mudarme a un nuevo país, a un nuevo continente, con un idioma diferente y tomar la decisión de hacerlo sola. En lo personal quería vivir nuevas experiencias.

No puedo decir que vivía mal en mi país porque no es así, pero sí puedo decir que aquí gané mejor calidad de vida, estabilidad y seguridad. La última es impagable. Esto para mí se llama bienestar, y no lo cambio por nada.

 

¿Hace cuánto que vive en Francia?

Llegué a Francia con una visa de trabajo, específicamente a Niza, en mayo del 2019, a comienzos de la temporada de verano. En unos días será un año y medio que estoy viviendo aquí. Hoy mirando hacia atrás celebro lo vivido. Llegué sin nada, como la mayoría de mis amigos, sin casa, sin trabajo. 

Me lancé de lleno al desafío más grande y desconocido, de dejarlo todo, con la certeza un poco loca pero absoluta de que todo saldría bien porque esto era lo que realmente quería. No es fácil comenzar de cero siendo extranjera en un país, pero hay que tener el coraje y la valentía de intentarlo si es que uno realmente lo desea. 

Puedo decir que aposté todas mis fichas a este nuevo presente y a la extraordinaria aventura de los nuevos comienzos. Con lo bueno y con lo malo de vivir este tipo de experiencias a miles de kilómetros de mi hogar, de mi familia y amigos, de mi país.

 

¿A qué se dedica actualmente?

Ahora finalice la temporada de verano en Niza y me mudé a París donde actualmente vivo con mi novio francés. En estos momentos estoy recién instalada en la ciudad, conociendo lo que es mi nuevo hogar, en medio de un contexto actual de pandemia.  

 

Tenemos entendido que ha trabajado en el sector turístico, ¿qué nos puede contar sobre su experiencia?

Todos mis trabajos siempre fueron relacionados con el sector turístico y gastronómico. Es el rubro que permite más rápida inserción laboral cuando sos extranjero, ya sea para trabajar en la cocina, limpieza o servicio.

Trabajé como camarera en un restaurante, en la temporada de verano en Niza, y luego en dos hoteles de cadenas internacionales, uno en Niza y otro en los Alpes Franceses. También, durante unos meses trabajé como mucama de hotel. Puedo decir que es un sector en el cual se trabaja duro, muchas horas, incluso los días festivos. El trabajo realmente es intenso, en especial en los momentos picos de la temporada de verano o invierno, atendiendo a más de 500 personas por día en jornadas laborales extensas. Uno tiene que ser flexible y adaptarse al ritmo del trabajo, y con el correr de los meses comienzas a conocer un poco más de la realidad laboral y a elegir en la medida de lo posible qué trabajos realizar. En esta línea, lo que puedo destacar es el salario, el cual permite vivir bien, en mi caso, además tenía el ingreso extra de las propinas semanales y el pago de las horas extras realizadas.

Todos los trabajos que hice me ayudaron y me enseñaron nuevas habilidades, me enseñaron más de mí misma y mis capacidades. Como en todos lados, tienes que esforzarte, trabajar con responsabilidad y ser paciente. Lo bueno es que con ganas progresas, hay posibilidades de crecimiento, y la recompensa es el valor agregado de que tu salario realmente vale. Eso te genera una tranquilidad inmensa. Además, puedo decir con conocimiento de causa, que el argentino trabaja duro, le pone garras a todo lo que hace, es inteligente, espontáneo y pragmático, busca siempre soluciones y siempre tiene un plus para aportar desde una sonrisa hasta la solidaridad en momentos críticos, y eso aquí, en la mayoría de los casos, es muy valorado por los empleadores.  

 

Choque de culturas 

Desde que llegué comencé a notar las diferencias culturales, comenzando claramente por el idioma que es una gran barrera cultural en especial al principio. Considero que ambas culturas son únicas, diversas y ricas.

Una de las primeras diferencias es el carácter francés, es más serio y discreto en comparación al del argentino. Al principio son distantes y no tan sociables. Para un extranjero no es fácil conocer a un francés, porque les cuesta abrirse a la primera, pero una vez que lo hacen empiezas a descubrir más de ellos y sobre su cultura. En Francia existe el dicho “cuesta entrar en la casa de un francés, pero una vez que has entrado sus puertas estarán abiertas para toda la vida”.

Es cierto que son menos amigueros que nosotros, tienen su círculo estrecho de amigos, el resto son solo conocidos o compañeros de trabajo, muy diferentes a nosotros porque, a donde vamos, hacemos amigos. Si es la primera vez que te ven, te tratan de usted y no hay beso. pero cuando entran en confianza la regla en este país es de dos besos, y en algunas regiones ¡hasta 4!

La puntualidad para los franceses es muy importante, también están muy organizados. Para la mayoría de las cosas tiene que ser con rendez-vous o cita previa, ya sea para el médico, administración pública, peluquería, restaurantes e incluso planes con amigos. No tienen incorporada la espontaneidad como nosotros. Por otro lado, son muy educados y diplomáticos, y tienen mil formas diferentes de dar las gracias, y frases hechas para repetir en ocasiones distintas por educación.


Gastronomía francesa 

Su gastronomía es muy buena y muy variada. En Francia le dan muchísima importancia al origen de los alimentos, prefieren los productos BIO orgánicos. Asimismo, aprecian muchísimo el gusto y deleite por la comida y el tiempo que se llevó realizarla, que puede extenderse por horas.

Con respecto a las costumbres y a lo que aún me cuesta adaptarme es al aperitivo, el cual arranca a las 6 de la tarde y para mí es el momento del mate. Por ende, cenan temprano tipo 19 o 20, no como en Santiago que a esa hora recién estamos tomando nuestra merienda.

En cuanto al idioma, a los franceses no les gusta demasiado el inglés. En especial la gente mayor no sabe el idioma y hay cierto favoritismo por su propia lengua, en cambio el argentino sabe desenvolverse en ese idioma.  



Debido a la pandemia, ¿cómo es la vida en ese lugar?

La pandemia golpeó de lleno al mundo y lo cambió por completo. Francia no fue ni es la excepción. En estos momentos estamos atravesando la segunda ola del coronavirus, situación que ya fue asumida por el gobierno francés. Al comienzo del verano se creyó que la pandemia estaba controlada. Las vacaciones, con el movimiento del turismo interno generaron que el número de contagios aumente de manera exponencial de nuevo y de forma más aguda.

Actualmente, se dispuso de un toque de queda, por ahora nocturno, que se extenderá hasta finales de noviembre, y no se descarta la posibilidad de un nuevo confinamiento al menos parcial o por zonas, si la situación continúa agravándose. El gobierno está tratando por todos los medios de frenar el avance del virus pero sin grandes éxitos, debido a que es algo nuevo y no hay antecedentes.

En cuanto a lo económico, continúa el teletrabajo en la medida de lo posible y en caso de despidos o suspensiones laborales desde el inicio de la pandemia, se está aplicando un seguro de desempleo a todos los trabajadores que cuenten con contrato laboral. El Estado francés contribuye a la financiación que asciende al 84% del salario.

El sector turístico y gastronómico son los más afectados. Bares y clubes se encuentran cerrados. Restaurantes trabajan a mitad de la capacidad con medidas de seguridad. También están suspendidos los eventos públicos masivos. El turismo internacional es prácticamente nulo. Las zonas más emblemáticas de París se encuentran casi vacías de turistas desde hace 8 meses. No se ve algo así desde que ocurrió la Segunda Guerra Mundial.

 

¿Tiene pensado regresar a su Santiago natal?  

No a corto plazo, porque ya empecé a transitar mi vida aquí y realmente tengo planes a futuro. Mi intención es poder empezar la universidad, primero estudiar francés (se exige un nivel alto para estudios superiores) y luego poder realizar un máster de mi profesión en el área de Derecho Público.

Para finalizar, quiero comentar que, cuando llegué a Francia, compartí mucho tiempo con amigos argentinos, por ende las costumbres argentinas continuaron por aquí, ahora con mi novio que es francés estoy conociendo mucho más de su cultura y sus costumbres y es realmente maravillosa, y él, a su vez, está descubriendo un mundo nuevo con el español y de mis tradiciones, incluso en pocos meses se hizo fan del mate, del dulce de leche e incluso del choripán argentino.

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