Ser Argentino. Todo sobre Argentina

“¿Me voy para Nueva Zelanda o me compro una camioneta?”

“El que se conforma pierde”, pensó Daniel, y viajó a Nueva Zelanda. La historia de un misionero decidido a vivir al otro lado del mundo.

Daniel Strekier es carpintero desde hace más de 30 años. Llevaba una vida tranquila en Apóstoles, provincia de Misiones, hasta que un día leyó un artículo en el diario. “Nueva Zelanda necesita carpinteros”, decía. Eso fue 14 años atrás y Daniel no lo dudó.

Llegó a Nueva Zelanda con 37 años, con un inglés de pocas palabras y con visa de turista. Su dificultad más grande fue la barrera del idioma. Le tomó tiempo demostrar su capacidad y habilidad de carpintero porque le costaba poner en palabras todo lo que sabía hacer.

Daniel relató cómo fue el momento en el que le comunicó la decisión de irse a su madre. “Le conté un día antes de comprar el pasaje. Ella siempre me decía que cerrase el taller unos días y me tomara vacaciones, que las necesitaba, que trabajaba mucho. Cuando le dije, se puso súper contenta, me preguntó a dónde iba y le digo que a Nueva Zelanda (risas). ¿Y dónde queda eso? Recuerdo que le dije, mirá, esta es la Tierra, de este lado está Argentina y de este otro, Nueva Zelanda”.

La barrera del idioma

Cuando Daniel llegó a Nueva Zelanda, su inglés era muy básico. La única palabra de su profesión que conocía era hammer (martillo). Después de 13 años confiesa que sigue luchando con el idioma, pero que ha aprendido mucho. “Viéndolo hoy desde lejos, fue agradable, pero al principio fue difícil. En el primer taller donde trabajé, los primeros tiempos me hacían un poco de bullying porque yo no les entendía. Pero no era tanto por el idioma, sino por las costumbres y hábitos. Les gustaba mucho hacer bromas y sabían que yo no podía defenderme porque si no podían llamar a inmigraciones. Es una cultura diferente, una forma de vida distinta y tenía que intentar adaptarme a este nuevo país”, relató Strekier.

La mejor de las decisiones

Si bien la idea original del misionero era viajar a Nueva Zelanda por 3 meses, hoy ya lleva 13 años en aquellas tierras. Reconoce haberse enamorado de ese país. “Amo Argentina, pero hay mucha corrupción allá, se pagan muchos impuestos y no se ven cambios. Acá también y son caros, pero ves que se avanza, que se usa el dinero para hacer obras, para arreglar. ¡Hasta a veces es demasiado!”, dice entre risas.

Daniel no lo niega, extraña a su familia y se siente orgulloso de ser misionero. Pero sigue pensando que vivir en otro país fue una de las mejores decisiones de su vida. “Hay que estar abierto y trabajar para lo que uno desea, esa es mi forma de pensar”, concluyó el apostoleño con una sonrisa.