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El chipero de París: vendedor de día y artista de noche

Maximiliano Barrientos es un joven oriundo de Posadas que lucha día a día vendiendo chipás en París, Francia.

La ciudad del amor y de las luces. Max, como le dicen en el otro continente, reside en París y comercializa la tradicional comida del litoral argentino. El misionero dedica la otra parte de su vida a perseguir el sueño de triunfar como escritor y cineasta. Aunque la finalidad inicial del viaje era ganarse un lugar en el universo de las artes cinematográficas entre medio pasaron cosas. Es que el arribo de la pandemia lo agarró en Gran Bretaña, donde poco después le cerraron las fronteras. Al tiempo se trasladó a la tierra francesa que hoy habita.

Pero su visa está próxima a vencer, por lo que los esfuerzos están puestos un primordial objetivo. Necesita recaudar fondos para contratar a un abogado que le permita quedarse a concretar sus anhelos. Mientras tanto, transita los días como vendedor de chipá a compatriotas y extranjeros que no conocen la receta que enloquece a los argentinos. Sin embargo, de noche entrevista a diversos personajes con los que planea producir un cortometraje. Quien dice, tal vez el destino eventualmente hasta le permita relatar su propia historia. La cual tiene todos los componentes para ser una película digna de admirar.

Una experiencia con altos y bajos

Maximiliano estaba en Inglaterra cuando el coronavirus comenzó a hacer estragos en Europa. Recuerda con detalles lo que estaba haciendo y el contexto en el que lo sorprendió. En sus palabras, sucedió de manera repentina al momento en que estaba realizando un cortometraje sobre la vida de Juan Manuel de Rosas. El relato también involucraba a San Martín y la idea era venderlo en Argentina. Sin dinero ni recursos, se vio obligado a vender su computadora para subsistir. La situación lo llevó a caer en una profunda depresión y el arte se convirtió en su norte. El joven considera que su labor como escritor fue la que le salvó la vida, porque le daba un motivo para despertar.

La inspiración lo llevó a escribir un libro en el celular que se llamó Aykan: Las leyendas sin fin. El cual publicó en Amazon y le permitió salir de Gran Bretaña, donde inclusive llegó a comer de la basura. De allí se dirigió a París, y su primer movimiento fue consultar con la embajada para buscar alguna forma de salir adelante. Pero tenía que reunir 800 libras para el pasaje. Luego, procedió a buscar alternativas económicas porque sus proyectos audiovisuales se frenaron por completo. En ese momento recordó sus raíces de la tierra colorada. Así que un día compró lo necesario para hacer chipá y se fue a la Torre Eiffel a probar suerte.

Tradición litoraleña e ingenio

Nadie puede negar que Max se las rebusca para permanecer. El posadeño narró que en las primeras horas de su emprendimiento en París no pasó nada. Hasta que una familia paraguaya pasó y le compró toda la elaboración. Por primera vez en mucho tiempo logró duplicar su inversión. De esta manera, la receta gastronómica le regaló un atisbo de esperanza hacia el futuro. Al día siguiente publicó en grupos de Facebook 5€ la media docena. Paralelamente, hace audiolibros gratis para promocionar su obra. Además, escribe guiones y cortometrajes que sube a la red social y por los cuales recibe donaciones.

Actualmente, el muchacho se siente atemorizado por el estado de su situación en el otro continente. Sus planes y proyectos superan sus capacidades económicas y pretende hacer las cosas de una forma legal. Por eso, vende chipá para costearse a un profesional de migración que lo asesore. Asimismo, necesita la plata para continuar con sus ideas creativas. Retornar a nuestro país no está en sus planes por el momento. Fue a París a cumplir sus sueños y no piensa declinarlos.

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