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Una estrella del balcón 

¿Te acordás cuando el año pasado mirábamos cientos de videos de cantantes de balcón? Una rosarina se lució haciéndolo en España. 

Silvina Tabbush nació en Rosario, pero hace 12 años vive en Madrid. El año pasado, junto a su pareja, el guitarrista Manuel Lavandera, encontraron la manera de agradecer a los trabajadores esenciales con lo mejor que saben hacer y más les gusta: la música.  

En pleno auge de los videos en pandemia, a artista rosarina ofreció 42 minirecitales desde su balcón en Madrid. A tres días de declarado el confinamiento obligatorio, enfrentaron los oscuros momentos de la pandemia al sonido de "Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones". Esta mezzosoprano canta "solo en castellano", aclara con orgullo. También cantó "Todo cambia" y "Gracias a la vida", temas de su amplio repertorio de tangos bluseados, folclore y temas latinoamericanos, propios y ajenos. 

Ahora lo hace acompañada por otra voz: la de la guitarra de su compañero. Los aplausos y regalos del público pandémico no se hicieron esperar. Recuerda la rosarina que una mañana le dejaron un cartel que decía: "A la cantante del tercer piso, muchas gracias por tus canciones. ¿Quién eres? Te esperamos nuevamente esta noche. Vecinos de la casa de enfrente". Y así fue esa noche, y otra y otras tantas más

Tabbush es apellido sefardí, de un abuelo paterno sirio, de Alepo. De allí descendió su padre, Claudio, un músico polifacético y un tío, Vivian Tabbush, arreglador de obras corales. Pero por parte de su madre, Julia "Kuki" Campbell, de orígenes catalanes y andaluces, también respiró expresiones artísticas como si fueran oxígeno: Silvina tuvo familiares que incursionaron en la escritura y en el teatro, un bisabuelo escultor y una abuela que cantaba en radio. Silvina no podía no cantar. 

Juntos en el arte 

En una familia de grandes músicos Silvina encontró el amor. Y tras 16 años en pareja habla de él con admiración, como un creador superlativo. La artista de balcón afirma que su pareja es una muy buena persona, pero además un creativo de alma: cuando hacen Zamba del Laurel, Manuel hace una introducción personal y distinta a todas. 

Ambos siguen ligados a los que pasa en la ciudad y en el país. La quema de las islas la entristeció mucho, tanto como cuando hace unos años leyó sobre un accidente en un camino clandestino en los yerbatales y compuse un chamamé. Se llama Oro verde, tiene letra y música suyas y arreglos de Manuel. 

Al momento de esta nota, la rosarina está en un país con las restricciones que impone la pandemia del Covid más relajadas que en Argentina. Pero esto va y viene. Ya lo vimos. Ni bien se pudo volver a las tablas, Silvina y su pareja – se pusieron de nombre MadreTierra-, comenzaron a hacer conciertos adecuados a los protocolos: de 45 minutos y con un tercio de sala. Actuaron durante meses en un castillo cerca de Valladolid y en un festival en San Sebastián de los Reyes, a las afueras de Madrid. 

Luego de haber vivido la terrible escalada de 900 muertos en un día, la cantante celebra que ahora hay más testeos. Pero no duda de que hay que seguir cuidándose y cuidando a los demás. Desde Madrid, la rosarina se esperanza con que el virus dé respiro a todos y pueda visitar la ciudad donde nació al menos por dos días. Quién sabe si los rosarinos podrán tener la suerte de escucharla desde algún balcón. 

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